InstituciĆ³n Hispanocubana de Cultura: su huella en la cultura y en la memoria

 

Los jóvenes lectores tal vez desconozcan la existencia, 90 años atrás, de la Institución Hispanocubana de Cultura (IHC), inaugurada el 22 de noviembre de 1926, con oficinas en el emporio comercial que en su época fue la Manzana de Gómez, que también albergó bufetes e instituciones de diversa índole. La IHC tuvo entre sus propósitos ahondar en las relaciones culturales entre Cuba y España; también gestionó becas para estudiantes y promovió la realización de conciertos, conferencias, exposiciones, cursos, funciones cinematográficas… Además, invitó a La Habana a numerosos intelectuales españoles, que ofrecieron conferencias en teatros como el Martí, Campoamor, Payret y Principal de la Comedia. La institución se convirtió así en uno de los focos de mayor quehacer cultural en el país y sirvió para actualizar a los intelectuales cubanos acerca de diversos temas.

Fernando Ortiz, de tan variado y profundo hacer por la cultura, hizo primero la propuesta de su creación ante la junta de gobierno de la Sociedad Económica de Amigos del País, y cuando ya se estableció, asumió la presidencia perpetua de la institución.

Corrían las primeras décadas de vida republicana y los espíritus más genuinamente nacionales buscaban afanosamente herramientas que garantizaran un afianzamiento de las raíces patrias, a través del desarrollo de la cultura, del intercambio de opiniones y el ensanchamiento de los horizontes intelectuales. Nadie mejor que Don Fernando podía corresponderse con tales objetivos.

Sus postulados aspiraban a “constituir una institución que se sienta libre de políticas, sectarismos, escuelas y propagandas unilaterales; que esté solo al servicio de la ciencia y del arte…”. La IHC contó con secciones de conferencias, música, arte, propaganda, adhesiones y recursos económicos, y tuvo filiales en varias ciudades del interior del país como Santiago de Cuba, Camagüey, Cienfuegos, Matanzas, y algunas más.

A ella pertenecieron, en condición de fundadores, Jorge Mañach, Juan Marinello, Ramiro Guerra, Emeterio Santovenia, Conrado Massaguer, Alfredo Aguayo, Israel Castellanos…

Invitados —o acogidos— por la Institución Hispanocubana de Cultura llegaron a Cuba, entre otros, el médico y escritor Gregorio Marañón, en 1927; el filólogo Américo Castro, en 1928; el poeta Federico García Lorca, en 1930; los también poetas León Felipe y Juan Ramón Jiménez, ambos en 1936; el muy célebre filólogo Ramón Menéndez Pidal, en 1937; la filósofa María Zambrano, en varias ocasiones; el escritor gallego Alfonso Rodríguez Castelao, en 1938; el poeta e impresor Manuel Altolaguirre, en 1939 y el dramaturgo Alejandro Casona, también en 1939, por citar algunos de los más conocidos.

Con esto bastaría para agradecer a don Fernando y a la IHC su existencia. Pero además, entre los años 1936 y 1947, la Institución publicó una revista denominada Ultra, igualmente dirigida por Fernando Ortiz, que se distinguió por su actualidad del panorama internacional en lo referido a la cultura. En ella aparecían los resúmenes de las conferencias dictadas en los salones de la IHC, traducciones de artículos y de libros.

Aunque la Institución Hispanocubana de Cultura desapareció al cabo de 22 años de existencia, en 1948, su labor todavía es recordada por lo que significó para el intercambio cultural y la mejor valoración de la importancia de estos nexos entre las naciones.