¿Inquietudes visuales del alma?
Fuente: Granma

Si coincidimos en afirmar como Calderón de la Barca que la vida es sueño, entonces podemos en­tender el arte en cualquiera de sus manifestaciones, porque se rompen las barreras de realidad e irrealidad, de lo interno y externo, de la abstracción y la figuración.

Verde, de Carlos Bustillo. Cortesía del autor.

La exposición Espacio exterior-2, abierta en el hotel Memories-Miramar, de los artistas Carlos Bus­­tillo y Erik Varela sobrepasa esos límites, el abis­mo que pudiera separar las fronteras, porque, al final, la imaginación vuela y recorre las estancias de ambos mundos, toma de aquí y de allí mo­tivada por los dos “faros” con los que los humanos captamos el mun­do exterior desde lo más profundo del ser.

“Sueños, símbolos e imágenes, atraviesan el día: un desorden de mundos imaginarios confluyen sin cesar en el mundo…”, nos dijo un día Jor­ge Luis Borges, como perfecto testimonio del pensamiento. Y dentro, en el maravilloso universo de la materia gris ideamos y transformamos ambas realidades para traducir sentimientos, deseos, frus­traciones, alegrías, tristezas, anhelos y esperanzas.

De eso hablan estos creadores que nos trans­parentan en sus obras las inquietudes del alma que afloran en sus pinturas (acrílicos/lienzos). Las creaciones de Carlos Bustillo se presentan a la mirada del contemplador desde el lugar en que se unen sensibilidad e inteligencia.

En los trabajos actuales matizados por la abstracción, que siempre yace como dormida en sus figuraciones, además de la desarrollada técnica que le permite al artista trabajar sobre las superficies disfrutando con la aplicación de la materia, la libertad la guía en el encuentro de la mancha y en la distribución, muy personal, de luces y sombras. Símbolos e imágenes se funden en un lenguaje donde año tras año, el paso del tiempo le va otorgando la solidez de la experiencia.

Entre líneas y formas, que a la manera de secciones organizan la lectura de la tela en su continuidad, emerge un dibujo de contornos insinuados; y la prolongación del trazo, así como el am­biente pictórico que le rodea, sugieren mil y una posibilidades de soñar frente a símbolos que llegan desde lo más profundo.

Erik Varela, regala desde el plano terreno del lienzo una sucesión de imágenes sugestivas, tiernas, como metáforas figurativas de un registro terrenal que tiene deudas con otros más desconocidos que rozan la abstracción. Ambos, amorosamente en­trelazados en el dibujo van narrando co­mo un es­condido espíritu de fiesta y una invitación a participar. Elementos del cotidiano bregar, paisajes reconocibles, lugares quizá trillados por nosotros y el arte celebran en las telas una ceremonia casi ritual, como si los tonos reunidos ejecutaran una sinfo­nía visual. Es, tal vez, el rasgo personal del dibujo donde logra captar dinamismo y sen­sualidad, al in­troducirnos en una vivencia fantástica que linda por lo onírico. Allí la imaginación recrea una sucesión de cortes y quebradas. El pincel logra acompañar un dibujo que por momentos se torna abstracto y el color insinúa el clima que requiere cada obra.

Los trabajos de los dos artistas se complementan uno con otro, y demuestran, una vez más, cuanto nos diferenciamos y parecemos los seres humanos, arte y alma mediante.