Incendio del alma

Ha llegado a mis manos el libro Incendio del alma. José Martí y la danza, de la autoría de Francisco Rey Alfonso. En las vísperas del 28 de enero, día del natalicio del Maestro, es lectura que recomiendo a los devotos de la danza y a los seguidores de la obra del cubano mayor.

Lo primero que debo subrayar es el aporte del investigador al conocimiento de la obra martiana. No recuerdo una indagación tan extensa y tan rigurosa de esa zona de la vida creadora del Apóstol. El autor buscó las referencias a la danza en las profusas páginas martianas, indagó en el contexto en que surgieron, y las confrontó con otras investigaciones. Por eso se atreve a afirmar que la mirada de Martí a este arte no fue tan abarcadora como la dedicada a la poesía o a las artes visuales, y propone una explicación:

“No es fácil escribir con inteligencia acerca de alguna manifestación artística, pero el caso de la danza, por sus características, presenta una peculiar arduidad, y ese reto resulta todavía mayor para la persona no entrenada en la materia. ¿Cómo apresar su levedad, su carácter irreversible, su naturaleza efímera? ¿Cómo asir un espacio que, gracias a uno o más cuerpos en movimiento, abrevia o expande sus dimensiones, se subsume o se multiplica en determinado tiempo? ¿Qué decir de uno o más seres humanos que, al bailar, sufren un proceso semejante? ¿Dónde está el deslinde de lo objetivo y lo subjetivo, de lo físico y lo espiritual? ¿Cómo explicar las esencias de un baile sin poder apoyarse siquiera en una cita?”.
 

La sensibilidad de Martí convirtió la danza en poesía. Foto: Internet
 

Tras una primera lectura del libro, me detendré en dos aspectos: en la poética martiana de la danza y en la aproximación al método martiano para la crítica de la danza. El libro abarca otros asuntos como las consideraciones de Martí sobre el baile de salón, el registro de la danza en la poesía y el periodismo de nuestro Héroe nacional, pero en este minuto los temas que más me interesan son los relacionados con el ejercicio del criterio.

Ojalá otros colegas elijan otros temas y este libro extraordinario, avalado con el Premio Anual de Investigación Cultural, reciba otras reseñas.

Martí y el ejercicio del criterio sobre la danza

El investigador logró detectar las regularidades en las críticas sobre danza escritas por Martí y lo plasma así:

El espacio:

Martí comenzaba sus textos críticos “describiendo el lugar donde se producía el baile y (…) el ambiente social que el recinto propiciaba. (…) Según las circunstancias, esas reflexiones trazaron una parábola que extendió su trayectoria desde las consideraciones éticas hasta las de índole patriótica” (p.115).

Los artistas:

“Ubicado el lector en el paisaje humano del local, Martí se detenía en el retrato físico, más o menos prolijo, más o menos apasionado y vibrante, de los artistas que ejecutan las danza” (p.116).

La danza, la música:

“De los aspectos mecánicos del baile, Martí derivaba hacia consideraciones de naturaleza espiritual; en cuanto a la música, partía de su carga emotiva para arribar a la presentación física de los ejecutantes: la descripción de esas facetas constituye el núcleo de los textos estudiados, tanto en intensidad como en extensión” (p.117).

El público:

 “… Martí entregaba dócil sus sentidos cuando, abstraído, percibía el baile como la belleza pura que genera el movimiento en el ritmo, como un acto de embriaguez que impele al placer estético, mas cuando su abstracción declinaba y comenzaba a tomar en cuenta el entorno social donde se producía la danza, de la sometida presencia humana, entonces era presa de ciertos convencionalismos morales de negativa incidencia en esa manifestación artística” (p.120). 

Y continúa: “En tal sentido, Martí se hizo eco de una vieja tradición interesada en relacionar la exaltación y el goce físico que puede producir el baile con la perversión de las costumbres, en todo lo cual algunas Iglesias desempeñaron un negativo papel a lo largo de la historia. Quizá por ello este sea uno de los casos (¿o acaso el único?) en el que, al exponer su opinión acerca de una expresión artística, se observe en Martí tan marcada presencia de convencionalismos interpuestos entre su razonamiento y el asunto enjuiciado” (p.120).  

No tenía Martí la pretensión de expresarse como especialista de danza, pero era un periodista culto y sagaz, dotado de una extraordinaria sensibilidad para llegar a las esencias de la vida. No podemos hoy exigirle, bien lo sabe Francisco Rey, una metodología al uso en estos tiempos.

El investigador es un amante de la danza toda, pero esa pasión se ha nutrido con lucidez y paciencia, con trabajo esforzado para hurgar en la historia de esa manifestación, recogida en libros de gran valía como Grandes momentos del ballet romántico en Cuba y Gran Teatro de La Habana, cronología mínima, entre otros. Ahora se apropió de las herramientas analíticas que disponemos en este siglo para acercarse a la poética martiana de la danza, creada en el siglo XIX por el hombre que preparaba una guerra, necesaria para que en su Patria pudiera ondear la bandera de la estrella solitaria.

Al valorar el alcance de la crítica martiana de danza, Francisco Rey afirma: “… Martí lo consiguió proporcionalmente a las motivaciones que su oficio de periodista, su época y su geografía le brindaron, y cuando abordó el tema lo hizo de una forma vívida y reveladora, con la inevitable cuota de poesía que rezuma toda su obra”.

 

Todas las notas fueron tomadas de Incendio del alma. José Martí y la danza, de Francisco Rey Alfonso, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2015.