Importante exposición de arte internacional en el Centro Wifredo Lam (III y final)

Fotos: K&K

En esta tercera parte finalizamos la presentación de los artistas afamados internacionalmente con motivo de la muestra Follia Continua! organizada especialmente por la galería italiana Galleria Continua para ser exhibida en La Habana en el Centro de arte internacional Wifredo Lam.

Ilya y Emilia Kabakov.
Ilya (1933) y Emilia Kabakov (1945) nacieron en la antigua Unión Soviética. Es una pareja de afamados artistas de gran reconocimiento internacional con una marcada proyección conceptualista. En 1998 comenzaron a trabajar juntos, pasando a residir en Nueva York dedicados a una entrega creativa en la modalidad del arte instalativo. Desde entonces crean de manera conjunta, aunque también tienen una obra independiente. Para citar algunos de sus destacados reconocimientos, en 1993 representaron a Rusia en la 45 edición de la Bienal de Venecia con una instalación de un sutil título, El Pabellón Rojo; en 1995 la condecoración de Caballero de las Artes y las Letras en París, y en 2002 el Premio Oscar Kokoschka.

La formación de los dos es muy diferente pues Emilia realizó estudios musicales y se graduó en la universidad de Moscú en Lengua y literatura hispánica. Luego emigró a Israel en 1973 y pasó a Nueva York dos años más tarde a trabajar en actividades de curadoría y en el mercado de arte. Ilya, por su parte, empezó a incursionar en una línea creativa personal de la ilustración, unos años antes de graduarse en 1957 en un instituto de arte moscovita en la especialidad de diseño gráfico e ilustración de libros. En los años subsiguientes, hasta los 70, el interés de Ilya se reorientó cada vez más a vertientes abstractas del arte, con la particularidad de ser alternativas a las favorecidas enfáticamente por los dictados del arte oficial en su país. Más tarde se vinculó a un osado grupo de artistas moscovitas de orientación conceptual, algo igualmente contrario a esos presupuestos estéticos que rígidamente no reconocían y combatían absurdamente esas otras modalidades de la representación artística. En 1987 tras viajar a Austria decidió emigrar. Pudo abrirse camino con exposiciones en varias capitales europeas y en Nueva York, en medios realmente difíciles, reticentes, por lo competitivo, a abrirse fácilmente y con seriedad a la creación artística de personas recién llegadas de otros contextos culturales.

El arte de esta pareja está impregnado de una sostenida ansia de libertad, siempre enfrentada a una fuerte tensión sicológica y espiritual por encontrarse ambos creadores dispuestos a realizar su obra siguiendo caminos artísticos de mayor envergadura fuera de los dictados regulatorios, unido a las dificultades reales en alcanzarlo que le exigieron un reforzamiento de su voluntad personal para enfrentarse a medios culturales adversos. Siempre en sus obras conjuntas se propugna esta inquietud desde una perspectiva sincera y profundamente ética de cómo ese propósito valioso ha de ser logrado. No siguiendo intereses personales mezquinos ni renuncia a valores profundos. Al contrario están insuflados de  un cierto camino ascético encaminado a exigirse fuertemente a sí mismos ser mejores personas y llegar con ese esfuerzo a contribuir a que otras más lo sean en muchas partes del mundo. Ética de profundos valores que los caracteriza como artistas y como personas, en continuidad a presupuestos formativos familiares y de su estancia social soviética donde ese sentimiento también recorre la enseñanza y la vida pública. Por eso, de algún modo en el extranjero donde residen permanentemente siguen atrapados en el arraigo nostálgico a sus orígenes y formaciones culturales. Asociado a esto les acompaña la angustiosa insistencia en la necesidad de lograr volar del ser humano, salir de los horizontes limitados, de escapar de las circunstancias estrechas de mente que devienen lamentablemente sujetadoras del arribo a una dimensión más abierta, y posibiliten la expresión más sincera de legítimos anhelos, siempre desde la idea del bien y de exhortar a hacer el bien.

Sus obras se revelan de una gran sencillez formal y de un gran candor. Ellos se proponen sentir de manera sensible, delicada y preliminar el espíritu del lugar en donde serán exhibidas las mismas, para seleccionar aquellas piezas más apropiadas a ser recibidas inteligentemente por el público, con las cuales puedan sentir coincidencias y una identificación emocional. Por esa razón y siguiendo la favorable acogida que recibiera en distintos países donde fuera antes mostrada, presentaron una versión en nuestra capital de una de sus obras más exitosas internacionalmente, El Barco de la Tolerancia, en una anterior Bienal de La Habana, evento artístico que siempre ha estado abierto a la dignificación de las expresiones artísticas raigales, ancladas en certeros valores éticos y sociales de grupos emergentes que aspiran y pugnan por la activación de las mejores fuerzas de la sociedad en diferentes regiones del orbe.

En igual correspondencia presentan ahora en la exposición del Centro Wifredo Lam en La Habana su obra instalativa We are ready to fly, realizada en 2002, donde la grafía del título es parte estructural del diseño de esa obra emplazada en la pared a manera de escritura del deseo más íntimo a cuyo derredor se posan incómodas moscas realizadas en plástico.

Nuevamente afirman conceptualmente con una sequedad formal minimalista el sentido del vuelo como un ansia vital humana, apuntada en el título Estamos listos para el vuelo, condición natural y plural de muchos necesitados de salirse de esa situación adversa, de ese ambiente corrompido, sucio, maloliente y dañino del cual las moscas parecen servir de molestos guardianes, atentos para frenar la salida de aquellos dispuestos y preparados a volar. Las alas, lo alado, el vuelo, es un motivo reiterado por estos dos artistas. En otros casos son alas de ángel a las cuales le frustran el vuelo por la maledicencia humana, que hace recordar en nuestra mente las imágenes de un clima de agobio y freno similar a las personas inquietas por encontrar caminos renovadores en el arte y la ciencia, presentado con una sorprendente fuerza en el filme Andréi Rubliov del más genial realizador del cine soviético, Andréi Tarkovski.

 

Sislej Xhafa

Sislej Xhafa, nacido en 1970 en Kosovo y emigrado en 1991 a otras regiones europeas, cuya experiencia de vida y trabajo en varias ciudades de Europa y en Nueva York le ha permitido estudiar, conocer y experimentar la dureza de las realidades sociales en diversas comunidades culturales de los emigrados, con sus cargas de exclusión y la persistencia de sus tradiciones ahogadas por las costumbres y formas de organización social diferentes de las grandes y medianas ciudades. Su arte mantiene una doble condición, la de ser desapasionado emocionalmente al pasar por el tamiz severo del minimalismo, aunque cargado de un valor poético intelectivo que lo identifica con el drama mostrado, al cual se acerca de manera conceptual. Sus medios de expresión son variados: la escultura, la fotografía, el performance. Recurre a uno u otro según considere conveniente, consciente del grado de responsabilidad del artista y de las limitaciones para decir de acuerdo a las condiciones del contexto donde crea y exhibe. La obra expuesta en el Centro Lam, Sunshin (2015), testimonia sencillez y severidad minimalista: sostenido del techo cuelga un arado como si fuese un ave del cual penden las luces como cuerdas, en una visión poética que unifica en un cuerpo físico el signo del duro trabajo rural generalizado en buena parte de los Balcanes, en un declarado amor a su tierra natal, para emprender el vuelo y remontarse al cielo portando una luz promisoria a donde quiera que vaya sin olvidar los orígenes de su procedencia. En homenaje a los suyos que aún permanecen atados, y de los que como él lograron emprender el vuelo vivificador.

Jannis Kounellis
Jannis Kounellis (1936), italiano de origen griego radicado en Roma desde 1956, donde hizo estudios de arte, ha sido reconocido internacionalmente como uno de los iniciadores en los años 60 del movimiento artístico italiano conocido por arte povera, al cual sigue unido en sus presupuestos estéticos. Como tal hace uso de materiales muy disímiles no considerados con anterioridad artísticos por ser tomados de la realidad cotidiana o reelaborados con fines de servir a una intensa renovación del lenguaje artístico al combinar de modo fragmentario y nada ortodoxo a la pintura y el collage con instalaciones y performances, en los tonos oscuros muy característicos en él, que pueden revelar lo sombrío de las circunstancias de la vida social alienada en el mundo contemporáneo.

Los materiales más disímiles e inusitados empleados por Kounellis tienen un singular protagonismo en sí mismos al cargarlos en los ensamblajes de sus instalaciones de una manera abstracta y conceptual, expresiva de esas adversidades y dramas que angustian la vida de las personas en muchas partes. Esos materiales funcionan a manera de signos caracterizados por una sequedad y dureza. Pese a golpear con fuerza de misterio al espectador se proponen mostrar como un hecho, en su carácter fáctico a las oscuridades de la vida social, y provocar una iluminación ulterior del público de sus significados ocultos, y una toma de posiciones críticas ante ese universo social aludido de manera tan enigmática en un momento posterior de reflexión ante la reverberación del efecto angustioso e inquietante de sus misteriosas obras. En ocasiones, ha recurrido a lienzos pintados de negro no colgados de la pared sino apoyados en ella. En la obra presentada en el Centro Lam a la cual no le dio título, sustituye esos lienzos por planchas metálicas dispuestas en sucesión y pintadas de oscuro, igualmente recostadas en la pared con una evidente teatralidad en su presentación, colocadas junto a una hilera de máquinas de coser que corren paralelas a estos, alusivas a la carga de anonimato e invisibilidad social no solo de las mujeres en una parte significativa del mundo, pues esa condición no es solo restrictiva de ellas, la sufren también muchas minorías y hasta mayorías poblacionales, sometidas abierta o solapadamente.

Moataz Nasr
Nasr es un artista egipcio reconocido internacionalmente. Sus indagaciones respecto a la comunicación visual le han llevado a aislar los motivos iconográficos de la caligrafía oriental, algo de lo cual hace uso con frecuencia en otras exposiciones. Realza su simetría perfecta y belleza llevada a ese nuevo tipo de soporte. Su obra expuesta en el Centro Lam con el título Love (2015), responde a un estilizado uso lineal de la caligrafía de su procedencia lingüística. Lleva al trazo simulado en la sencillez formal, estructural y materiales de su instalación a la palabra amor repetida ocho veces formando la figura geométrica de un octaedro, realizado con hojas de tabaco torcido en una identidad explícita de amor también hacia nosotros. De ese modo, lo aparentemente cotidiano del material deviene recurso expresivo de primer orden.

Esa caligrafía oriental, si bien no son reconocibles esos motivos icónicos para quienes no posean esa lengua, tiene por sus formas estilizadas un valor artístico para los no hablantes de la misma. Para los de esa lengua es motivo de reconocimiento, de orgullo y satisfacción su empleo artístico. ¿Cómo un mismo signo puede operar en direcciones tan separadas de sentido y valor? Lo sabe y emplea como rasgo distintivo y afirmativo de su  identidad personal y de su apego e identificación con su tradición cultural. Opera Moataz con esa ambivalencia circunstancial del signo. Ofrece lecturas posibles para aquellos que hablan su lengua pero se esconde el significado y el esplendor de la riqueza de su fuerza poética en los marcos de esa cultura. Devenida en pura forma para quienes están ajenos a ella, sea una persona occidental o de otras procedencias lingüísticas, más allá de su precisión por medio del título. Le sirve de plataforma a su reflexión de proyección estética, al tomarla como expresión de valores que tienen por inicio la sensibilidad perceptiva del receptor individual y a nivel social, la capacidad asociativa movilizadora de las sedimentaciones culturales que se han concentrado a lo largo de sus vidas.

Leandro Erlich
El argentino Leandro Erlich fundamenta su arte en procesos perceptivos ilusorios, asumidos con una mordacidad rayana en el juego, de efectos ópticos o como se conocen en el cine, de los efectos especiales encargados de hacer creer al público el encantamiento perceptivo y en el imaginario de lo ilusorio aun siendo algo inverosímil, reduciendo el efecto de incredulidad, de sospecha que de una manera natural y no patológica debiera guiar sociológicamente el comportamiento humano.

Lo decisivo en su arte es cómo Erlich logra la participación del público cautivado por esa imponente imagen creada, poseedora de un alto poder de atracción, provocadora, cautivante. Es significativo que las puertas, ventanas y fachadas son recurrentes en su obra. El receptor se enfrenta a espacios concebidos como escenográficos. Pero son en verdad pantallas simbólicas del horizonte cognoscitivo para manifestar los modos de darse las percepciones humanas y desde ellas darse los juicios de valor, antes, durante y después de interrelacionarse con lo mostrado. La usual presencia de puertas y ventanas en sus piezas en ese escenario construido especialmente por el artista con fines de interacción directa del público con esos elementos, lo hace participar y deja entrever la existencia posible de otra realidad más allá de la inmediata, la cual ejerce un poder cautivador con una fuerza poderosa que hace dejar a un lado lo real, abandonarlo y dirigirse a aquella otra inquietante y misteriosa. El acto performativo en el cual acostumbra intervenga el público con sus obras transita en un tiempo relativamente breve, mas su arte va encaminado a explorar los resortes del pensamiento humano, susceptible de quedar cautivo ante ensoñaciones que en parte tienen un componente real pero que la gente magnifica poniéndole sus ansias, sus anhelos.

Con eso potencialmente introduce una poética de lo perceptivo-engañoso que se da en los mecanismos sicológicos apoyados socialmente en creer algo convincentemente como verdadero, el cual provoca acciones decididas o vacilantes en las personas encaminadas e impulsadas a experimentarlo. El problema es cuando el truco perceptivo, el trompe l’oeil no queda en la inmediatez de lo percibido sino cuando ese llamado de atracción es tan estremecedor y abismal que se da en las esferas reales de la vida social y cultural, además de la interpersonal. Enfrentándolas solo después de experimentar esa dislocación entre lo creído y lo real encontrado, siendo para Erlich un problema medular epistemológico de dimensión social muy generalizada que abarca al género humano como hacen constar sus obras de manera implícita a nivel conceptual. Después de experimentarse por el público ese efecto ilusionista y quedar absorto en ella sobreviene la develación de la mascarada de lo ficticio. La ilusión provoca ese efecto shock de sorpresa convincente, de un efecto desolador en muchos casos pues al descubrirse el engaño sobreviene el impacto de haber caído en él. No se trata de un mero juego de magia artística. Erlich parte de una reflexión a fondo de los procesos cognoscitivos que se producen en las personas a nivel individual y colectivo en relación a la seducción por lo observado.

Esos proyectos, incluidos en el titulado Las puertas (2014-2015),  presentado en la muestra de La Habana organizada por Galleria Continua, van encaminados a hacer reflexionar a la gente sobre el grado tan extendido de esos efectos en esferas muy diversas de la vida social. Erlich se afana en emplear el arte con fines comunicativos para servir al cuestionamiento de lo ilusorio que acompaña a lo real. Por tal razón el juego mediante las formas engañosas en sus obras no son con el fin de impregnarle un sentido lúdico a su arte. Él asume este proceder con una gran responsabilidad como artista contemporáneo. Su arte emplaza al público a tener una posición crítica ante los modos fraudulentos de darse lo real. Como las exposiciones son actos públicos a presenciar y participar de manera conjunta con amigos, aunque alguien vaya solo, otras personas ajenas coinciden en ese momento en el espacio expositivo e implica una participación de manera grupal de la experiencia. Decidido a provocar una actitud compartida en las reacciones que cada uno tiene por separado de esa experiencia y de la manera recíproca de asumirlo.