Ideas. Revista de ciencias, artes y letras

Se debió al futuro historiador de la literatura cubana Juan J. Remos (1896-1969) —su conocida Historia de la literatura cubana, en tres tomos, no apareció hasta 1945— la fundación en mayo de 1929 de la revista Ideas, que tuvo entre sus propósitos:

Reverdecer los laureles de la Revista de Cuba y la Revista Cubana […] Anhelamos ser útiles a la juventud cubana, la eterna esperanza de todos los presentes de todas las épocas; y creemos que nada puede ser más provechoso a ella, que una publicación de Ideas, donde halle algo más que el clisé ilustrativo, o de información gráfica; donde palpite un ideario que se vigorice con una acción firme y trascedente, traducida en literatura fuerte, sana y noble.

Tras una interrupción de varios meses, al reanudarse en enero de 1930, la dirección de la publicación se propuso “reducir la actividad de la Revista al sector literario exclusivamente, en consorcio desde luego, con los problemas de la historia y del arte, sin dejar de mantener en sus editoriales una tribuna política y social, de amplitud de criterio y sanas aspiraciones”.

Muy atenta a la crítica literaria, tanto de literatura cubana como universal, tuvo como norma presentar en cada número un editorial que reflejaba los acontecimientos políticos nacionales e internacionales más candentes, además de que publicó poesías de autores cubanos y del resto del continente, muchas de ellas inéditas, al igual que cuentos, relatos, crónicas y traducciones. También publicó autores cubanos del siglo xix.

Colaboraron en sus páginas, además del propio Remos, el filósofo Enrique José Varona, Raimundo Lazo, que más adelante historiaría también nuestro proceso literario, Manuel Márquez Sterling, Manuel Navarro Luna, autor del primer poema vanguardista de la poesía cubana, Surco (1930), Mercedes Matamoros, Emilia Bernal, poetas estos tres últimos— Antonio Iraizoz, el también filósofo Emilio Gaspar rodríguez y Herminia del Portal. Al parecer, en abril de 1930 desapareció esta revista.

Entre las poetisas citadas Mercedes Matamoros (1851-1906) fue de aquellos escritores cuya obra fue divulgada en Ideas tras su fallecimiento, ocurrido a comienzos del siglo pasado, en una destacada labor de rescate que colocaba a esta escritora en nuevos planos de aceptación. Valga subrayar que la obra de esta poetisa nacida en Cienfuegos y fallecida en La Habana tiene una alta significación en la historia de nuestra lírica. Mujer de vida difícil —huérfana de madre, con carencias materiales a lo largo de su vida, desdichada en amores (amó en silencio a un oscuro periodista, Miguel Comoglio, que noche a noche, durante más de 20 años, la visitó en su humilde casa de Guanabacoa, sin nunca pronunciar, en beneficio de la poetisa, una palabra de amor), muere ciega y mutilada de un seno— su poesía fue alabada por José Martí, que le dedicó dos composiciones: “En el álbum de la eminente poetisa cubana Mercedes matamoros” y “A Mercedes Matamoros”, además de leer composiciones de su autoría en una velada celebrada en Liceo de Guanabacoa en el breve momento de su paso por La Habana en 1879. Y la Matamoros le correspondió a nuestro Héroe Nacional con el que, se supone, haya sido el primer poema escrito después de su caída en Dos Ríos: “En la muerte de Martí”, fechado en mayo de 1895, y recuérdese que fue caída ocurrió el día 19. Fue precisamente ese largo texto el que publicó Ideas para recordar la caída del Maestro, del cual reproduzco un  fragmento de la sección VII, final:

¡Ven, pues, ¡oh Muerte! con callada planta
—semejante a la hiena del desierto—
y penetra en el campo de batalla,
y para tu festín, recoge el yerro
despojo inanimado del altivo
adalid que luchando sucumbiera,
esclavo del deber, sobre su escudo
y al pie de su bandera!
baña su frente con tu aliento helado,
apaga los reflejos de sus ojos,
deja mudos los labios que brotaran,
cual manantiales dulces y benéficos,
la inspiración y la verdad; destroza
los miembros ¡ay! inertes
del amado y el bueno,
y ¡bebe, en fin, devoradora eterna,
la ardiente sangre que corrió en su seno!

Manuel Márquez Sterling, por su parte, trató sobre temas candentes de carácter internacional  y durante varios números abordó sobre un asunto de valor histórico: el papel desempeñado por aquellos cubanos que, en el exterior, y en calidad de delegados, representaron dignamente a la Cuba en armas, tanto en la guerra del 68 como en la del 95, ganando muchos de ellos reconocimiento oficial por parte de varios gobiernos.

El esfuerzo y los resultados obtenidos por Ideas, uno más entre otros muchos de similar carácter que concurrieron en la Cuba de los primeros 50 años republicanos, se inserta en la tradición de las publicaciones periódicas cubanas de revalorizar nombres valiosos y de mantener al lector cubano al tanto de nuestras realidades y las ajenas.