Humildad en su grandeza

Carlos Tablada Pérez

Queridos compañeros de la Cultura, de la Revolución,

Murió Fernando, el Mulato, como le llamé desde 1967, cuando tuve el privilegio de conocerlo y comenzar a trabajar con él. Murió también un combatiente del 26 de julio, un combatiente de Girón de la Lucha Contra Bandidos, un combatiente internacionalista latinoamericano. Dos armas tuvo siempre: un fusil de balas y un fusil de ideas, de ética, internacionalista, que cumplió Misiones especiales dadas por Fidel en la segunda mitad de los años 60s en América Latina y Europa Occidental que se llevó a la tumba y que yo conocí por azares de la vida. Murió el revolucionario que fue leal y fiel a Fidel, a los combatientes del Moncada, al Che, al socialismo cubano.

Vivió como un asceta, y fue humilde en su grandeza, disciplinado hasta el máximo extremo, veraz, honesto, decente, preclaro. Desgraciadamente no se equivocó en sus vaticinios, que no fueron otros que los del Che y de Fidel. Murió también el revolucionario que continuó cumpliendo misiones internacionalistas con la Revolución nica de 1979. Murió un hermano, un amigo, murió un MAESTRO para las nuevas generaciones que lo buscaban, seguían y respetaban.

Murió un combatiente revolucionario cubano, de los imprescindibles.

Honor a Fernando.

 

 

 

Luis Toledo Sande

Con el amanecer de hoy (12 de junio de 2017) recibí la noticia de la muerte de Fernando Martínez Heredia. Es muy difícil sintetizar lo que su pérdida significa en tiempos tan complejos, tan necesitados de buena luz, como la que constantemente el honrado sociólogo aportaba erguido sobre la ciencia y la ética, que para él eran inseparables. Que su partida sirva para que prestemos la mayor atención a las advertencias que una y otra vez hizo con tanta modestia como sabiduría, y firmeza, será el mejor homenaje que podamos tributarle, quizás el único digno del servicio que en vida se propuso brindarle a la nación, a las ideas emancipadoras, al socialismo verdadero (no real: adjetivo que remite no solo a lo cierto, sino también a la realeza monárquica), a la democracia sincera que buscaba José Martí, a una revolución que dejaría de serlo o no serviría para nada bueno si permitiésemos que dejara de ser como su líder fundador la concibió y quiso que fuera: de los humildes, con los humildes y para los humildes.

 

 

Nils Castro

No será fácil reponerse de la ausencia material de Fernando.

Aún podrá haber quien diga: bueno, allí quedan su ejemplo y sus obras.

Eso  no mitiga esta ausencia, pues siempre hemos estado esperando su próximo texto, su próximo gesto de integridad intelectual y moral.
Sus realizaciones no han concluido. No queda otra que esforzarnos, cada uno, por aportar un poco de lo mucho que a él le faltó tiempo para ofrecer.

 

 

 

Pablo González Casanova, John Saxe-Fernández, Héctor Díaz-Polanco, Luis Hernández Navarro, Beatriz Torres, Ángel Guerra Cabrera, Darío Salinas Figueredo, José Escamilla, Teresa Castro y Consuelo Sánchez

Ha muerto en La Habana, a los 78 años, Fernando Martínez Heredia, Premio Nacional de Ciencias Sociales, uno de los más notables pensadores surgidos en la fragua de la Revolución cubana. Combatiente revolucionario desde muy joven en las filas del Movimiento 26 de julio, siempre combinó la práctica con grandes empresas intelectuales, con las que contribuyó a enriquecer el pensamiento revolucionario de Cuba y de nuestra América. Muy ligado a México y a las ciencias sociales en este país, fue importante colaborador científico del seminario Problemas del Mundo Actual, del Centro de Investigaciones Científicas en Ciencias Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México. Vinculado a otros importantes centros de pensamiento, fundó y dirigió el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y la revista Pensamiento crítico —ambos de fecunda trascendencia—; colaboró como investigador en los Centros de Estudios sobre América y sobre Europa Occidental del Partido Comunista de Cuba y en los últimos años presidía las cátedras Che Guevara y Antonio Gramsci, de la Universidad de La Habana y el Centro de Estudios Juan Marinello, respectivamente.

Nutrido de lo mejor del pensamiento cubano, Fernando bebió de las ideas de Martí, Fidel y el Che, y supo conjugar el desarrollo de un agudo pensamiento crítico con un sólido compromiso revolucionario y un lúcido sentido de la historia. Internacionalista de cepa, tuvo lazos muy estrechos con los movimientos revolucionarios armados en los años 60 y 70, y en las últimas décadas se asoció muy activamente a movimientos sociales, como el MST y el zapatismo, a la vez que defendía con pasión la nueva ola de gobiernos revolucionarios y progresistas surgidos después de la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela, en 1999. Sentía una honda admiración por el chavismo. Fernando deja muchos y muy buenos amigos en la academia y en los ámbitos de la transformación social y política de México. En La Jornada se ha sentido muy profundamente su partida. Nos solidarizamos con su familia y amigos en Cuba, así como con el movimiento intelectual cubano ante esta sensible y dolorosa pérdida. La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida, aseveró Martí.

 

 

Tony Kapcia. Catedrático inglés.


Además de ser uno de los hombres más generosos, sinceros y realmente simpáticos que he conocido, Fernando Martinez Heredia fue, para mí, el intelectual que más logró expresar el alma de la Revolución, durante toda su vida. En sus palabras, así como en su actuación personal, siempre era posible entender mejor la esencia de la cubanía revolucionaria, y, personalmente, a él le debo una deuda grande, habiendo aprendido tanto por hablar con él y por leer sus escritos. Ya lo echo de menos profundamente; he perdido a mi amigo cubano más querido.

 

 

Par Kumaraswami. Académica inglesa


Fernando Martínez Heredia siempre estará con nosotros. Siento que he perdido un gran amigo, un hermano mayor, un colega que siempre me recordaba lo importante de ser humano, de ser humilde y generoso, pero claro en las ideas. Muchos recuerdos se acumulan: en su casa, comiendo con él y Esther, hablando lo mismo de la familia y de los jóvenes como de la política, pero sabiendo que tanto para ellos como para mí, todo está conectado; en un parque de Leamington Spa, donde vivimos, cuando nos hizo la visita y llegó a conocer a mis hijos y los encantó con sus chistes y su sabiduría y su alma de niño; en los correos que de vez en cuando enviaba, donde sus palabras me sacaban de lo cotidiano y me llevaban a un mundo mejor, su mundo de justicia y amor, de luz y lucidez; en fin, en sus libros, claro. Y por eso, Fernando siempre estará con nosotros en todos los lugares y en todos los momentos.