Hombre mirando al corazón

Nos dejó como ocurre siempre, sin permiso, y como también tiende a pasar, sin que ningún previo aviso nos hiciera esperar el fatal desenlace. El cineasta argentino Eliseo Subiela (1944-2016) se marchó definitivamente en los días finales del año.

cineasta argentino Eliseo Subiela
Eliseo Subiela. ​Fotos: Internet


Por suerte, esos hombres como él, que han vivido sembrando, se perpetúan mediante sus frutos, que en su caso son abundantes y ricos. Afortunadamente, artistas como el porteño, que pusieron su cámara —y antes su escritura fílmica— al servicio del mejor cine, no se van nunca del imaginario universal.

Nacido en una familia de origen judío, su padre padecía del miocardio, quizá por eso el realizador (quien en febrero de 1995 fue sometido a una cirugía a corazón abierto, tras la cual se le implantó un bypass triple) tuvo siempre en su diana estética ese miembro que se considera depositario de los sentimientos humanos más profundos. Su obra El lado oscuro del corazón (1992) es un referente incuestionable sobre un tipo de cine que pudiéramos considerar de “realismo poético” en tanto traza las relaciones, sobre todo eróticas, mediante tropos e imágenes muy emparentadas con el bello género literario.

filme El lado oscuro del corazón, protagonizada por Darío Grandinetti
El lado oscuro del corazón, protagonizada por Darío Grandinetti.


Aunque por su éxito latinoamericano e internacional conoció una secuela no tan afortunada en 2001, hubiera bastado ese título para consagrarlo en el cine de la región y de mucho más allá, por la fuerza de las metáforas, la intensidad lírica y la belleza imaginal con que discursaba sobre el amor entre un hombre y una mujer.

Sin embargo, Eliseo fue mucho más; el resto de su obra, aunque no del todo homogénea en su alcance artístico (sobre todo a mediados del presente siglo), fue una perenne indagación en los mundos interiores del ser humano, plasmada con semejante energía filosófica y vuelo formal.

Un poeta y militante del sudeste

Durante su juventud, el futuro director fue miembro de la Juventud Peronista (JP), y montonero. En 1969 conoció a Mora Moglia, con quien tuvo tres hijos: Guadalupe, Eliseo Ignacio y Santiago. Su llegada definitiva al cine se produjo en 1980 con la película La conquista del paraíso, aunque ya antes había rodado Argentina, mayo del 1969, los caminos de la liberación, que nunca se estrenó.

filme argentino Hombre mirando al sudeste
Hombre mirando al sudeste, fotograma de la película


En 1985 realizó Hombre mirando al sudeste, con la que obtuvo su mayor reconocimiento popular y artístico hasta esa fecha. El filme se convirtió en un clásico de la cinematografía argentina y es considerado una obra maestra. A partir del siglo XXI la película comenzó a recibir una renovada atención después del estreno de la cinta estadounidense K-Pax (2001), la cual fue materia de controversia pues su argumento fue señalado por críticos de todo el mundo como una copia casi exacta de Hombre mirando al sudeste; aunque de cualquier manera resultaba un engendro, copia al carbón ausente de la dimensión poética y profética del original.

El argentino fue reconocido por la Fundación Konex con el Premio Konex/Diploma al Mérito en 1991, como uno de los “5 mejores directores de cine de la década 1981-1990” en Argentina, y nuevamente en 1994 como uno de los 5 mejores guionistas, Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa (1990) y miembro honorario de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (1995).

Hombre mirando…, ambigua parábola sobre un loco genial que se dice ser extraterrestre, resultó otra de sus serias y provocadoras reflexiones en torno a pasadizos de la conciencia y el corazón humanos, de mundos inusitados y desconocidos —no solo del más allá, sino dentro de la propia zona existencial—, que cuadraban a la perfección con la perspectiva metafísica y mística del cineasta, además de resultar un relato sugerente y lleno de provocaciones subtextuales, impecablemente realizado y actuado, lo cual explica la consagración internacional que implicó para Subiela. 

Otros momentos

Poco tiempo después, en 1992, Eliseo realiza otro de sus grandes filmes, y el favorito de este crítico: Últimas imágenes del naufragio, la historia de una familia de “raros” que confluyen en “universos paralelos” dentro de esa frágil barrera que significó para el artista la separación entre la vida y la muerte, entre este mundo que habitamos y otros no tan (des)conocidos. La complejidad y riqueza en el tratamiento de los personajes, sus obsesiones y costumbres; la fuerza ideoestética del discurso sustentado sobre una plataforma expresiva de altos quilates, nos entregaban aquí al mejor Subiela.

pelicula argentina Últimas imágenes del naufragio
Últimas imágenes del naufragio


Aunque dueño de un estilo original y propio, el artista, como ocurre siempre, no partió de cero; su cine recibió el creativo influjo de varios autores, principalmente por los filmes Crónica de un niño solo, de Leonardo Favio; La mujer del zapatero, de Armando Bó, Esquiú, una luz en el sendero, de Ralph Pappier, y Los ratones, de Francisco Vasallo, algo que recicló e incorporó desde sus inicios, cuando a los 17 años realizó su primer cortometraje, Un largo silencio (1963).   

Su vasta, fecunda y creativa obra, discursó con pasión, audacia y esmero sobre las abismos insondables de la vida, sobre el interior del ser humano, sobre la existencia con una perspectiva cósmica, universal.

Esas y otras preocupaciones se plasmaron en ulteriores títulos como No te mueras sin decirme adónde vas (1995), Despabílate amor (1996) y Las aventuras de Dios (2000), aun cuando no alcanzaran la cristalización y alcance de los filmes anteriormente reseñados, verdaderos clásicos no solo dentro de su obra, sino dentro del cine argentino y latinoamericano.

Mostró, sin embargo, cierta facilidad para un tipo de comedia que sin apartarse de sus recurrencias y temas fetiches probó y alcanzó comunicación con un público mayor en el caso de Pequeños milagros (1997).

Siempre fiel a Cuba, a nuestro público cinéfilo que le adoraba, y a los festivales de La Habana en los que se dio a conocer y donde fue premiado en más de una ocasión, viajaba con frecuencia a impartir talleres en la Escuela de San Antonio de los Baños y, por supuesto, traía sus nuevas películas bajo el brazo, o las enviaba cuando no le era posible venir.

Así se conocieron sus nuevos títulos: Lifting de corazón (2005), El resultado del amor (2007) y No mires para abajo (2008). Sus últimos largometrajes fueron: Rehén de ilusiones (2010) y Paisajes devorados (2012), también apreciados por nuestros espectadores.

filme Paisajes devorados, protagonizada por Fernando Birri
Paisajes devorados, protagonizada por Fernando Birri.


La muerte sorprendió a Eliseo en la misma postura con que transcurrió su vida toda: trabajando, creando. Corte final, un proyecto cinematográfico que sería un homenaje a la pantalla grande; así como también una obra teatral de su autoría, titulada La vida real, constituyeron su testamento inconcluso.   

El lado luminoso del corazón

Subiela marchó en una fecha de alegrías y celebraciones: el 25 de diciembre; tal estampa mesiánica no es gratuita, como él mismo plasmó en su obra refiriéndose a coordenadas cronotópicas. Fue un verdadero profeta de un tipo de cine que en América Latina partía de una tradición dentro de su país, pero que él supo renovar con las coordenadas y presupuestos del nuevo cine latinoamericano: un proyecto de nación gigante que tuviera como magma la poesía, el viejo sueño de la Utopía cimentada en los anhelos  y los sueños más nobles del ser humano, sobre todo de esta parte del mundo.

Por eso la imagen del enamorado que se arranca literalmente el corazón y se lo ofrenda la amada, o la del lunático que dirige la Novena Sinfonía generando una verdadera revolución, serán fotogramas eternos de nuestro imaginario, de esos que nos acompañarán siempre, como la imagen del soñador empedernido, tenaz perseguidor de estrellas que fue y será Eliseo Subiela.