Hermanos Coen y Zhang Yimou entregados a la nostalgia crítica

El Multicine Infanta ha concentrado algunos de los estrenos más significativos de noviembre, ante el cierre de otras salas habaneras por deficiencias en su infraestructura, o en preparación para el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Durante las dos primeras semanas del penúltimo mes del año, desfilaron dos producciones retro: la norteamericana Ave César, de los hermanos Coen, y la china Regreso a casa, de Zhang Yimou.

Aunque queda en el terreno de lo obvio que Ave César nunca entrará en el Olimpo de los clásicos realizados por Joel yEthanCoen (No Country for Old Men, Fargo, Sangre simple), los cinéfilos amantes de sus películas disponen aquí de un detallado y paródico mural de lo que era Hollywood en la segunda mitad de los años 50 y principios de los 70, cuando la competencia con la televisión obligó a los productores a sumergirse en los grandes espectáculos histórico-épicos estilo Ben Hur.

Como es habitual, los Coen manejan con absoluto dominio un amplio y ecléctico reparto, en el cual destacan estrellas muy populares (JoshBrolin, Scarlett Johansson y ChanningTatum) junto con presencias habituales en sus películas y algunos intérpretes de culto (George Clooney, Ralph Fiennes, FrancesMcDormand, Tilda Swinton), para mostrar un día en la vida de un productor de aquella época, inmerso en los conflictos del Hollywood clásico, un sistema apremiado a cambiar ante el avance de un cine más realista e independiente.

Típica comedia ligera, con matices satíricos, concebida para el mayor deleite de quienes conozcan y disfruten el cine norteamericano espectacular de los años 50, Ave César también pulsa los recursos narrativos del cine criminal (hay un secuestro, una investigación) y muchas subtramas que disminuyen un tanto el peso específico del humor, de modo que, en algún momento, el espectador pudiera preguntarse cuál es, exactamente, el concepto principal que animó esta realización, a veces bastante dispersa y digresiva, pero indiscutiblemente profesional, vívida y amable.

Al contrario de los Coen, Zhang Yimou se apegó demasiado a un concepto enunciado en los primeros 20 minutos, y luego giróen torno a similares situaciones. Realizado en 2014 como otra muestra de su notable versatilidad, Regreso a casa simboliza el retorno del muy reconocido autor al melodrama, un género que maneja a la perfección, como quedó demostrado en las anteriores Ni uno menos (1999) y El camino a casa (2000). El filme también le permite revisitar el complejo entorno ideológico y psicológico de la Revolución Cultural, un tema que abordó con guante de seda, a partir de la perspectiva filial, o romántica, en Vivir (1994) o Amor bajo el espino blanco (2010).

Regreso a casa es, sobre todo, una sencilla historia de amor imposibilitado por la amnesia, que le permitió al realizador volver a trabajar con su actriz fetiche de otros tiempos, la dúctil y expresiva Gong Li, quien aquí da muestras de cuánto ha ganado en habilidades para expresar cualquier matiz de las emociones humanas. Ella fue la protagonista de aquellas tragedias históricas, también dirigidas por Zhimou, en las cuales la actriz ganó celebridad mundial: Sorgo rojo (1988), Jo Dou (1990), Esposas y concubinas (1991) y Qiu Ju, una mujer china (1992), entre otras.

En el nuevo empeño conjunto de Li y Zhimou, se insiste en remover las heridas emocionales de los personajes, discursar sobre el paso del tiempo y sobre el imperativo de reinventarse todos los días, para tratar de evitar que el pasado y la memoria te aniquilen. Asombra la naturalidad cotidiana y la concentración en los primeros planos y los interiores domésticos, de un filme donde el autor renuncia a la grandilocuencia visual y al paradigma heroico manifiestos en la popular trilogía que integran Héroe (2002), La casa de las dagas voladoras (2004) yLa maldición de la flor dorada (2006).

Aquí, Zhimou adapta la novela de GelingYan (una de las escritoras chinas más leídas dentro y fuera del país), mientras el filme se dedica a ilustrar, tal vez con excesiva parsimonia y detallismo, pero siempre con extrema sutileza, los laberintos de la melancolía y la desmemoria. Imágenes y sonido captan la ausencia y desesperación de esta mujer, incapaz de reconocer al hombre que eternamente espera, con la puerta de la casa siempre abierta para facilitar su llegada.

El más famoso y versátil de los cineastas chinos, nos recuerda en Regreso a casa su inmensa habilidad para vincular destino individual y colectivo, en fábulas nacionalistas e históricas que resultan, al mismo tiempo, atemporales y universales, capaces de conseguir a plenitud la identificación de cualquier espectador por su remisión a cierta iconografía romántica que pasa por la estación de trenes, el epistolario amoroso, los encuadres que subrayan la soledad y el olvido.

Según se cuenta, el filme causó tan profunda impresión en Steven Spielberg, que estuvo llorando durante una hora. Después de verla, a nadie le sorprende semejante reacción del norteamericano especializado en conmover al público.