Halloween preocupa al oficialismo: 'El ejército de la estupidez y la banalidad nos invaden'

La preocupación de las autoridades culturales por Halloween, una celebración que se ha colado en la Isla, sobre todo en ambientes de La Habana, ocupa varios espacios en la última edición de la revista oficial La Jiribilla.

“¿Qué argumentos de nuestros mitos, tradiciones y costumbres explicarían que de pronto un ‘más allá′ de trasgos, banshees y zombis sustituya nuestro imaginario de güijes, santos y orishas?”, se cuestiona un artículo que compara la fiesta cubana “con cierto más allá sin más acá”.

Defiende costumbres religiosas como la del Día de los Santos o Fieles Difuntos que siempre se han celebrado en Cuba, aunque durante años a escondidas. Así, ataca Halloween desde las religiones católicas y afrocubanas, cuyos practicantes fueron perseguidos por el régimen durante décadas.

El autor cree “que este tal Halloween made in Hollywood solo está desembarcando en ciertos espacios vacíos que paulatinamente nosotros mismos hemos creado”, probablemente en referencia a iniciativas del sector privado para hacer más visibles y atractivos sus negocios.

Para el periodista, el Halloween cubano “se alimenta con determinadas necesidades dialógicas sociales que no están siendo cubiertas...”.

En otro trabajo que incluye el número 837 de la que se define como revista de cultura cubana, titulado “Con el diablo en el saco”, se habla de “espanto”, no precisamente por la noche de brujas, sino porque cada vez más jóvenes en La Habana se sientan atraídos por esta celebración “capitalista”.

El artículo parte de un proyecto cultural que se realiza en Santa Clara, El Mejunje, que pone como un ejemplo de buen hacer, pero aprovecha para cargar contra quienes desde la capital “han comenzado a reproducir, con lamentable matiz imitativo, los rituales” de Halloween.

La “imitación de la producción cultural de un primer mundo globalizado discurre por nuestra dinámica cotidiana con una naturalidad que espanta; se ha convertido en piedra de toque para el acceso a las preferencias populares”.

Otro artículo de La Jiribilla, bajo el título de “¿Halloween en Cuba, folclor de clase B?” arremete contra Hollywood y la culpa de esparcir la semilla de la “banalidad” fuera de EE.UU.

“¿Hay un deseo de convertirse en personaje de la industria audiovisual cuando convocan a Halloween en La Habana del siglo XXI?”, se pregunta su autor.

“Los personajes elegidos para disfrazarse acentúan esta idea, pues la inmensa mayoría tiene sus fuentes elementales y precisas en la industria del audiovisual. Desde Batman y Robin, Drácula, Spiderman o hasta el mismísimo Eduardo Manostijeras, son figurillas de cera de la industria del Hollywood”, añade.

Asimismo supone que “quienes se han embullado con la idea” de celebrar la fiesta en La Habana “no son de escaso poder adquisitivo” y puntualiza que “tampoco es barato el alquiler del disfraz”.

Termina calificando a Halloween y sus promotores de “ejército de la estupidez y la banalidad con que la industria cultural invade nuestras vidas”.

Fuera de La Jiribilla, la edición digital Telecubanacán considera que “la Noche o Día de brujas encontró en Cuba, desde hace varios años, otro escenario donde desplegar todas sus fanfarrias y alborotos”.

Según la autora del artículo, Halloween ha estado “sobre todo amparada por su recreación casi permanente en series, animados, videojuegos y películas puestas al alcance del público semana tras semana en el ansiado y económico ‘paquete′”.

Admite que “la estética de la fiesta, el desborde de fantasía que la asociación con el inframundo siempre encierra y hasta la oportunidad de comer y obtener golosinas (…) sea un acontecimiento atractivo sobre todo para los más jóvenes”.

Sin embargo, condena que la fiesta “nada tiene que ver con nuestras tradiciones e identidad cultural. Aún más cuando el motivo de la celebración parte de tradiciones y culturas reales, pero distantes de la nuestra desde todos los puntos de vista”.

Lo peculiar de la celebración de Halloween en La Habana es que comenzó —hace aproximadamente diez años— en las escuelas internacionales donde estudian los hijos de los diplomáticos y residentes extranjeros en Cuba.

Más tarde, las academias clandestinas de idioma sigilosamente celebraban fiestas donde los niños se disfrazaban.

Hoy se puede encontrar lo mismo en un centro nocturno, en una casa particular, en un parque o un punto de la calle G a un grupo de personas que escogen ese día como pretexto para divertirse, incluso bajo la mirada amenazante de la Policía.

 

Fuente: Diario de Cuba. 4 de Noviembre de 2017