Gayumba y Yuyachkani: teatro popular, independiente, latinoamericano
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El mérito de (re)crear sin cansancios y mover el pensamiento alrededor de la escena durante décadas, es lo que hace trascender a Teatro Gayumba y Yuyachkani, dos grupos con 40 y 45 años de trayectoria, respectivamente, que constituyen referentes de las artes escénicas latinoamericanas.

Ambos conjuntos son objeto de homenaje en Mayo Teatral, que les dedicó una jornada de reconocimiento desde Casa de las Américas.

En el panel sobre el grupo dominicano de teatro popular Gayumba, la especialista cubana y moderadora de la mesa, Vivian Martínez Tabares, expresó que el conjunto encarna el espíritu de muchos colectivos que en América Latina tienen un trabajo de larga duración desarrollado por una pareja.


De izquierda a derecha: Canek Denis, Manuel Chapuseaux, Karina Noble y Vivian Martínez Tabares. 
 

Karina Noble, directora de Festivales de Teatro del Ministerio de Cultura de República Dominicana, destacó que este conjunto ha tenido la persistencia de hacer teatro independiente durante cuatro décadas, en un país cuyo Gabinete de Cultura —con apenas 15 años— no logra dibujar políticas de apoyo a esa manifestación, en las que se pueda cobijar un creador. 

Subrayó que, además de su admirable resistencia, cuando otros han quedado en el camino, la aparición de nuevos grupos ha evidenciado que “se puede pasar la antorcha”, y que el trabajo de Manuel Chapuseaux, fundador de Gayumba, no ha sido en vano, especialmente en los últimos 20 años.

Para la funcionaria este dúo, creado en 1976, ha hecho historia por su “pujanza impresionante, con un repertorio hermoso, que habla de ideas y necesidades en una sociedad que todavía no entiende del todo el hecho teatral como una forma de canalizar su realidad”.

Por su parte, el actor dominicano Canek Denis, quien acompaña a Gayumba en Mayo Teatral, elogió ese teatro “hecho al margen del Estado, de manera independiente, y con un discurso claro en lo que quiere llevar a la escena”.

Calificó al grupo como un ícono de República Dominicana, y destacó su labor ininterrumpida, con una estética definida, calidad impresionante, y un legado que debe ser estudiado.

Y es que la labor de esta pareja de teatreros ha tomado calles, plazas, patios y hasta galleras, para dedicar su arte tanto a niños —mediante el trabajo con títeres—, adultos o colegas, a través de talleres de formación.

Don Quijote y Sancho Panza, estrenada en agosto de 1983, ha sido considerada por la crítica y el público como su obra emblemática, al igual que han sobresalido por la adaptación de otros grandes clásicos de la literatura. Un dato interesante: iniciaron su trayectoria internacional en Cuba y son el único conjunto de su país reconocido a nivel mundial.

Durante el encuentro, Vivian Martínez Tabares leyó un texto-mensaje de María Isabel Bosch, también teatrista, para quien Gayumba marcó un estilo en las tablas dominicanas que lo ha hecho parte de la memoria teatral de ese país, a través de una entrega total, el uso creativo del espacio, y una narración de gran naturalidad.

Un dúo en el que “Nives Santana, actriz que es capaz de conmover hasta a un témpano, y Manuel Chapuseaux, actor y director cuya impronta ha quedado impregnada en cada espacio que volvieron escénico, terminaron convirtiéndose en la República Dominicana”, afirmó.

Por su parte, Chapuseaux, agradecido y emocionado, recordó los inicios del grupo en 1976, en medio de complejas circunstancias políticas, con un régimen ultraderechista y luego durante la llamada “democracia”.

“Hoy, después de cuatro décadas de labor escénica, cuando me pregunto qué fue lo que hizo que nos mantuviéramos vivos a pesar de las hostilidades, las incomprensiones y desencuentros, me doy cuenta de que no fue ni la conciencia ni la terquedad, aunque algo de ese hubo, sin dudas. Lo que nos permitió atravesar la tormenta y no naufragar en el intento, no fue otra cosa que el placer. Si no hubiera sido tan emocionante y divertido hacer teatro justamente del modo en que lo hacíamos, habríamos terminado abandonando la pelea”.

Entonces, ¿qué retos enfrenta Gayumba? Afirma su director que “seguir siendo felices, es decir, haciendo teatro”.

Teatro Yuyachkani
Otra bandera del teatro independiente, esta vez desde el Perú, también recibió el tributo de especialistas y público en la Casa. 

El panel, integrado por la investigadora cubana Raquel Carrió, la puertorriqueña Rosa Luisa Márquez y el también teatrero Luis Peirano, coincidió en los aportes del grupo a la formación teatral latinoamericana, como un referente de la investigación desde dentro del teatro y una manera diferente de contar la historia, mostrada en talleres y escuelas de creación en las que se han combinado juego, fiesta, rigor y excelencia.


Miembros de Teatro Yuyachkani mostraron sus habilidades en la sala Che Guevara de Casa de las Américas.
 

Resaltaron la permanencia de los “yuyas”, el hecho de que no hayan rechazado formas de producción teatral, y el haber creado lazos de amistad que han esparcido por doquier, razones todas que han estimulado la aparición de grupo similares dedicados a los sectores populares.

Yuyachkani se distingue por una concepción diferente del teatro en grupo. Así lo demostró su líder Miguel Rubio cuando afirmó que “el teatro es una construcción cultural históricamente determinada, y no una condena a repetir un formato determinado (…) Es una comunidad efímera donde se establecen relaciones entre los participantes”.

Explicó cómo, al estudiar el teatro como un género literario, entendieron que el cuerpo es el principal espacio de negociación “desde el que logramos recuperar una memoria ancestral reprimida violentamente por la colonización. Descolonizar el cuerpo fue la tarea esencial, reconocer ese cuerpo dormido, negado, que habita todavía en nuestras teatralidades desconocidas por la historia oficial”. Es esa un manera de (re)conocer el pasado para entender mejor nuestro presente.

Esa necesidad de conexión entre cuerpo, política y cultura en la obra de Yuyaschkani, para lograr una teatralidad en constante lucha por el reconocimiento de las diferencias, tiene sus componentes fundamentales en la cultura de actor y la dramaturgia colectiva, que los “ha enseñado a desbaratar certezas, a encontrar saberes y ha contribuido a complejizar la estructura escénica, generar lenguajes”.

Miguel Rubio considera al grupo como la obra misma, una relación que va más allá de una forma de producción, un concepto que puede y debe ampliarse. Defiende la improvisación, el trabajo de los autores que escriben para la escena, y la esencialidad del aporte de cada actor para enriquecer cada puesta. Yuyackkani se propone, entonces, encontrar a cada paso nuevos resortes que disparen su creatividad, una nueva forma para “desaprender lo aprendido” y seguir creciendo.