Gayumba: 40 aƱos
Fotos: Abel Carmenate y Yeins Cordero
 

Hola Nives. Hola Manuel:    

Hoy me siento la persona más afortunada en el mundo del teatro. Vivian se ha comunicado conmigo y me ha otorgado esta misión: escribir sobre ustedes, sobre Gayumba. Por fin les pongo sobre papel lo que la timidez, que me acompañará hasta la tumba, me impide decirles mirándoles a los ojos.

Soy mujer de teatro porque nací en un país donde hay un grupo llamado Gayumba. Soy mujer que formó una familia que trata de hacer teatro porque ustedes me hicieron —desde que soy niña— amar al teatro y contemplarlos como una discípula. Insisto, me siento muy dichosa porque es mi alma la que busca las palabras que puedan expresar lo que muchos corazones dominicanos sienten por ustedes.

Soy mujer de teatro porque nací en un país donde hay un grupo llamado Gayumba.Y ustedes, ¿quiénes son? Son una pareja que comparte la creación de una vida, un hijo, un nieto, un grupo, un dúo teatral. Un dúo en el cual tú, Nives, actriz que eres capaz de conmover hasta a un témpano, y tú, Manuel, actor y director cuya impronta ha quedado impregnada en cada espacio que volvieron escénico, terminaron convirtiéndose en la República Dominicana, en el grupo teatral independiente más nacional e internacional de las últimas décadas.

Ustedes marcaron un estilo en las tablas dominicanas y también hoy sé, y puedo decir, después de andar mucho por ahí, que también lo estamparon en el quehacer teatral latinoamericano.

¿Cuál es ese estilo? El que nos incita a reír sin importar la edad, nos estimula a gozar como cuando jugábamos en la vereda con los amigos vecinos, nos impulsa a hablar en medio de la función, nos anima a apretar la mano del espectador que está a nuestro lado, y nos descubre secándonos lágrimas cuando estamos mirando sus obras en escena, cuando viajamos a esos momentos de conmoción catártica.


El Quijote no existe
, Teatro Gayumba
 

Y todo esto porque Gayumba se entrega a través de su arte teatral, el que los expertos en la materia dicen que está conformado por una estética sencilla (que es la más complicada de todas). Se entrega, repito, a través de la economía de elementos en la escena (no economía de neuronas), del uso creativo del espacio, de la poética luz que los acompaña en cada diseño, el hermoso universo sonoro de cada espectáculo, la integración del teatro de títere, la animación de objetos, el uso plástico y dúctil del cuerpo, la multiplicidad de tonalidades que logran con la voz, la adaptación de las grandes obras literarias, la narración de esas obras, la dramaturgia con reducido número de personajes, y otras características descubiertas en cada ensayo, que pintan de infinidad de colores su trayectoria dramática.

Ustedes marcaron un estilo en las tablas dominicanas y también hoy sé, y puedo decir, después de andar mucho por ahí, que también lo estamparon en el quehacer teatral latinoamericano.

En estos 40 años lograron deleitar e impresionar a todo tipo de público. Lo hicieron, por ejemplo, con clásicos renacentistas y del Siglo de Oro español como El Lazarillo…, La Celestina, los Cuentos del Siglo de Oro, La dama duende, y Don Quijote de la Mancha. Por cierto, con esa insuperable novela de la lengua española, chicos, ustedes crearon el clásico de los clásicos montajes de nuestra Quisqueya: su Don Quijote y Sancho Panza. Este 2016 dicha obra ya tiene 33 años en el repertorio de Gayumba. No debo dejar de mencionar, por si alguien no lo escuchó nunca, que con ese Don Quijote y ese Sancho Panza comenzaron su periplo por una diversidad de espacios convocando espectadores, no solo en nuestra tierra, sino también en muchos países que tienen la suerte de contar con los más importantes festivales teatrales.

Ese hidalgo, con armadura conformada por los utensilios típicos de hogares criollos, y ese escudero, con la almohada debajo del vestuario que hacía descubrir su gran panza, acercaron a tanta gente, entre las que me incluyo, a apreciar todavía más al genio de Cervantes. Para seguir con el ritual de conmemoraciones y celebraciones, este 2016 ese autor, el Manco de Lepanto, cumple 400 años de fallecido y de representado y estimado… y Gayumba tiene 40 trabajando incansablemente con un teatro de corte popular original, brillante, sencillo y con la capacidad extraordinaria de no solo conservar la esencia de todos esos clásicos elegidos, sino también de convertirlos en amenos, en divertidos y apasionantes para todo público.


El Quijote no existe
, Teatro Gayumba
 

En el 2013 ustedes cumplían 30 años presentando el Quijote. Piedepuente, un grupo de teatristas de la última década, organizó en honor a “ese” Quijote un festival en el que varios grupos teatrales participamos para celebrar ese aniversario. Eso sí que era una verdadera fiesta. Gozar y sentirnos orgullosos de que los que compartíamos ahí escenario podíamos hacerlo porque Gayumba resistía tres décadas interpretando un mismo montaje y, a su vez, seguía creciendo y abriendo nuestro camino. Celebramos en Casa de Teatro. La Casa del gran amigo Freddy Ginebra, cuyo teatro alternativo ha servido de sede a tantos grupos independientes y de los cuales Gayumba fue el o uno de los primeros.

En estos 40 años lograron deleitar e impresionar a todo tipo de público.Todavía tengo impregnado en mi piel aquel aplauso que hicimos todos los que vimos tu Quijote, Manuel, y tu Sancho, Nives, aquella noche de inauguración de la “Semana de teatro en la Casa por los treinta años del Quijote”.

Pero Nives, Manuel, el teatro Gayumba no solo ha salido airoso al adaptar clásicos de la Madre Patria pues, de manera ocurrente, también ha logrado transcender con otras adaptaciones que ha hecho de cuentos de la literatura hispanoamericana con los trazos de la pluma de José Martí, Juan Bosch, Gabriel García Márquez. Asimismo, creó espectáculos con cuentos africanos, leyendas americanas precolombinas, narrativa alemana, escritos polacos, textos dramáticos latinoamericanos, clásicos teatrales franceses, clásicos griegos…

Ustedes siempre partieron de escritores que tenían algo para decir. Ingenios letrados divertidos, críticos mordaces de todos los tiempos, tiernos, polémicos, resistentes, feroces, juguetones…En fin, que si alguna conclusión sale de este recuento —y seguro que algo importante me falta en la lista— es que ustedes siempre partieron de escritores que tenían algo para decir. Ingenios letrados divertidos, críticos mordaces de todos los tiempos, tiernos, polémicos, resistentes, feroces, juguetones… así, como lo son ustedes.

Una vez, para un espectáculo de títeres, hasta pintaron las caperucitas de varios colores. Tiñeron las capas chiquitas de las niñas que visitaban  a las abuelitas, para que por fin muchas criaturas pudieran querer a ese cuento terrorífico que nos relatan cuando las mamis tienen que trabajar de sol a sol, para levantar el peso.

Sí Nives. Sí Manuel.

Ahora pienso en todas sus producciones, en todas esas grandes tramas, y no dejo de admirarme, porque siempre buscan una forma asequible y directa de encararlas. Las presentan la mayoría sin armatostes ni artificios ni complicados vestuarios. Actúan muchas veces con la naturalidad sincera de la narración oral popular, proponiendo espectáculos espontáneos, claros e inocentes, como somos nosotros, como somos los dominicanos, los caribeños.

Cada uno de los textos elegidos a la hora de armar el repertorio escénico contiene críticas profundas a nuestra humanidad perdida, y muchos de ellos se relacionan con temáticas sociales que develan la injusticia, la corrupción, el autoritarismo, la indiferencia y la ambición de las clases más pudientes.Otras veces, cuando montan obras, utilizan recursos como si tuvieran todavía 5 años; ahí penetro al misterio y voilá, por fin los veo: dos niños jugando francamente, dos muchachitos siendo libres. Picasso decía que si él pudiera pintar como los niños, haría la verdadera PINTURA… Bueno, Gayumba, ustedes hacen verdadero TEATRO.

Y porque hacen realmente teatro, en todos estos años no hubo necesidad de presentarse exclusivamente en esos espacios con escenarios a la italiana y butacas. Gayumba ha hecho teatro de verdad en plazas, calles, canchas, estaciones de trenes, pasillos de edificios, patios, aulas, e incluso alguna gallera. En estos diferentes lugares la energía que entregaban en escena envolvía a todos los cuerpos que participaban de las funciones. Los envolvía igual que el sonido de ese instrumento musical que los bautizó: la gayumba, procedente de África, y que ya desapareció de suelo dominicano. Este telúrico utensilio rítmico era una cuerda tensada desde una rama o estaca clavada en el suelo, cuyo extremo se amarraba a una yagua o cuero de animal que, a su vez, cubría un hueco que servía como caja de resonancia. Cuentan que cuando se tocaba la gayumba la tierra se estremecía. Gayumba quería que con su teatro vibrara el público, resonara, temblara, y ya sabemos que eso es lo que vivimos todos cuando asistimos a sus presentaciones.

¡Ay, Nives! ¡Ay, Manuel!

A veces escucho por ahí enunciar, flemáticamente, que no tenemos un teatro dominicano, que las nuevas generaciones nunca contarán con un referente, que no existe un paradigma, que la historia del arte escénico dominicano comienza y termina con un tal Cristóbal de apellido Llerena, que no hay tradición, que hay que educar un público… Entonces, ¿cómo les explicamos que Gayumba tiene ya 40 años creando, formando teatreros, deleitando público de cualquier bolsillo, enseñando a niños, jóvenes y adultos, inventando universos de los clásicos que muchos odiábamos leer en la escuela y que, gracias a la deidad que queramos pensar, ustedes pudieron darle vida a los más diversos personajes arquetípicos de la humanidad?  No me digan por ahí que no hay memoria teatral en mi país. No lo puedo aceptar. Es tanto lo que he aprendido con Gayumba y lo que me falta aprehender…

Gayumba, 40 años. Yo apenas caminaba cuando decidieron formar el grupo y empezaron a dibujar el camino hacia la aventura, el juego y la magia de ese arte teatral tan de ustedes, dominando un lenguaje escénico propio, una metodología de trabajo y una pedagogía inspiradora. 


El Quijote no existe
, Teatro Gayumba
 

Ese teatro que hace Gayumba, con ese sabor criollo, tiene un otro ingrediente que a mí, en lo particular, me encanta. Y es más, estoy convencida de que eso a lo que llamo ahora ingrediente ha marcado a una serie de generaciones que heredamos las ganas de hacer teatro de Gayumba. Cada uno de los textos elegidos a la hora de armar el repertorio escénico contiene críticas profundas a nuestra humanidad perdida, y muchos de ellos se relacionan con temáticas sociales que develan la injusticia, la corrupción, el autoritarismo, la indiferencia y la ambición de las clases más pudientes. Así lo pudimos palpar y advertir con trabajos como Ubú Rey, Cazadoras del Arca Perdida”, Este era una vez… ¡y dos son tres!, Cuentos del Siglo de Oro, Don Quijote y Sancho, Momo o El Quijote no existe.

Brecht decía que el arte no es un espejo de la realidad, sino un martillo para darle forma. Siento que cada vez que me acomodo en alguna platea a escucharlos, padezco el estallido de ese martillo, y las historias que me cuentan repercuten en mis entrañas con esos sudores que me arrebatan, con esas risas que me sacuden y esas lágrimas que me enardecen.

Ya sé que no puedo cambiar las cosas jugando al teatro. Que hago teatro para que mi entorno, cada vez más crudo, no me cambie a mí. Pero también estoy convencida de que el mundo es mejor, y sobre todo mi país, porque existe un grupo llamado Gayumba.

¡Gracias Nives!

¡Gracias Manuel!

¡¡¡Gracias Gayumba!!!