FunciĆ³n de la literatura en los momentos actuales

¿Cuál debe ser el papel del intelectual en este cambio de época? En tiempos en que el desarrollo de la ciencia y la tecnología ha alcanzado niveles extraordinarios y hasta se planean viajes hacia otros planetas de nuestro sistema solar, o cuando muchas ramas del saber han cruzado fronteras inimaginables, vemos que el desarrollo humano no avanza a la par que dichos progresos y todavía hay millones de seres humanos que mueren de hambre y enfermedades sin saber leer ni escribir. En ese contexto, se acrecienta el papel de la cultura en general y de la literatura en particular, para contribuir a la orientación y trascendencia de los seres humanos en este mundo donde imperan la violencia, el caos, el miedo, la intolerancia y la incertidumbre.

Es imperativo estudiar y divulgar las causas de los males sociales que afectan a todo la Humanidad, como la violencia, la drogadicción, la trata de personas, u otras.

La literatura nos debe educar, con sus propios recursos, en tener una mirada propia y anclada en los sentimientos de solidaridad que palpitan en el alma de cada pueblo; hacer que la búsqueda y revelación de la verdad sea lo primordial en la vida, así como impulsar la creación de nuevos paradigmas que garanticen el desarrollo del hombre pleno con inclusión social. Debe reflexionar sobre la necesidad de construir una sociedad en que la libertad sea consustancial al respeto al derecho del otro, sin abusos, discriminaciones ni privilegios inmerecidos, para que aprendamos a respetar sinceramente las diferencias, para que siempre intercambiemos pareceres.

La cultura del diálogo deberá ser inseparable de la vida de los hombres. Debemos llevar en la mente la angustia de la Patria y trabajar sin desmayo en la obra común. Ese bien común está en el trabajo de todos; él debe ser y es factor de genuino valor y orgullo de cada ser humano. Hay que cultivar los sueños sociales y estar conscientes de que ningún grupo humano puede vivir plenamente sin ellos; promover la investigación, conocimiento y amor por la cultura nacional, como elemento consustancial de nuestra existencia y valladar a los intentos por ahogarnos con culturas foráneas que no toman en consideración nuestras más profundas realidades y aspiraciones. Hay que generar consensos para nuevas acciones o rectificar las que están vigentes cuando sea necesario; tener la realización de “toda la justicia” y la defensa de “la dignidad plena del hombre” como brújulas permanentes de la acción colectiva.

Es un deber que la historia de cada pueblo sea estudiada por sus hijos; sin ese conocimiento se es un árbol sin raíces que un viento fuerte puede derribar. También enseñarles a interpretar los procesos históricos, sin olvidar ni excluir nada.

Debemos estar conscientes de la profunda crisis de espiritualidad como parte de la crisis sistémica que atraviesa el planeta, en el cual el hombre es cada vez más el lobo del hombre, como evidencian el terrorismo y los complejos problemas migratorios que afectan a tantos millones de personas. En esas circunstancias, el intelectual tiene el deber y la emergencia de trabajar, de manera creativa, por humanizar a los seres humanos y hacer que todos nos sintamos miembros de una sola raza: la humana.

“El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios”, dijo el Apóstol José Martí. Hay que trabajar por poner a la economía al servicio de los pueblos.

Una de esas tareas es divulgar y hacer conciencia sobre los peligros que se ciernen sobre el medio ambiente; identificarnos con la tierra como condición imprescindible para la felicidad, el equilibrio espiritual y el desarrollo armónico de un ser humano, que amando la naturaleza, entienda que forma parte de ella y debe cuidarla. Es necesario volver a la tierra, amarla para cultivarla y extraer de ella los alimentos necesarios para la existencia de todos, superar los males que la aquejan —salinización, compactación, pérdida de su capacidad productiva— e incidirán en la vida de nuestros hijos. Se hace necesario tener presente lo que dijera Fidel Castro: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”. En cualquier lugar que doblen las campanas por el medio ambiente, también estarán doblando por todos nosotros y por nuestra descendencia.

Todos esos fenómenos convocan a los intelectuales y escritores a cumplir con el deber ciudadano de estudiarlos, analizarlos, buscar sus causas y sugerir, para el debate, las posibles soluciones. Tal vez el Diálogo entre civilizaciones sería la vía para unir todos los valores creados por el hombre a lo largo de la historia.