Frank PaĆ­s: un amigo cuenta la historia

Conversar con Juan Luis Nápoles Valiente es como estar más cerca de la historia; escucharlo es sentir en carne propia que detrás de un héroe también hay una persona, una persona normal que muchas veces no se conoce, porque en ocasiones nos centramos más en conocer aquello que hizo, y no lo qué lo llevó a hacerlo. Su amable recibimiento en la que es como su segunda casa, la Asociación de Combatientes en Santiago de Cuba, hizo posible que tuviera un mayor acercamiento a la vida de Frank País, ese joven santiaguero de estirpe revolucionaria, de mirada dulce pero carácter fuerte.


Frank País. Foto: internet 


“Frank tuvo una crianza muy buena. Lo conocí después que el padre murió. Él vivía en San Bartolomé entre Habana y Maceo, y yo en la cuadra paralela, mi casa colindaba con la de él. Luego me mudé para su cuadra, a dos casas de la suya. Yo tenía tres años y él siete. Cuando éramos pequeños se comportaba como todos los niños, jugaba con los demás, montábamos carritos, comíamos anoncillos, pero Frank tenía una seriedad muy importante, era como un adulto. Tenía un reglamento que al parecer él mismo se lo hizo, quizás inducido por la madre, porque ella era una mujer excepcional, se llevaba con todos los vecinos, y el mayor consejo que daba a todos los niños del barrio era que estudiaran, que se superaran, porque tenía entendido que la superación de la gente humilde era el estudio, por eso nos aconsejaba.

Frank tenía un método de estudio y de juego: jugaba con los niños del barrio, pero en un momento se iba estudiar, además, tocaba el piano  y  el acordeón, desde temprana edad. Casi fue el padre de sus hermanos pequeños, Josué y Agustín, por lo que era muy responsable. Se llevaba con todos, pero como todo niño tenía sus excepciones; él siempre se comportaba con ese carácter fuerte que tenía, pero no era violento, era muy disciplinado, en sus estudios y en el barrio, y los vecinos le ayudaban y respetaban mucho”.

Estas son las palabras de un amigo de la infancia de Frank País. Detalla las características de un niño que más tarde se convertiría en una de las personalidades más influyentes de la historia cubana. Verlo desde el ámbito local nos acerca a su interior como ser humano y permite obtener una visión de las peculiaridades de su carácter, para un mejor entendimiento de su actuar como cubano revolucionario durante su adolescencia y juventud.

“Era tan disciplinado y respetuoso con todos, que recuerdo una vez que un grupo de muchachos de barrio queríamos entrar en la Boyscout (organización juvenil con el objetivo de la formación de los jóvenes, el desarrollo del carácter y la autosuficiencia, a través de la participación en una amplia gama de actividades en lugares cerrados, programas educativos, y, en niveles de mayor edad, la carrera de los programas orientados en asociación con organizaciones de la comunidad. Para los miembros más jóvenes, el Método Scout es parte del programa para inculcar los valores típicos de exploración, como la honradez, la buena ciudadanía y las habilidades al aire libre, a través de una variedad de actividades como camping, deportes acuáticos y excursiones), y fuimos a hablar con él. Nos habían recomendado con un muchacho que era de esa organización, y lo fuimos a ver al Estadio Maceo, donde nos dijo que fuéramos a otro lugar, hasta que paramos en la escuela de Frank; él nos sentó allí, conversamos, pero estaba dando clases, y aun así nunca dejó de atender a sus estudiantes”.

Esta pequeña anécdota que cuenta Nápoles, emocionado, con voz delicada y muy bajita, pues los años son testigos de que ha vivido pendiente de cada paso de la historia, muestra los valores humanos que tenía Frank, que resaltan su figura y su personalidad, haciendo llegar a las personas que no lo conocimos, lo que estaba detrás del mártir. Estuvo muy cerca y recuerda los momentos importantes vividos por el joven.

“En su juventud, se incorpora al MR-26-7; siempre era buscado por la policía, los guardias lo vigilaban en las esquinas. Pero siempre, desde niño, demostró un inmenso fervor patriótico, ese amor por la Revolución. Su instituto era el José Martí, un instituto religioso, pero aun así era un revolucionario nato. Ya durante la etapa dura de la Revolución seguía siendo el mismo muchacho, iba a la iglesia, tocaba el piano, y continuaba su labor con la Patria”.

Historias como las que me cuenta este hombre demuestran que siempre es posible un mayor acercamiento a lo que fue de nuestros héroes. A lo que hay más allá de lo que conocimos por lo que cuentan los libros o por lo que se nos imparte en las escuelas. Que detrás de cada mártir hay un ser humano, con virtudes y defectos, un ser que va más allá de la historia, que queda impregnado en el corazón de quienes lo conocieron y tuvieron la posibilidad de estar muy cerca.


Foto: internet


Indagando un poco más sobre la vida de este santiaguero, llegué a su Casa Natal, que desde 1964 se convirtió en un museo que también cuenta de cerca su historia. Allí, mientras me hacían una visita guiada, me adentré e iba imaginando cada detalle de la vida de David, o Salvador, o Cristian, nombres que lo acompañaron durante la lucha clandestina en Santiago. Al llegar a la sala que muestra su quehacer revolucionario, luego de escuchar la explicación de la guía me percaté de que era muy hondo el amor y el respeto que Frank tenía a su Patria, a la Revolución. Escribió una carta conocida como “Carta de amor a la Patria”, para una novia que tenía en Guantánamo, Elia Frómeta. Días antes ella le había expuesto que no veía en él al mismo muchacho romántico del que se había enamorado, sentía que tenía una rival, y ante esta preocupación de su enamorada él responde:

“…sí, tienes una rival, una rival que me absorbe el corazón por entero, que me absorbe en cuerpo y alma, que me hace circular la sangre más rápido al pensar en ella, que he sufrido ya tanto por ella que me siento suyo, ha tomado mi vida de una manera que no soñé nunca amar más que a ella. La conoces, aunque la has mirado muchas veces sin comprenderla bien. Tiene una falda de listas azules y listas blancas, un corpiño rojo y sobre su cabeza un gorro frigio y una estrella blanca… ¿Comprendes esto? ¿No? Pues compréndelo, porque así soy mientras tenga fuerzas para quererla”.

Cuando Ernesto Ché Guevara se encuentra con Frank por primera vez en la Sierra Maestra el 17 de febrero de 1957, se da cuenta de la personalidad que tenía, y pronuncia la siguiente frase: “…sus ojos mostraban al hombre poseído por una causa, con fe en la misma, y además, que ese hombre era un ser superior…”.

Frank País ponía siempre en primer lugar su admiración por la Patria, no se dejaba amilanar por nada, y no permitía que nada ni nadie se pusiera en su camino si de defender a Cuba se trataba. Ese joven admirador de Martí, eterno lector de la historia de su país, defensor de las ideas justas de su pueblo, se forjó un camino, dejó una marca difícil de borrar en la impronta de los cubanos y sobre todo de los santiagueros, quienes estamos orgullosos de que nuestra tierra diera a luz a uno de los hombres más abnegados de Cuba.