Formell en tres tiempos

Juan Formell

Primer tiempo

(1965-1967)

Formell comenzó su carrera artística como trovador a los dieciséis años, “descargando” con su guitarra la música que en ese momento estaba en boga: el rock and roll, los boleros de Los Panchos y de Benny Moré, y los sones
de Chapottín.

La etapa que va de 1965 a 1967 fue de estudio, búsqueda y experimentación. Durante este tiempo formó parte de la orquesta de Rubalcaba, y posteriormente integrará la de Peruchín, en la que ganó oficio como orquestador y compositor. “Yo componía —confesó— por un problema de inquietud, de vocación; mi padre era compositor”. Tiempo después, ya en la agrupación de Carlos Faxas, surgieron sus primeras orquestaciones, inicialmente sobre obras de otros autores, y más tarde sobre las suyas; además compuso “Pero qué será de mí”, “Yo soy tu luz”, “De mis recuerdos”, “Y ya lo sé”, que revitalizaron la carrera de Elena Burke.

Lo sonero, en esta primera etapa, aún no se proyectaba en la obra de Formell. El twist, el go-go y el shake —modas norteamericanas que llegaron a popularizarse en Cuba en los años 60— influyeron en el joven compositor, específicamente el shake, que durante todo este tiempo predomina en su obra, combinado con sonoridades cubanas. Puede señalarse, atendiendo a la discografía de la época, que el shake y otros ritmos de igual procedencia eran cultivados por un numeroso grupo de compositores de música popular profesional, incluido Silvio Rodríguez, con “Hay un grupo que dice”.
 

El legado de Los Van Van tiene sus raíces en las primeras etapas creativas de Formell.
 

En aquellos momentos el shake se integró a modalidades netamente cubanas: pilón, mozambique, pa’cá, guaguá, mozanchá, chiquichaca y guapachá, surgidos en la década del 60. Esto mostraba el interés de los compositores por renovar y lograr un escaño en el gusto popular, algo no excepcional si se tiene en cuenta que el triunfo revolucionario propició las condiciones para que las inquietudes estéticas de los compositores respondieran a esa nueva realidad; recordemos, además, que esa integración de ritmos diferentes ha estado y está presente en nuestra tradición. Ejemplo por excelencia de tal fenómeno es “La guantanamera”, guajira-son, a la cual se suman otras combinaciones como bachata-son, melao-son, sonsonete y son-quaste cubanos.

Esta oleada de ritmos se correspondió con el inicio del bloqueo económico y cultural del imperialismo norteamericano contra nuestro país, cuando, según la musicóloga Victoria Eli, “...se cortó, por así decirlo, y producto de las medidas de represión impuestas a Cuba, el intercambio con el exterior y la relación con nuestros tradicionales mercados mundiales en el área”.

Tres de las obras más representativas de este primer tiempo en la creación de Formell —compuestas entre 1965 y 1967 pero difundidas posteriormente— fueron: “De mis recuerdos” (afroshake), “Lo material” (shake), “Y ya lo sé” (shake), popularizados por Elena Burke.

Segundo tiempo

Juan Formell y la Revé (1967-1969)

Si el tiempo anterior constituyó para el compositor una etapa de estudio, búsqueda y experimentación, el comprendido entre 1967 y 1969 sería de desarrollo y preparación para la transformación armónico-tímbrica que se plasmaría con la creación de Los Van Van. Específicamente entre 1967 y 1968 comenzó una renovación en la música que se interpretaba dentro del formato instrumental de las llamadas orquestas típicas o charangas. El cambio se hizo sentir en la agrupación de Revé, y se debió a los arreglos y composiciones de su bajista Juan Formell.

Las orquestaciones de Formell nada tenían que ver con lo que tradicionalmente estaban tocando las charangas. El compositor comenzó a orquestar a su gusto, con sus propios criterios, lo que trajo como consecuencia una nueva sonoridad para el conjunto. Este trabajo le sugirió nuevas ideas, por lo que al formato instrumental de la tradicional charanga —a base de tres violines, violoncello, contrabajo, flauta de cinco llaves, piano, pailitas, güiros, tumbadora y tres cantantes—incorporó el bajo y la guitarra eléctricos;
amplificó los violines y el cello; el trabajo de las voces se comenzó a realizar de forma diferente: dejó a un lado el unísono para hacerlo a tres voces. A esto añadió un tratamiento rítmico en las cuerdas, a diferencia del melódico usado en las orquestas típicas; mezcló los timbres de la guitarra eléctrica y la flauta, además de trabajar el bajo con gran movilidad y riqueza rítmica. El changüí era entonces la modalidad del son preferida por la orquesta; posteriormente, y al mezclar Formell las formas tradicionales con los timbres nuevos, nacería el changüí 68, que constituyó “una versión revitalizadora y moderna del clásico ritmo oriental”.
 

 El grupo proporcionó invenciones rítmicas que revitalizaron la música popular cubana.
 

Según el propio compositor, para este trabajo partió de la sonoridad de las pailas que tocaba Revé, de los tumbaos en el piano, el sonido de la cajita china y del golpe en la tumbadora. “El martes” (changüí-shake), “Yuya Martínez” (changüí 68), “Qué bolá qué bolón” (changüí-shake), “La flaca”, “Te lo gastaste todo” y “El jueves” fueron algunas de las piezas de Formell en el ámbito bailable.

El trabajo con Elena Burke continuó en este tiempo. Para ella compuso “El chala con chacha” (son con shake) y otros números como “Mi optimismo”, “Un diálogo”, “Tu recuerdo” y “La chica solitaria”.

Además de su labor como compositor y orquestador, Formell retomó la línea de interpretar números con su guitarra como solista. Ya el público lo reconocía dentro de la agrupación y le pedía obras que gozaban de aceptación popular.

En varios fragmentos de las dos piezas que Formell considera como las más representativas de este tiempo: “Qué bolá qué bolón” y “El martes” —ambas changüí-shake—, se refleja lo planteado anteriormente en cuanto al trabajo de las voces, el bajo, la guitarra y la orquestación en general. Según el propio compositor, “Qué bolá…” fue el primer número en el que se hizo este trabajo y “El martes” fue muy representativo, porque los bailadores sentían que en la agrupación estaban sucediendo cosas nuevas.

Tercer tiempo

Juan Formell y Los Van Van
(1969-1984)

La creación de Los Van Van en diciembre de 1969 por Juan Formell, fue el resultado de la labor de estudio, búsqueda y experimentación del compositor por renovar el ámbito sonoro cubano, iniciada por él a finales de 1967. Con Los Van Van continuaría esa línea, experimentando con expresiones sonoras más complejas.

Las influencias en esta etapa le llegan por dos vertientes: por un lado, dentro de la música cubana, el trabajo realizado por Benny Moré con su orquesta y el de la Aragón; por el otro, el rock, la música brasileña y la labor de grupos como Los Beatles y Sangre, Sudor y Lágrimas.

Formell considera —planteo muy válido— que un compositor debe tener múltiples ascendentes, porque de esa forma no se encasilla. Encontrar la justa medida entre los distintos influjos asimilados y el acento propio define y enriquece un estilo característico. Al constituirse Los Van Van, esta agrupación y sus creaciones devinieron modelos para otras orquestas nacionales e incluso extranjeras, como la puertorriqueña Batacumbele, que trabaja el songo.

Formell y el baterista José Luis Quintana (Changuito) denominaron songo a algunas de las piezas que ejecutaban, en las cuales había una mezcla del son con la música beat y la yoruba; estas, en definitiva, lograron caracterizarse dentro del complejo del son.

En cuanto a percusión se refiere, el songo consistió en resolver el brake en un supuesto agudo de la batería, a diferencia de lo que hacían los bateristas tradicionalmente: resolverlo en el tiempo fuerte. En lo que respecta a las cuerdas, se les daba la función que habitualmente tiene la percusión: se trabajaron los violines como batería y la guitarra como tumbadora, logrando un alto nivel de elaboración en el ritmo —con el songo, Los Van Van trataron de crear un ritmo que los caracterizara, pero siempre dentro del complejo del son, “un son con timbres melódicos y armónicos diferentes”.

Define asimismo a la agrupación una constante renovación en el formato instrumental, lo que responde al propósito de revivir y actualizar nuestra música. Hoy el grupo cuenta con guitarra, bajo, flauta, tres violines con amplificadores, tres trombones, batería, güiro, tumbadora y dos cantantes. Tal formato implicó una variación en el trabajo orquestal debido al cambio de timbres producido al introducir los trombones y los instrumentos electrónicos.

A lo largo de este tercer tiempo, son muchas las obras representativas, pero las que su director considera que marcan una etapa en su trabajo como autor son: “Te traigo”, “Chirrín-chirrán”, “Llegué, llegué”, dentro del songo y del songo-changüí. Ya con la adición de trombones: “Que no, que no” (ranchera-son) y “El baile del buey cansa’o” (conga-son). Y con la incorporación del tercer trombón, “Dale calabaza al pollo” (conga-son), “Qué palo es ese” (palo-son), “Ay, mamá, recíbeme” (songo) y “Por encima del nivel” (son).

La labor de Formell ha estado encaminada también a crear para solistas como Omara Portuondo, Mirta Medina y las D’Aida. Es de señalar, además, su trabajo orquestal con algunas composiciones de Silvio Rodríguez, como “Imaginada”, “Llegué por San Antonio de los Baños” y “Canción urgente a Nicaragua” —se destaca en esta última el hecho de que la música bailable pueda asumir contenidos políticos.

Otro aspecto para subrayar en la obra de Formell es el trabajo de musicalización del poema de Nicolás Guillén “Cuando yo vine a este mundo”, cantado por el propio compositor, y la adaptación a su repertorio de piezas de Ñico Saquito, Miguel Matamoros y Aniceto Díaz, creador del danzonete.

En sus inicios, Los Van Van solo interpretaban piezas de su director. El propio Formell apuntó: “Yo creo que no es malo, es mi labor principal. No rechazo la obra de otros compositores, pero no todos se ajustan al estilo de la orquesta”. Actualmente han incluido en su repertorio números de Marisol Ramírez (“De 5 a 7”), Alina Torres (“Qué falta de respeto”), Evaristo Aparicio (“La bola de humo”), José Luis Cortés (“TV a color” y “Francisco y el león”), César Pupy Pedroso (“Hoy se cumplen seis semanas”, “Después que te casaste”, “Será que se acabó”, “Habla camará’”) y RodulfoVaillant (“Se muere la tía”).

También ha incursionado en el teatro y el cine. Formell escribió para la obra La barbacoa, composiciones como “La Habana no aguanta más” y “Artesano del espacio”, así como los números musicales para la película Los pájaros tirándole a la escopeta.

Se pueden puntualizar, a modo de resumen, varios aspectos en la producción del destacado artista.

En Juan Formell hay una búsqueda constante en el terreno creador que tiene al son como punto de referencia. “La raíz de mi trabajo —ha dicho— es el son. Siempre he tratado de entender cómo se hace un buen son. Por lo menos, yo estudio esa música con seriedad, su estructura, el texto, el estribillo […], son patrones que he tratado de seguir fielmente”, aunque dentro de tal complejo ha logrado un enriquecimiento rítmico por adición de elementos a la clave del son tradicional. El papel melódico de las cuerdas pasa a un segundo plano y se destaca primordialmente el aspecto rítmico. Además, con la incorporación de los tres trombones, la resultante sonora adquiere un sentido de contemporaneidad que revitaliza positivamente nuestra mejor tradición.

Ha establecido un perfil propio que no depende —como en otras agrupaciones cubanas o extranjeras— de un instrumento solista o de las voces, sino que desde fines de 1969 con Los Van Van, mantiene un estilo interpretativo definitorio, sin lugar a dudas, singular.