Focus Danza: ┬┐the show must go on?

Sin dudas, el devenir de la danza contemporánea se nos sigue presentando como uno de los mayores fenómenos artísticos que cambiaron el pasado siglo. En algunos países europeos, Francia por excelencia, a partir de la Segunda Guerra Mundial se produjo una amplificación francamente considerable en el mundo del arte, al punto de centrar en la danza una de las grandes mutaciones culturales de la época contemporánea. Con mayor identificación y apoyo desde los años 80 del siglo XX, la danza en Francia se ha permitido contar con un público atento e interesado. La garantía institucional que respalda acciones de promoción, encuentro, creación, etc., favorece la alta y estimada presencia de la danza contemporánea en los escenarios franceses, incluso en tiempos financieros difíciles.

Como bien apuntara la historiadora y crítica Laurence Louppe, en los últimos decenios la danza contemporánea —justamente en el país donde se codificara el ballet académico— ha devenido fuerza de integración y de expresión de la conciencia cultural, más allá de la danza misma. Rivaliza en los grupos intelectuales o artísticos con las expresiones más elaboradas y lo más avanzado de la creación contemporánea. Entre el gusto de los distintos públicos, goza la danza de absoluta libertad mediática y de difusión. Fiel a su condición transdisciplinaria, convergente y dialógica, no duda en proponer asociaciones: del rock a la imaginería televisual, del cuerpo invulnerable al cuerpo multimedial, del espacio físico al ciberespacio como medio representacional.

Y es que el cuerpo danzante, como vehículo de comunicación, exposición y performance que trata de expandir cada vez más sus posibilidades expresivas y asociativas, necesita, al instante, de un espacio físico que soporte y visibilice su obsesión de reinventarse a cada minuto, volviendo determinante el rol de curadores, promotores y gestores al tramar el diseño de programación de una temporada, un encuentro temático o un festival. Una vez más, la amplia concurrencia de espectáculos con vocabularios tan distintos, me hace reverenciar las programaciones de eventos como la Bienal de Danza de Lion, los Encuentros Coreográficos que organiza Anita Mathieu o el Festival de Danza de Montpellier, entre el amplio panorama de más de 500 compañías, alrededor de 20 centros coreográficos nacionales y cerca de 80 festivales anuales.

Ahora, tras la ventura de concebir una programación diversa en sus vocabularios y modalidades, Focus Danza 2016 viene como suerte de ese puerto certero entre Francia y Cuba. Focus Danza a modo de cuerpo en acecho; un cuerpo total, desplegado, vulnerable. Un cuerpo listo para levantar el vuelo y anclar en puerto seguro. Puerto: alusión al lugar adonde se llega y desde donde se parte cargando el deseo de atrapar el tiempo, el espacio, el impulso. Impulso: paso, ademán, necesidad de aprehender lo efímero de un arte que se torna pretérito en la medida que la pierna del danzante regresa luego de haber sido lanzada en battement, o mientras los ojos expectantes de un voyeur espían la escena procurando descifrar un enigma que involucra cuerpo-mente-obsesiones-formas-memoria-luz-dinámica-invención... ¡Oh la la!

La danza en Francia tiene el privilegio de poder recorrer todos los registros. Todos, hasta los más inconformes, podemos elegir ante una programación, en verdad, diversa. Cada día son muchos los cuerpos que se ponen en juego para proponer, en los espacios más antojados, las más insólitas maneras de hacer danza.

Encuentros, festivales, temporadas, workshops, permiten confirmar que entre la creación y la recepción del espectáculo coreográfico hay solo un paso: el de la disposición, léase movilización corporal. Sencillamente, es imposible desprenderse del cuerpo, esa instancia real y significativa, a veces mágica, ligera, pesada, fugaz, seductora; a ratos, circunstancial, figurativa, repetidora de formas; en ocasiones, quejumbrosa, mas siempre propositiva.

Justamente en este plano es donde situaría la agenda que hemos logrado conciliar en Focus Danza 2016. Proponer modos más que exponer resultados. Escrituras coreográficas construidas a partir de referentes bien claros (formales, conceptuales, multimediales, etc.), donde el discurso corporal vincula diferentes técnicas no necesariamente danzarias. Jerome Bel, Volmir Cordeiro, Joanne Leighton o Christophe Haleb llegaron a La Habana para exponer sus sentidos de “lo danzario”, “lo escénico”. Resultado de la investigación coreográfica, estos creadores centran sus poéticas en concepciones venidas de la filosofía, de la teoría de la comunicación, de las artes visuales o de experiencias en otras modalidades de las llamadas arts vivants. Una danza que sin dejar de ser viva, objetiva, movilizante, no focaliza sus énfasis en la alta fisicalidad o en el entramado movimental, sino en la sensopercepción espacial y temporal, en el uso de la energía persiguiendo dinámicas y cualidades sostenidas, en la relación que se establece entre los planos objetual, verbal y proxémico. Una escritura coreográfica que si bien no es nueva en la historia de la danza, busca otros vínculos y dependencias. Escritura que indaga en la corporalidad total del espacio presentacional.

Hoy nuestra Habana abre sus puertas y ventanas para seguir tramando acercamientos sucesivos. Aunque experiencias anteriores como la Bienal de Danza del Caribe, la Plataforma Danza-Cuba-Baila o el importante Danza en Construcción (taller para coreógrafos emergentes) posibilitaron la continuación de eventuales encuentros; actualmente hemos logrado sistematizar los vínculos entre artistas, instituciones y proyectos de creación y formación.

Justo cuando los límites del arte actual insisten en bifurcar sus dispositivos internos de construcción, son bienvenidos los intercambios que se producen entre los hacedores de la danza en Francia y nuestros artistas de la manifestación. Centrar las preocupaciones en esos modos de ver el quehacer de la danza, sus ordenamientos, discursividades, procederes y la propia resignificación del danzante —en tanto sujeto-objeto activo de la danza misma—, viene mostrando otras variaciones enunciativas. Composición instantánea, net art, accionismo, live art, cabaret de reparaciones imprevistas, conférence dansé, etc., desestabilizan las tradicionales nociones del “ser en danza” y de la representación como su hecho de factoría espectacular.

El tiempo recorrido nos permite un conocimiento de esas voces que hoy vertebran el panorama de la danza francesa contemporánea, y de sus principales actores y gramáticas comportamentales. Algunos se vuelven recurrentes en los archivos “clandestinos” de nuestros artistas, estudiantes y estudiosos. Sus obras circulan de mano en mano, se muestran como objeto de estudio en círculos reducidos. Así conocimos de las primeras creaciones de Jérôme Bel o de los encuentros sistemáticos con Christophe Haleb.

Focus Danza 2016 nos presenta la danza como trazabilidad del cuerpo y sus imaginarios. Creadores franceses, o aquellos que venidos de otros cardinales producen en Francia en estos momentos, dialogan en La Habana desde esa zona franca de convite que es la mixtura de experiencias y contextos diversos y, también, análogos.

Dentro de las celebraciones del Mes de la cultura francesa en Cuba, Focus Danza 2016 es un itinerario de creaciones paradigmáticas dentro del panorama de la danza contemporánea; de esas voces establecidas y conocidas entre nuestros artistas y públicos. También de otras que por vez primera se exponen ante los espectadores de esta Isla. El público cubano, formado y educado a través del gusto por la danza, es coprotagonista activo de la fiesta. De idéntica manera, junto a las mejores propuestas internacionales, está la muestra del Colectivo La Caja como nota selecta de la creación coreográfica joven cubana y el trabajo extensionista de Danza Teatro Retazos.

Focus Danza 2016 encontró en el teatro El Ciervo Encantado, en Fábrica de Arte Cubano y en calles y plazas de la Habana Vieja, espacios abiertos para el trueque y el intercambio. Ojalá que esta iniciativa se vuelva asidua en nuestras agendas hacia el futuro.

Como bien dijera uno de los creadores del ballet moderno, el coreógrafo francés Maurice Béjart, vivimos en el espacio, nos proyectamos en él y lo habitamos para que exista a través de las cosas. La danza nos permite esculpir el espacio que nos rodea, estructurarlo. Entonces, no cabe dudas de que solo con una investigación profunda sobre los sistemas significantes que participan en el espectáculo coreográfico, con una constante indagación sobre y en el cuerpo del danzante, es que se logra penetrar en una realidad otra, la de la escena coreográfica. Escena que demanda de un cuerpo listo, en acecho, vulnerable, total, desplegado; o sea, abierto a cuanta preocupación provoque la emergencia de verdades secretas, sumergidas o sencillamente explícitas en el acontecer cotidiano, pero capaces de inquirir sobre los espacios raros de las emociones nobles y graciosas.

Si Nijinsky irritó a la burguesía francesa de comienzos del pasado siglo porque la comunicación del éxtasis parecía algo obscena, fue porque pretendía romper con la tradición del cuerpo protegido bajo tules y bordados. Hoy, en cambio, el cuerpo se muestra y glorifica las pulsiones, las pasiones, queriendo penetrar en una ceremonia de entrega y participación. Ceremonia para la duda y la certeza, la forma y el concepto, el movimiento y lo estático, el traje y el desnudo. Ceremonia que presenta a un cuerpo contemporáneo y, a la vez, arcaico. Tiene la danza en Francia esa rara alquimia de inquietar, seducir, desconcertar y provocar. Focus Danza: ¿the show must go on?