Flora Fong bajo el prisma de su propia luz

La presentación de un valioso ensayo sobre la obra de Flora Fong —acontecimiento que tuvo lu­gar en la sede de la Uneac— renovó el interés y la necesidad de abordar monográficamente el trazado artístico de los creadores que en nuestro tiempo han ensanchado las rutas de la identidad cubana.

El libro Flora Fong: insularidad, paisaje y sincretismo cultural, de la ensayista camagüeyana Olga García Yero, publicado en versión digital por la editorial Cubaliteraria, ofrece un análisis de los rasgos que configuran una de las cosechas más sólidas de la visualidad contemporánea.

Antes de situar los valores indiscutibles de la entrega editorial —la riqueza de su contenido, la agudeza de la mirada crítica, el poder de síntesis de la narración textual, y el repertorio de imágenes de la artista—, cabe señalar que el producto funciona más como proyecto destinado a ser difundido en el soporte convencional de papel que en su condición digital, por cuanto se de­sa­provechan las posibilidades creativas e interactivas de la tecnología. Quizá se trate de una estación intermedia: valdría la pena pensar el libro como tal por parte de alguna empresa editorial.

A García Yero le preocupa compartir en primer término cómo el tema de la construcción de una identidad pictórica propia que nace tanto de la experiencia personal como del legado cultural que asimila, se ha ido logrando en la obra de Flora.

La ensayista se detiene en el paisaje, no tanto por su tipología como por sus variaciones semánticas. Valora la continuidad pero sobre todo la ruptura y recomposición de códigos, que dan lugar a una visión particular de la insularidad. Esta se expresa, según García Yero, de ma­nera “reflexiva y madura, con una fuerza y a la vez una delicadeza cromática como nunca antes había ocu­rrido en nuestras artes visuales”.

Su afirmación se basa en la revisión de las series que la artista ha trabajado a lo largo de su carrera, des­de Ancestros, marcada por la necesidad de traducir a la condición cu­bana su herencia china, hasta Hojas de tabaco y Platanales, donde la singularidad de estos elementos característicos de nuestra vegetación se abren como senderos que conducen a la comprensión de una totalidad espiritual, la cual también asoma en los usos de la luz y la fijación del viento, como denominadores comunes dentro de la diversidad temática de una saga pictórica prolongada.

Una inteligente observación a tener en cuenta es la que sitúa las coordenadas estéticas de la artista en una perspectiva neobarroca original, aserto que pudiera ser otro punto de partida para un abordaje posterior y mucho más específico de la obra de Flora.

Doctora en Ciencias Filológicas, Olga García Yero (Sancti Spíritus, 1954) ha desarrollado una labor crítica consistente en diversos campos de la cultura, incluidas las artes plásticas. Con este texto, en el que además destaca el arsenal teórico utilizado, el lector-espectador puede completar la imagen de una artista indispensable en el panorama de las artes plásticas cubanas.

Fuente: Granma