Fidel: esa energía que me acompaña

Gracias al 16 Festival Internacional de Documentales Santiago Álvarez In Memoriam pude visitar a Fidel. Desde que supe que estaba allí, en el Santiago bravío y hospitalario, me ardía la necesidad de ir a verlo y hablar con él, de contarle mis dudas, inquietudes y preocupaciones en estos tiempos de tantas incertidumbres, decepciones y frustraciones.

Hablarle de las cosas que diariamente leo y escucho en las guaguas, en las calles y otros lugares. De las actitudes de aquellos que hoy ya no son los de ayer y de los hoy que serán mañana. ¡De tantas y tantas preocupaciones!

Y Fidel me dijo que mirara a su alrededor y que viera a Mariana, mi madre, y a Martí y a Carlos Manuel y a todos sus compañeros que lo rodeaban y que también leyera lo que él allí había dejado inscrito. Y fue entonces que sentí sobre mi todo el peso de la historia y me dije que no puede ser, que un pueblo de tantas glorias jamás podrá ser vencido por las pírricas victorias de fariseos y farsantes y volví a contemplar aquella sencilla piedra y de pronto sentí un terremoto de espíritus rebeldes que surgían de las tierras de aquel camposanto y de las montañas cercanas que me gritaban ¡Aquí está Fidel! ¡Fidel! Y soltaban una palabrota de Almeida y fue entonces que me dije: “Palante”. 

Con nuevos bríos me fui a impartir mi conferencia sobre África y Cuba y luego al homenaje a Lázara, la compañera de Santiago Álvarez, ese gran cineasta nuestro, y a la entrega de los premios a los ganadores del concurso. Y luego, mientras Eliades Ochoa cantaba, yo pensaba: por un pueblo como este bien vale la pena vivir.