Fidel entre los artistas y escritores

Si la desaparición física del Comandante en Jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro, conmovió tanto a los escritores y artistas, no solo cubanos, es porque sus relaciones con la cultura nacional y universal fueron profundas, como tal vez no han sido las de ningún otro jefe de estado.

Se ha repetido mucho: Fidel, entre las tantas cosas que fue, era un intelectual. Periodista, orador, promotor y pensador de un tipo de conocimiento que no solo abarcaba las artes y las letras, desde muy temprano entendió a cabalidad aquella frase de Martí de que “ser cultos es la única forma de ser libres”.


Foto: Archivo La Jiribilla


Tenía tanta fe en el conocimiento que no le decía al pueblo cree, sino lee, y es por eso que, en 1961, cuando el país comenzaba a ser agredido por sus enemigos internos y externos, concibió una gran campaña alfabetizadora que convirtió a Cuba en el primer territorio libre de analfabetismo en América.

En el mismo 1959 dio paso a la fundación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y a la Casa de las Américas, mientras dos años más tarde la incipiente Imprenta Nacional, al frente de la cual situó al gran Alejo Carpentier, publicaba su primer libro: Don Quijote de la Mancha, como un anuncio de todo lo que se ofrecería a precios irrisorios al pueblo de Cuba en materia de lectura.

Se deben también a Fidel las escuelas de arte y la de instructores, porque él dio acceso a los más humildes para que todo el talento disperso en este archipiélago pudiera tener una forma verdaderamente democrática de encauzarse sin que el dinero fuera un obstáculo para aquellos que, de otra manera, no hubieran podido ni soñar con ser músicos, pintores, bailarines o actores.

Muchos de los artistas y escritores más consagrados y conocidos en el mundo provienen de zonas rurales o son hijos de familias humildes. Amaury Pérez los ha entrevistado en su programa Con dos que se quieran y todos han agradecido las oportunidades que les dio la Revolución cubana para ser lo que hoy son.

No hay que olvidar tampoco ese proyecto que fue el Ballet Nacional de Cuba, al cual Fidel en persona ordenó dar la subvención que Fulgencio Batista había retirado y muchos más recursos que convirtieron la empresa de Alicia Alonso en una de las mejores del mundo, y propiciaron la existencia de una escuela cubana de ballet como la que florece y se renueva hoy.

Pero una de las cosas que más recuerdo de Fidel en relación con la cultura era su capacidad para establecer un diálogo reflexivo e iluminador con los intelectuales, su saber escuchar y encontrar soluciones para los problemas que, sobre todo en los congresos de la Unión de Escritores y Artistas, los delegados exponían.

Tenía amigos artistas y escritores con los cuales mantenía relaciones casi familiares. Ejemplo de ello es la amistad que sostuvo hasta el fin de sus días con el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, o la que lo unía al teólogo y sacerdote brasileño Frei Betto.

En los días más difíciles del Período Especial, pronunció aquella frase paradigmática de que la cultura es lo primero que hay que salvar. Sabía que de ella dependía en gran parte aquella batalla de ideas en la que se empeñó cuando comprendió que ya no eran las armas lo que se necesitaba, sino la salvación de un humanismo que se estaba perdiendo en aras del imperio del mercado en el mundo.

Fidel poseía una vasta cultura tanto científica como literaria. Leía, según testimonios, con una avidez proverbial, y sabía de todo. Asimilaba el conocimiento y después lo reelaboraba de manera que tuviera una utilidad en la práctica.

Desde su alocución conocida como Palabras a los intelectuales, el líder de la Revolución cubana hizo de la cultura no un instrumento de “asalariados dóciles del pensamiento oficial”, como dijera el Che, sino un acto emancipador a través del cual el hombre podía acceder a una calidad de vida superior a las posesiones materiales.

El día en que develó junto a Silvio Rodríguez la estatua de John Lennon en un parque del Vedado, realizada por el escultor José Villa, le llamó la atención aquella frase del exbeatle: “Dirán que soy un soñador, pero no soy el único”.

Los sueños de Fidel siempre se convirtieron en realizaciones. Es por eso que todos los soñadores del mundo serán los agradecidos de la canción que el trovador Raúl Torres le dedicara cuando pasó a otra dimensión para convertirse en eternidad.