Fernando Rodríguez Sosa: El caballero del libro
Fotos: Cortesía del autor
 

He tenido el privilegio de tenerle cerca. De compartir con él frente a un micrófono, atisbar su verbo rápido, calibrar su disciplina. Su porte de caballero asoma, con el mismo rigor, por las pantallas del programa Escriba y Lea que en un encuentro en vivo, una mesa académica, una feria.


 

Su bautizo profesional como periodista ocurrió en Bohemia en 1974: el comentario sobre un libro de Augusto Olivares, quien muere en el Palacio de La Moneda junto a Salvador Allende. Desde entonces, el camino del libro será su norte.

Subdirector editorial de la revista Revolución y Cultura, y jefe deprensa del Ministerio de Cultura en los 80; ocupó lavicepresidencia de la Fundación Alejo Carpentier (1988-2009), y en los últimos años se ha desempeñado en el Instituto Cubano del Libro.

Mantiene la sección “Letra viva” de la revista Cuba Internacional, pero casi no hay publicación en la Isla que no tenga su firma, su impronta. Ahora mismo su voz autorizada asiste a varios programas de radio como Estaciones (Radio Rebelde) Mi libro preferido eInvitación a la lectura (Habana Radio).

Él es Fernando Rodríguez Sosa (La Habana, 3 de diciembre de 1952). El caballero del libro.Su servicio a la cultura cubana ha trazado un camino singular, dilatado y feraz.


Fernando Rodríguez Sosa, un auténtico periodista, crítico y promotor literario
 

¿Cómo marcó su vida y cuánto le aportó en el ámbito intelectual, su labor en la directiva de la Fundación Alejo Carpentier, en la misma vena del pensamiento y la literatura nacionales?
La experiencia en la Fundación Alejo Carpentier fue, sin dudas, sumamente enriquecedora. Y desde varios ángulos. En primera instancia, por haber trabajado con Lilia Carpentier, la viuda del escritor, quien fundó y presidió la institución hasta su fallecimiento. Una mujer difícil, sin título académico, pero con una extensa y sólida cultura imposible de alcanzar en las aulas universitarias, con quien logré establecer una relación que traspasaba los muros de la casona de Empedrado 215. A ella le agradezco sus conversaciones, sus recuerdos, su confianza.

En la Fundación Alejo Carpentier también logré, por supuesto, acercarme a la obra del autor de El Siglo de las Luces. Y más que acercarme, pues en realidad ya conocía de antemano esa obra, descubrir en un espectro más amplio, la vastedad y riqueza de su legado. Descubrí al narrador, al ensayista, al musicólogo; pero, sobre todo, al periodista y al animador cultural, faceta esta última, por cierto no muy valorada en su justa y real dimensión.

Por último, y no por ello menos importante, esas dos décadas en la Fundación Alejo Carpentier me permitieron concretar un sueño que desde mucho antes quería hacer realidad: organizar un programa de promoción cultural en una de las más prestigiosas instituciones del país. Nacieron así, en estos años, ciclos de conferencias, encuentros con escritores, exposiciones, conciertos, presentaciones de libros… Organizar y promover esas acciones fue la experiencia más fructífera de esos años que por supuesto contribuyeron a sedimentar una experiencia que, posteriormente, he logrado perfeccionar y enriquecer.

En conclusión, la Fundación Alejo Carpentier, que tuve que abandonar luego del deceso de su Presidenta por razones que no merece ahora recordar, fue un auténtico regalo.

La promoción del libro es un arte difícil y especializado que requiere de una alta capacidad de comunicación, de procesar muchos libros en breve tiempo y de un insustituible acercamiento a los autores. ¿Qué estrategias ha desarrollado para mantener el éxito de todos sus espacios en medios tan diferentes?
Quizá la estrategia central que me he propuesto, a lo largo de estas más de cuatro décadas de ejercicio intelectual, sea la promoción de los más altos valores de la literatura cubana.

Si revisas mis espacios, tanto en la Librería FayadJamís(“Libro a la carta” y “Páginas inéditas”) como en la prensa escrita y digital, la radio y la televisión, podrás comprobar que todo gira alrededor de libros y autores cubanos, pues considero que es necesario, es imprescindible, promover y reconocer las letras de la Isla.

He tratado de lograr un equilibrio en cuanto a la promoción de generaciones, géneros, temas, tendencias, para así llevar al lector, al oyente, al televidente, un amplio panorama de la creación literaria y editorial en el país.

Cada espacio, lógicamente, se rige por principios específicos. No es lo mismo conversar con un escritor, frente al público, en una institución cultural, que comentar un libro para la radio, la televisión o la prensa escrita y digital. En todos es como estar en la cuerda floja, porque es imprescindible lograr que la comunicación sea fluida, coherente, amena, que no aburra a quien recibe el mensaje.

Te cuento una anécdota en la que, aunque físicamente no salgo muy favorecido, me enorgullece porque confirma que he logrado esa comunicación a que aspiramos quienes nos desempeñamos en estos medios.

Hace unos años, una amiga me presentó a alguien que trabajaba en el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Le dijo que yo era el comentarista literario del programa Escriba y Lea, labor que asumí desde 1997. “Claro, comentó el joven, en mi departamento yo lo pongo como ejemplo y le digo a mis compañeros que para ser un buen comunicador en televisión, no hay que ser bonito”.


Espacio de Fernando Rodríguez Sosa en la librería Fayad Jamís
con tres figuras de las letras y el pensamiento cubanos Nancy Morejón, Natalia Bolívar y Rogelio Martínez Furé
 

La cultura cubana hizo justicia al otorgarle en 2005, el Premio de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro por la obra de la vida. ¿Qué momentos, qué personas vinieron a su mente en ese instante?
Recordé a todos aquellos que creyeron en mí, que me alentaron, que me ayudaron. Recordé de manera especial, los consejos de Enrique de la Osa y las enseñanzas y el cariño de José Rodríguez Méndez, dos periodistas de reconocido prestigio en la prensa escrita y la televisión cubanas.

Por supuesto, en un momento tan especial, también recordé a quienes no creyeron en mí, ni me alentaron, ni me ayudaron; pues ellos igualmente, quizá sin imaginarlo, contribuyeron a mi formación.

Fueron muchos los momentos que en ese día llegaron a mi mente: el primer libro que me regaló mi madre, la escuelita de barrio en que estudié, mi llegada a las aulas universitarias, ver mi primer comentario publicado en la revista Bohemia, mi entrada a la radio y la televisión…

Acaba de recibir junto a su hija, la también periodista Aline Marie Rodríguez, el Premio Memoria que otorga el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau con el proyecto del libro “Verónica Lynn, a escena la memoria”. ¿Cuál es la génesis y la propuesta de este libro? ¿Cómo le ha resultado escribir a dos manos con alguien tan cercano?
La idea de este proyecto nació hace aproximadamente un año, cuando invité a Verónica Lynn a mi programa cultural Confesiones entre puentes, que llevo a cabo en Matanzas desde hace 17 años. Verónica viajó con un amigo, Ramón, quien comentó, luego de concluido el espacio, la posibilidad de escribir la vida de la actriz, una de las figuras emblemáticas del teatro, la televisión, el cine y la radio cubanas de entre siglos.

Conversé con Aline sobre la idea y convenimos en proponerle a Verónica escribir sus memorias. Ella aceptó e iniciamos las entrevistas. Luego llegó la convocatoria del Premio Memoria y presentamos el proyecto que, afortunadamente, el jurado decidió galardonar.

Continuamos ahora las entrevistas con la actriz, que reconstruyen su vida artística y personal, para al unísono recoger testimonios sobre Verónica y revisar las fuentes documentales.

Es muy cómodo y enriquecedor trabajar con Aline. En la práctica, desde hace ya tiempo, es mi más cercana colaboradora. Juntos trabajamos en dos programas de la emisora Habana Radio y juntos escribiremos ese libro. Será una experiencia renovadora en que se integrarán, estoy convencido, experiencia y juventud. Uno de esos sueños no imaginados y, por fortuna, convertidos en realidad.

La presentación de un libro pareceríaun guión preestablecido: el elogio del presentador, las palabras del autor, los aplausos y los autógrafos... Parecen calcos uno de otros. ¿Cuáles son, a su entender, los errores más comunes que se cometen a la hora de la promoción de un libro? ¿Cuáles sus recomendaciones?
Son varios los errores que se cometen en la promoción del libro. Quizá el más repetido sea el no saber dirigir la promoción al medio y al público que recibe el mensaje. Me explico: no es igual comentar un libro en la radio y la televisión, que exigen síntesis, que en la prensa escrita o digital, en que es posible ampliar y fundamentar el criterio.

Existe igualmente una tendencia, lamentablemente bastante generalizada, de repetir, como en una caja de resonancia, la información sobre un libro, una presentación, una conferencia, de un medio a otro. A todo ello se suma que, en muchas ocasiones, quien promueve un libro ni siquiera se ha leído la nota de contraportada del volumen.

Las recomendaciones sobre este tema pudieran ser infinitas. Van desde rediseñar las propuestas de las casas editoriales nacionales y territoriales hasta la implementación de campañas dirigidas a incentivar el gusto por la lectura en sectores muy específicos de la sociedad; desde promover el uso de las nuevas tecnologías como medio para potenciar la lectura hasta renovar los espacios dedicados a la interacción entre el libro y su público.

Todo ello, y mucho más que sería casi imposible ahora reseñar, contribuirá a que el libro no muera porque como siempre repito, basándome en un viejo proverbio ruso: el libro es como el agua, que por doquier se abre paso.