Feria del libro en Granma, verdadera fiesta literaria y del pueblo

Escritores de este oriental territorio e invitados, coinciden en que esta Feria del Libro fue lo mejor posible, en las circunstancias actuales del país.

El reconocido poeta Luis Carlos Suárez, residente en Bayamo, declaró sentirse muy contento con esta edición, porque todo funcionó como un sistema, y se logró armonía en función del buen desenvolvimiento de todas las actividades.

Destacó que los espacios teóricos tuvieron un gran nivel, con el tratamiento de temas muy necesarios, no solo para la literatura, sino para la cultura cubana en general.

La propia naturaleza del libro —dijo— le permite abarcar espacios de todas las artes, así como de las ciencias, la técnica y otras esferas de la cultura humana, vista en su sentido más amplio; aspectos todos que estuvieron representados y lograron articularse bien.

Como un buen ejemplo de lo expresado por Suárez, podría mencionarse la iniciativa de tener, por primera vez, un pabellón de teatro, para mostrar el quehacer y logros de las artes escénicas en el territorio; una acción que pretende sistematizarse en futuras ediciones.

Para Leonardo Estrada Velázquez, invitado del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, esa decisión fue muy valiosa, lo cual hay que defender y dar continuidad, en una provincia donde son palpables el buen trabajo, alto nivel de los procesos creativos, y la solidez de las puestas en escena de los diferentes grupos teatrales.

Según Suárez, alguien podría decir que hubiera querido encontrar otros títulos, pero las obras vendidas —significó— son todas importantes para la cultura cubana, los lectores y el público.

En medio de las circunstancias económicas del país, eso es casi milagroso, y es también algo de lo que a veces no nos damos cuenta, porque olvidamos el contexto mundial extremadamente complejo, donde Cuba es constantemente asediada y agredida por grandes fuerzas hegemónicas, resaltó.

Una cosa u otra, sí, pudo haberse hecho mejor, pero en sentido general, por todo lo antes expuesto, esta Feria constituye un triunfo, remarcó.

Afirmaciones similares ofreció la destacada historiadora bayamesa Idelmis Mari Aguilera, al dar una valoración positiva del evento, a pesar de las malas pasadas que jugó la lluvia.

Resaltó que el pueblo respondió a la convocatoria, y se vieron los puestos de comercialización nutridos de personas buscando libros.

Por otro lado, los programas académico y profesional estuvieron muy bien diseñados, en función de las motivaciones centrales de esta edición, manifestó.

Se trata —dijo— de espacios no concebidos para grandes audiencias, pero que estuvieron bien representados,  con un público especializado.

No obstante, en opinión de otros entrevistados por el equipo de la ACN en el evento, sí hace falta más y mejor promoción, acercar al público a los diferentes espacios y propuestas, porque para el pueblo la Feria no puede ser solo el momento de comprar títulos.

Sería muy favorable que más jóvenes, estudiantes, trabajadores y otras personas asistan a los debates, presentaciones de textos y conversatorios.

Resultaron oportunas las actividades académicas  en lugares abiertos, en centros laborales y de estudio, consejos populares y otros escenarios; pero para próximos eventos, habrá que repensar cómo lograr una mejor convocatoria, para llegar a más ciudadanos.

La XXVII Feria del Libro en Granma, transcurrió repleta de colores, alegría, paneles, presentaciones de títulos, y miles de personas en el Centro Histórico Urbano de Bayamo, área fundamental de comercialización de textos, como parte de una fiesta de las letras que también llegó a centros estudiantiles y de trabajo.

Al respecto, Teófila Acea, presidenta de la Sociedad Cultural José Martí en el territorio, considera que todavía no se ha logrado la total integración de la universidad, con todas sus potencialidades, en los espacios profesionales de la cita, pues en la provincia están abiertas carreras de humanidades, para cuyos estudiantes sería muy valioso participar en esos debates, significó.

En otras consideraciones sobre el capítulo granmense de la XXVII Feria del Libro Cuba 2018, Acea refirió que atemperadas a los tiempos y condiciones actuales, las opciones para el público infantil siguen siendo las más privilegiadas, aunque todavía se debe pensar más en los niños.


Múltiples actividades fueron realizadas para los niños en el pabellón infantil Con las nubes de almohada.
Foto: Armando Ernesto Contreras

 

Por ejemplo —dice— deben reeditarse clásicos de la literatura mundial, que hace mucho tiempo no están disponibles, como se logró este año con obras como Papá Goriot, de Honoré de Balzac; y Casa de Muñecas, de Henrik Ibsen; porque lo clásico nunca pasará de moda y tendrá siempre público asegurado.

Agregó que, a pesar de innegables limitaciones, se vio al pueblo buscando literatura, y destacó la decisión de las autoridades del libro en la provincia de bajar los precios a un número importante de textos.

Conrado Puisseaux, especialista del Instituto Cubano del Libro, señaló que en un principio, la versión de Granma tuvo perspectivas no muy halagüeñas, como pasó en otros capítulos provinciales de la Feria en el país, porque una buena parte de la producción de la literatura destinada para esos fines, no pudo terminarse.

Valoró que, no obstante, y en interés de satisfacer la demanda, el territorio organizó una venta de libros rebajados de precio, como no se vio en ningún otro lugar de la Isla, y el público granmense respondió a la convocatoria.

Esos y otros aspectos —declaró— favorecieron el objetivo cimero de satisfacer a los lectores, hasta donde fuera posible, aunque en lo comercial no se recaudaron grandes sumas de dinero.

De ahí la afirmación, compartida por muchos, de que el propósito de hacer para los amantes de la lectura en Granma la mejor versión posible de la XXVII Feria del Libro Cuba 2018, se cumplió.