Felinos con solfa, una hermosa manera de compartir

Entre las muchas actividades que se desarrollarán el próximo 25 de noviembre en Cuba —a propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1999— está un encuentro en la Sala Abelardo Estorino, del Ministerio de Cultura. La singularidad es que como antesala o telón de fondo puede disfrutarse de una exposición de las artistas Diana Balboa y Ela Rabasco.


Fotos: Cortesía de la autora


La muestra —que se exhibe hasta diciembre en el lobby de la hermosa sala y que fue inaugurada recientemente con la presencia del Ministro de cultura, Abel Prieto— incluye 13 fotografías de la española Ela Rabasco, intervenidas por la reconocida pintora y grabadora Diana Balboa.

Felinos con solfa se titula este proyecto “a cuatro manos” que tiene como  antecedente la última Bienal de La Habana, en la que Balboa manipuló algunas imágenes de la fotógrafa norteamericana Estelle Dish: “El año pasado visité Madrid —cuenta Diana— y Ela, que es una amiga entrañable desde hace mucho tiempo, me propuso hacer algo juntas. Ella tiene varias  series de diversos temas y uno de ellos son los felinos. A mí me atrajo la idea de manipular la imagen del gato, que tiene en sí mismo un misterio tremendo y es un enigma desde los egipcios hasta hoy. Pero ese enigma siempre ha estado acompañado de melodías y de musicalidad; todos esos sentimientos se mezclaron y quisimos hacer juntas una exposición que arranque la sonrisa”.

En otro momento de la conversación, comentó Diana que son “gatos madrileños, habaneros, callejeros y sin pedigrí”, sin  extraordinaria belleza exterior, pero portadores de la fuerza que otorga la sencillez: “Son tan simples como las personas de Cayo Hueso o del barrio La Latina, que es donde vive Ela, es decir, son gatos barrioteros”.

Sobre cómo ha sido trabajar sobre la obra de otra artista, la creadora aseguró que los grabadores tienen el “hábito del taller” y que por naturaleza son “intrusos”, por eso no sintió “ningún temor o pudor” al intervenir las fotografías de Ela.


 

Finalmente valoró de “muy hermosa y positiva” esta experiencia que la ha enriquecido estéticamente, porque no se trata de tomar elementos de su obra y ponerlos en un espacio que es de otro, sino que se tiene que viajar a otros contextos: “Ese recorrido estético lo alimenta a uno y lo llena de imágenes y de referencias; es como escuchar música, que te invade, se archiva en la mente y luego se convierte en algo casi siempre bueno. Eso es lo que me ha aportado este trabajo: llenarme de cosas hermosas, atractivas y profundas”.

Igualmente, en conversación con La Jiribilla, Ela Rabasco —también activa integrante de la Coordinadora de Solidaridad con Cuba en España— reveló que la fotografía ha formado parte de su vida desde siempre: “Perdí a mi padre cuando era muy pequeña y el único recuerdo que tengo de él es a través de las fotos”.

Su padre, explica Ela, hacía fotografía cotidiana, es decir, de cumpleaños, en el patio de la casa, en la playa, y esos recuerdos la han impregnado: “Desde los 12 años tengo en mis manos una cámara fotográfica; lo que busco con la fotografía es compartir, y ese sentimiento me produce una intensa sensación de disfrute”. Justamente eso es lo que Rabasco persigue en sus imágenes, de ahí que uno de sus grandes temas es la lucha contra la violencia hacia la mujer y las niñas, que la ha llevado a desarrollar una extensa serie.

En 2012 la artista española obtuvo el segundo premio del Festival de Fotografía Autodidacta (FOTOFES), efectuado como parte de las Romerías de Mayo, en la oriental provincia de Holguín y, posteriormente, expuso en la  Casa del ALBA cultural, en La Habana, durante una campaña contra la no violencia: “Me interesa la problemática de la mujer en cualquier parte del mundo y, sobre todo, captarlas en su quehacer cotidiano. Caminando recientemente por la calles de La Habana, surgió una nueva serie que será de rejas cubanas; la herrería en esta Isla es digna de tomar en cuenta y considero que es un asunto también patrimonial. La Habana inspira muchísimo porque es una ciudad viva”, concluyó.