Felicidades desde (y hacia) la poesía

La gente amiga de La Jiribilla quiere festejar en estos días el cumpleaños de Silvio y ha pedido saludos, textos, palabras. Entre esas posibilidades escojo mejor las de la poesía, compartiendo con ustedes lo que sigue:

“Práctica de soneto…” fue un poema nacido de una canción de Silvio, que llevaba entre sus líneas aquella frase impactante y compartible: “amar es como rodar un coche / sobre el precipicio de la noche”, que tantas veces escucharíamos después, emocionados, en la voz de Sara.

Víctor Casaus
Foto: Iván Soca


“Para mirar nacer” surgió de un experimento a la inversa: escribir un texto a partir de una música ya creada por el trovador. Con esa melodía sonando en la pequeña grabadorita de casetes, fui armando, en el apartamento de 23 y 24, la letra/el poema que después tomó también vida propia.

En esta ronda de felicidades solicitadas, me alegra llegar con la poesía para festejar al hermano querido. Sobre todo si la poesía viene aquí mezclada, sabiamente contaminada con la melodía, con la canción. Como debe ser, y tantas veces ha sido.

Práctica de soneto con tema medieval tratamiento nocturno y, por supuesto, acompañamiento de cuerdas

 

                                                                           A Silvio

Cuando veo al trovador con su guitarra
y tantos ruidos estallan en la noche
mientras su voz canta, suena, sueña, amarra
muerte y amor a la rueda de este coche
 
me pregunto de qué seca y sorda noche
llegan esos dobles ruidos que se escuchan
¿Serán los sonidos comunes del coche
o los atados a la rueda que luchan?
 
No sé, no sé, pregunto y nunca me entero
de qué propia noche alimenta su suerte
de qué ajena furia alimenta su noche.
 
Pero entretanto voy también de viajero
mirando a la vez al amor y a la muerte
que giran y aúllan en la rueda del coche.
 
Víctor Casaus
 

Para mirar nacer 
 
Para mirar nacer
la voz de esta mujer
lunas brillaron en la tierra.
Y el sol, el grande sol
furioso aquesta luz
no dio para alumbrar la tierra.
 
Para mirar nacer
la voz de esta mujer
llovió sin descansar
sobre el naciente mar.
El pez en su coral
madréporas de sal,
los hombres y el color
terrestre del amor.
Para mirar nacer
la voz de esta mujer
piernas espaldas y sus senos
vino la lluvia aquí,
vino el sol grande aquí
y vino el cielo sobre el cielo.

 

Víctor Casaus / Silvio Rodríguez