¿Exclusión o inclusión en las Romerías?
Fotos cortesía de la autora
 

Este martes quedaron inauguradas las Romerías de Mayo. Como se hace habitual en estos festejos el desfile de apertura tomó las calles principales de la ciudad de Holguín. Frente al Museo provincial La Periquera se estacionó cada representación de proyectos socioculturales y artísticos locales, de otras provincias y países que, efectivamente, evidenciaron que la diversidad cultural es un rasgo de este evento. El ascenso a la Loma de la Cruz y las actividades desarrolladas a lo largo del día apoyaron esa afirmación. Sin embargo, ¿puede un espacio signado por lo diverso ser al mismo tiempo excluyente?

¿Para qué esta pregunta? Las Romerías de Mayo tienen una dinámica propia, la AHS y las instituciones de Holguín, sus parques, sus calles van concatenando acciones artísticas y pareciera, desde el primer día, que el arte hallará en el insomnio un aliado; la presencia en los espacios sucede bien frente al escenario o desde un balcón donde se alcanza una muestra o a un cantautor como ocurrió anoche con Frank Delgado, una verdadera sorpresa sobre todo para los jóvenes trovadores y de otras manifestaciones, según comentaron. Todo ello habla de un espíritu que atrae, y también de una propuesta abierta que quiere tener como sentido primero el movimiento y la integración de los artistas de aquí y allá, de pobladores y pobladoras, y el diálogo entre las diferentes perspectivas de creación y de aporte social desde la cultura. Una magia intencionada con la refundación de las Romerías.


 

Como decía, fue la forma que encontró la nueva generación de reescribir, de acuerdo a su tiempo y necesidades, una tradición. Por ello, los desfiles, como el de ayer, han sacado a la luz una heterogeneidad de identidades y de prácticas, a veces soterradas en lo común de los días. Esta vez, por ejemplo, en la procesión inaugural por la ciudad y luego en presentaciones al aire libre estuvieron la compañía Asiartdance y la comunidad canaria de Cabaiguán.

En el Parque de las Flores de Holguín, un joven mago y exponente de las artes marciales y la danza chinas me explica que como él, los otros muchachos y las muchachas del proyecto comparten la herencia de una cultura y se proponen hacerlo visible a través de estas presentaciones donde el plato fuerte son las artes marciales y el baile. Han tenido oportunidad de intercambiar con los monjes de Shaolin y otros maestros colombianos, mexicanos, "como muestra de que la cultura asiática está esparcida por todo el mundo", dice Alejandro Peraza, quien apunta que su llegada a las Romerías tiene que ver con la presencia china en Holguín “como mismo ocurre en Cienfuegos y otras provincias”.

Todavía emocionada tras su presentación, Felicia Estepa Valdivia me habla de su alegría por volver a las Romerías de Mayo 20 años después: “Esta vez llegamos a través del comité organizador del evento y la Dirección provincial de Cultura en Sancti Espíritus. Hemos tratado de estar acá muchas veces y por problemas de transportación y organización no lo habíamos logrado. Ahora participamos por segunda vez”.

Cabaiguán es la capital canaria de cuba, cuenta Felicia, ya que el 85% de sus integrantes descienden de emigrantes canarios. “En 1929 llegó un inmigrante de los Realejos que formó un grupo musical donde colocó a sus familiares, y esto luego fue creciendo con vecinos de la zona. En ello influyó la nostalgia, la tristeza de los isleños porque no podían regresar a su tierra, y esto les hizo cantar y compartir esa cultura. Así se trasmitió el arte culinario, las manualidades como el bordado, el tejido, el calado y otros elementos culturales que están hoy muy enraizados en la zona. Estos conocimientos han pasado de generación en generación, a través de la familia y la comunidad”.


 

Ella es contundente cuando afirma que se trata de un seguimiento y de la conformación de una identidad que se evidencia además de en la música y la danza, en los festejos. Al celebrar, como sucede en las Romerías, "el día de la Cruz" el 3 de mayo, han pretendido su participación en este encuentro, con lo cual "recibimos luz para seguir adelante y salvar ese legado que nos heredaron los ancestros. También acá nos encontramos con grupos de otras nacionalidades que traen su identidad, costumbres y podemos hacer intercambios culturales, lo cual refuerza la expectativa de la comunidad de participar en este tipo de evento, ya que nos hemos mantenido durante muchos años defendiendo nuestra identidad y tradición… Al fin y al cabo, nuestra cultura cubana está fusionada por todas esas olas migratorias hispánicas, canarias, africanas. Nuestro municipio está reconocido por la presencia canaria, aunque hay un poquito de todo”.

Con esta participación abierta las Romerías se convierten en un sitio donde aflora la heterogeneidad, que sigue alimentando la cultura cubana aún más hoy, de ahí que ofrece la oportunidad de trascender la llamada diversidad de manifestaciones artísticas para avanzar en el reconocimiento de la identidad también como espacio sociocultural. Por ese mismo camino, ha habido aportes importantes desde el rescate de estas festividades por la AHS, visibles en la reafirmación de otras culturas como la taína, y con ello de otras posiciones libretarias. Si bien se conserva la tradición de que los devotos y devotas oren el día 3 de mayo algo más cerca del sol, la subida a la Loma de la Cruz también cuenta hoy con el al ascenso del hacha taína, que algunos y algunas han interpretado como una peregrinación pagana que también merecía incluirse en estas fiestas.

De igual forma las Romerías han logrado, a partir de una visión plural, fomentada con mucho énfasis en sus reinicios (década del 90), limar desde la alianza contradicciones culturales, ampliarse a través de un reconocimiento a prácticas culturales legitimadas por los propios grupos, y su inclusión en este encuentro ubicando el gesto que los mismos pueden compartir. Esa postura de respeto ha dejado, no solo en este caso, importantes frutos para comunidades y la sociedad en general.

Otro aspecto a destacar es la integración de pobladores y pobladoras a estas fiestas. Aquel desfile con aires de carnaval permitió la participación no solo de proyectos artísticos, sino de quienes pasaban y regalaban su auténtico performance. Fue el caso del “acróbata de la botella”. O después, de quienes ascendieron la Loma de la Cruz por devoción, porque era una oportunidad comercial, como le pareció a un vendedor de maní que subió y bajó varias veces los más de trescientos escalones, o por aventura, como le sucedió a Brayan, un niño de primaria que, según su mamá no quiso ir a la escuela por no perderse de las Romerías este acontecimiento.

Recuerdo un texto que explicaba la importancia que para el sociólogo Émile Durkheim tenía el conocimiento de las formas reales de integración sociocultural para comprender, para poder acceder a cada mundo, modos de vida y construir formas de participación. Creo que es válido tenerlo en cuenta en un espacio como este. Por la necesidad de que permanezca su magia, porque también es preciso pensarse un encuentro así desde sus alcances y aportes más allá de nosotros y nosotras mismas, y ello conlleva a estar en disposición de recrear la participación y, por tanto, la imaginación social, cultural y política.

Las Romerías tienen una connotación fundamental para Holguín. Se nota cuando las personas hablan de estas como un espacio que le ofrece identidad, con la presencia en sus numerosas actividades como las ocurridas este martes, ya fuese, el evento de trova Quiero una canción; la inauguración de diferentes plazas: hip hop, electrónica, rock; la presentación de los grupos en la XV edición del Festival Internacional de Teatro de Calle, que tiene lugar como parte del evento; la inauguración de una muestra fotográfica dedicada a figuras latinoamericanas como Hugo Chávez y Fidel Castro, las proyecciones de nuevos realizadores y realizadoras en lo que se ha llamado Muestra Joven ICAIC, entre otras acciones culturales.

Sin embargo, muchas de estas actividades están indicando que para que las Romerías no devengan una sumatoria de espacios es importante también la profundización, el nivel teórico, la presencia de exponentes del arte contemporáneo que puedan ofrecer perspectivas y caminos sobre el desarrollo y la contribución, también a más largo plazo, del arte joven, como se ha dicho, por ejemplo, en  las sesiones de plástica de la Asociación. Con ello, ganaría fuerza Babel, el espacio de artes plásticas en las Romerías, pero también muchos otros. Un joven artista holguinero me comenta que en otras jornadas ha habido una combinación satisfactoria entre la vieja escuela del arte cubano y la más contemporánea y han llegado curadores internacionales como Amador Griñol, y que continúa en discusión la conformación hoy de estas fiestas, pues si bien pueden vincularse los artistas que lo deseen, “su participación debe fluir, en primer lugar, desde la magnitud de su obra, de su posibilidad de dejarnos aprendizajes. No ser repetitivos evitaría que las Romerías se estanquen. Es importante oxigenarla en cada edición”. 

Una puede darse cuenta que es fuerte el movimiento artístico en Holguín. Desde la trova han recuperado en antologías la memoria de acá y de otros sitios, se continúa confrontando ideas en torno a la relación con el arte nacional y mundial y se construyen nuevos espacios de diálogo; los ya legitimados también se utilizan. Acciones más sencillas muestran igualmente este deseo de llegar a otros y otras. Por ejemplo, en la sala de la UNEAC quienes participaron en el concierto de los Rolling Stones proyectaron los videos que lograron hacer, extendiendo el acontecimiento a quienes no pudieron asistir, sobre todo, a integrantes de generaciones holguineras más viejas, seguidores y seguidoras de esta leyenda.

Desde esa sensibilidad se habla de la pérdida en Holguín de eventos como el Festival de Pequeño Formato, el Salón de Arte, el festival de música alternativa Luna llena. Por eso, aun cuando las Romerías rehacen el ambiente de la ciudad, el debate permanece en aras de que estas no se agoten y  crezcan con todos estos criterios y formas de interpretarlas. Se trata, otra vez, de revisitar su esencia: que fuese un espacio cultural cada vez más inclusivo y abarcador.