Eugenio: lupa del estudio a la calle

La superación de los titiriteros en nuestro país es un tema que siempre sale a flote en la mayoría de las reuniones profesionales de los artistas del gremio. Tener la posibilidad de compartir e intercambiar experiencias con un maestro extranjero en una Isla que carece de una escuela para titiriteros es un lujo que no podemos perdernos. Siempre aprendemos, nos quedamos con algo que esa persona nos trae: su experiencia, su mundo, su cultura.

La mayoría de los maestros del teatro llegan a Cuba pagándose su propio boleto e imparten clases en nuestro país por las que cobran jugosos cheques en otras naciones. Nosotros acá, gracias a la bondad de esos profesionales, no abonamos ni un centavo casi nunca, por participar de un taller de ese tipo.

El seminario Animando: Introducción intensiva al teatro de animación, fue impartido en la tarde del 27 de octubre del 2017 en el marco del 17 Festival de Teatro de La Habana (FTH), en la sede de Teatro La Proa, como parte del programa teórico del evento. El profesor presentó una clase bien estructurada que terminó con una presentación en la calle de números sencillos de teatro de títeres. En solo tres horas tuvimos una introducción teórica, un entrenamiento, construimos un títere, improvisamos un pequeño ejercicio en grupos de tres personas y realizamos una presentación. Es fácil decirlo, pero más que fácil, resultó divertido y provechoso.

Como en todo taller comenzamos con las presentaciones. En este caso el maestro se presentó al final. Deoseffe llegó a este 17 FTH como parte de un recorrido por Latinoamérica con el espectáculo que estuvo en cartelera, Lupa: mundos para mirar de cerca. El programa de la gira también contiene el seminario impartido. Nuestro país se insertó en el itinerario de este titiritero después de haber visitado Chile, Colombia, El Salvador, México y Guatemala. Descubrimos en el discurso introductorio que nuestro profe es nacido en la ciudad de Tandil, provincia Buenos Aires, Argentina. Su mundo profesional comenzó muy temprano. Compartió sus comienzos entre el universo del clown y las clases de teatro. Luego narró sus experiencias en el Laboratorio de Marionetas de Tamaño Humano, impartido por la maestra rusa Natasha Belova, en Chile. Dos meses que, al decir de Eugenio, marcaron el rumbo de su vida profesional.
 

Eugenio Deoseffe. Fotos: Erduyn Maza Morgado
 

La parte teórica del taller fue necesaria para nivelar conocimientos. Las diferentes procedencias y edades de los alumnos obligó a una recapitulación de conceptos elementales en un seminario de animación: ¿Qué es verticalidad? ¿Qué es nivel? ¿Qué es el control de la mirada? Un rato más tarde estos conceptos se convirtieron en técnica, de manera que fue muy rápido confrontar la teoría con la práctica. Este fue uno de los grandes logros de este seminario.

El calentamiento físico estuvo enfocado en el trabajo con la concentración, la simultaneidad de acciones diferentes; la atención a la vez a diferentes puntos de atención y la coordinación. Un entrenamiento que prepara la mente y el cuerpo para hacer teatro.

Cada uno de los titiriteros  confeccionó su propio muñeco. Solo cartulina y cinta adhesiva, sin necesidad de tijeras, ni pinturas. Creamos nuestro títere de mesa o títere de manipulación directa para poner en práctica el trabajo en equipo y las tres leyes de la animación: nivel, verticalidad y control de la mirada. Principios que son imprescindibles para crear la convención de la vida. Las pautas de los personajes jamás estarán claras si no se conocen estas leyes, que como todas, se pueden violar, después de ser dominadas.   

Los títeres confeccionados resultaron ideales para caminar, rascarse la cabeza, saltar… hacer un sinnúmero de acciones. Nos lanzamos a investigar las nuevas criaturas humanoides en grupos de estudio de a tres titiriteros: uno con los pies, otro con la cintura y la mano derecha y el tercero con la cabeza y la mano izquierda. El Bunraku [1] japonés ha extendido su influencia hasta el mundo occidental. Su intención de imitar el gesto humano de forma realista inunda los intereses de diversas compañías. Nuestros títeres de mesa me remitieron inmediatamente a esta técnica asiática, milenaria y difícil de dominar por lo coordinación y la sincronización que deben tener los tres animadores. Explotar al máximo la plasticidad que sugiere este muñeco fue el mayor reto que tuvimos esa tarde.
 

Participantes en el Taller
 

Teníamos que crear una pequeña cadena de acciones. Cada grupo hizo su investigación. Luego partimos a intervenir la calle. El público pasó, opinó, intercambió con aquellos seres raros, hizo fotos; nosotros tuvimos nuevas vivencias, creamos grupos de trabajos nuevos, nuevos puntos de partidas.

Eugenio Deoseffe trajo a la sede de Teatro La Proa recuerdos del sabor y el valor que tienen los diferentes materiales para hacer un títere. Nos recordó que menos, es más, en este teatro que exige entrenamiento y segmentación en las acciones física. Esta segmentación es la que potencia la limpieza en la ejecución de nuestra partitura escénica.  

Trece personas compartimos conocimientos, energías. Éramos veinte los matriculados. Siento un mal sabor por aquellos que quisieron estar y no fueron aceptados, porque las capacidades estaban copadas. Siete colegas inscritos estuvieron ausentes. Siete no aprovecharon esta oportunidad y además privaron a otros del conocimiento.

La tarde comenzó conversando sobre el títere como objeto artístico, el títere como metáfora del movimiento. Terminamos haciéndonos fotos y compartiendo una merienda que restableció las energías para continuar de teatro en teatro en este 17 FTH. Hacer teatro, pensar en teatro, superarse, en esta profesión, debe ser parte de nuestra cotidianidad.  En este seminario compartieron generaciones muy experimentadas del teatro cubano y personas muy jóvenes que están comenzando su vida profesional. Asistir a este fenómeno es un privilegio. Formar parte de estos proyectos, propiciarlos es parte de lo ganado en esta fiesta habanera. Gracias a los organizadores por la idea y al maestro por compartir su genio.

Eugenio Deoseffe estuvo esta tarde junto a nosotros. Su lupa se replicó para mirar de cerca nuestra profesión. Nos quedamos con ella, nunca debemos perderla. Tuvimos la oportunidad de escudriñar en nuestros intereses. Deoseffe estuvo a nuestro alcance. Su mundo fue compartido. Acá se quedan los títeres, la lupa y la energía de un taller que viajó, en solo tres horas, del estudio a la calle.

Notas:

[1] Bunraku: expresión tradicional de los títeres japoneses. En estas puestas el títere alcanza cerca de un metro de altura y su diseño reproduce, con cierta estilización, los rasgos humanos. Estos títeres requieren tres animadores: el manipulador principal viste un kimono negro o blanco y por lo general aparece con el rostro descubierto. Con la mano izquierda sostiene el cuerpo del muñeco y mueve la cabeza, las cejas, los ojos y la boca. Con la derecha acciona el brazo derecho y en ocasiones introduce su mano sobre las anchas mangas del vestido para empuñar diversos objetos como espadas, copas o abanicos.
El segundo animador mueve el brazo izquierdo y el tercero los pies y los vestidos. Tanto el segundo como el tercer animador están cubiertos siempre por un kimono, una capucha y un velo negros.