Eugenio Hernández Espinosa

Yo escribía antes de la Revolución, pero jamás pensé que sería dramaturgo porque no había condiciones concretas para eso; la cultura no importaba, y mucho menos el teatro. Al triunfo de la Revolución, Fidel asume el Teatro Nacional de Cuba, que estaba dirigido por la doctora Isabel Monal. Allí se crea el Seminario de Dramaturgia para autores. Comienzo a estudiar en 1960 y empieza mi relación con la realidad, no solo desde el punto de vista de la escritura, sino también desde la revolución cultural que Fidel propone cuando asume la cultura popular que, antes del 59, era tratada muy despectivamente. Cuando se crea el Festival Obrero Campesino, se produce una trascendencia y un cambio radical en relación a la cultura y las clases más pobres. Eso fue un gran aporte para mí, porque sin esa coyuntura yo no hubiera podido escribir.

Es un estímulo imborrable lo que Fidel ha representado en mi vida. Tuve la oportunidad en varias ocasiones de verlo muy de cerca. Es una figura que uno nunca piensa tener cerca, y poder darle la mano parece imposible. Este momento ha sido muy doloroso para mí, pero sé que es hasta la victoria siempre, por eso diría: ¡Hasta la victoria siempre, Comandante invicto, ordene!