Espontáneamente en el Brecht

A sala llena en cada función, el grupo espirituano Cabotín Teatro, se presentó en Complejo Cultural Bertolt Brecht, cumpliendo con el programa del evento de mayor trascendencia de las Artes Escénicas de Cuba, el 17mo. Festival Internacional de Teatro de La Habana.
 

Espontáneamente es un espectáculo que conecta con públicos de diferentes edades. Foto: Sonia Almaguer
 

Espontáneamente es un espectáculo que conecta con públicos de diferentes edades, aunque los referentes utilizados en el texto del dramaturgo recién desaparecido, Amado del Pino, obviamente van dirigidos a espectadores menos jóvenes. Se referencian momentos de la historia cubana de los años 80 y 90, contrapuestos a La Habana de hoy, en la que sobrevive uno de los personajes y este contraste obliga a la reflexión, a las ideas y el autoconocimiento. En ese mismo tono, se citan a Farah María, Memé Solís y Beatriz Márquez, quien tuviera la gentileza de asistir a la última función. Pero la identificación con los públicos viene a estar dada por la dosis de honestidad de los actores en escena, de los sentimientos universales, a saber, la nostalgia, la tristeza, la soledad, entre otras.

La obra expone la paradoja social de dos realidades, a través de dos personajes. Uno, que regresa de España, buscando un país inexistente, solamente vivo en las reminiscencias, y busca salvarse de su soledad, su enfermedad, regresar a Cuba, pero nunca es el mismo lugar cuando se regresa y el otro, que nunca ha salido del país y trabaja en un bicitaxi cada día, también se siente atrapado por su realidad hostil, por la renuncia a sueños de ingeniero y la difícil manutención de sus padres.

 El primero viene a morir a su patria, el segundo, está muerto en vida. Ambos se encuentran en una noche casi sucia y contienden desde sus filosofías y frustraciones, sus sueños y desesperanzas. Solo los salva el afecto, como único recurso capaz de salvarlos y salvarnos a todos.

Estos personajes cobran vida a través de la actuación de dos figuras jóvenes y prometedoras, Alejandro García Calviño y Alexander Cruz Iznaga, los cuales poseen el talento para seguir creciendo, de hecho, están en esta importante cita del teatro cubano, lo cual ya es meritorio y llega como resultado de un arduo trabajo de montaje y puesta en escena, bajo la Dirección de Laudel de Jesús.

Pero hay más responsables de la ejecución de esta obra, la Asistencia de Dirección, estuvo a manos de Liobis García González, quien también es actor y por ello posee la mirada contrastante, con comentarios acertados y sugerencias, lo cual lo hace partícipe de los aciertos de Cabotín.  

Es de observarse, la arquitectura de la obra en función del actor, colocado en el centro de importancia en la estética de Cabotín Teatro, las relaciones humanas en conflicto como centro y no la espectacularidad y la grandilocuencia. Por ello, la utilización de elementos escénicos es muy naturalista y sobria, los elementos quedan más bien sugeridos desde el minimalismo y ello nos obliga a construir desde los fragmentos, tal y como lo hace el texto de Amado del Pino, desde un discurso coherente, pero extraño y que utiliza como elementos de progresión dramática, la intensidad del conflicto. No es un texto común, la escenografía tampoco debía ser demasiado obvia, lo cual es también un acierto a manos del artista de las artes visuales, José Alberto Rodríguez Ávila, el cual discursa desde la imagen y carga de significado estos signos. Simple y complejo, leve y profundo. Los elementos sugieren desde la fragmentación, deconstrucción, sírvanos de ejemplo, el bicitaxi, una pieza que evidencia en su diseño la mano de un artista de las artes visuales, José Alberto Rodríguez Ávila, el cual también diseñó todos los demás elementos y el video que se proyecta en el fondo, que dialoga desde su propio discurso narrativo, contraponiendo en ciertas zonas de la puesta, una imaginería que embellece el suceso teatral.

Debe seguir trabajando Cabotín Teatro en consolidar sus aciertos y no perder de vista los objetivos que han movido a muchos desde sus casas hasta los espectáculos: el cuestionamiento social, la preocupación antropológica por la Cuba nuestra, la elección de textos que dialoguen directamente con nuestra realidad, la sobriedad en cada pieza y el respeto que sentimos muchos por su quehacer.