Espiritistas ¡a cantar!

Uno de los asiduos lectores de los artículos, comentarios y reseñas que sistemáticamente publico en torno al rico y cambiante mundo de la música, por demás vecino de la cuadra en que resido, Reynaldo Baró Valle —conocido en el barrio por el sobrenombre de “El Chapa”—, me preguntó hace poco, en una de nuestras frecuentes conversaciones, si yo tenía algo en contra de la rumba, porque le había dedicado contados espacios a dicha manifestación sonora, de seguro una de las principales expresiones rítmicas que nos identifica como cubanos.

Confieso que aquello me puso a reflexionar y me llevó a realizar una revisión de los últimos textos que he dado a la luz, y en verdad, en cuanto al aludido asunto, no había hecho nada. Pensé entonces en referirme a alguna producción rumbera no muy afortunada tanto en cuestión de galardones como de promoción y que, no obstante, fuese portadora de genuinos valores culturales.

Aunque no lo digo a manera de justificación, lo cierto es que en medio de un mercado discográfico donde son muy escasos los fonogramas de carácter folklórico o religioso, hay que batir palmas por la edición de un material que se inscriba dentro de las reglas del juego de la rumba. Tal resulta el caso de Espiritistas ¡a cantar!, un CD que catalogo como necesario y que llena un vacío en la discografía nacional. Al compartir la escucha de la grabación con amigos conocedores del género, entre estos surgió el comentario de que por momentos la propuesta se tornaba en demasía predecible, lo cual traía por consecuencia un poco de monotonía a lo largo del álbum, que se salvaba por su carga mística.

Todo palero, santero o abakuá ha de sentirse identificado con el presente disco, contentivo de 17 temas que funcionan en la liturgia a modo de preparación del medium o caballo, y para facilitar la posesión de los espíritus. Oriundos de Guanabacoa (¿cómo iba a ser si no?), los Nani nos llevan al reino de lo no tangible, con ese particular modo de cantar que nos obliga a evocar a nuestros ancestros. Piezas como “El santísimo”, “Ave María”, “La luz retornará”, “Trabaja media unidad” y “Viene un ser”, por solo citar algunos ejemplos, trasuntan la intemporalidad de las voces del pueblo enraizadas en el más profundo misticismo. Por ello, poco o nada importa que la afinación de los intérpretes no resulte siempre del todo perfecta, porque aquí lo fundamental está en transmitir al oyente el genuino y auténtico sabor popular, la autoctonía que nos tipifica como nación.

Claro que este disco compacto realizado por Los Nani también posee méritos propios en lo estrictamente musical, que se manifiestan en la manera en que el grupo asume la ejecución del complejo de la rumba. Tanto Silvio Álvarez en el quinto, como Pablo Álvarez en el tres y Vladimir del Río en la tumbadora, ponen de manifiesto ser excelentes tocadores de los cueros. Por su parte, José Valdés, Emir Molina y Orestes Mario Toledo no se quedan atrás en sus funciones como voces de coro y a cargo de otros instrumentos percutivos que sirven de respaldo ideal al solista de la agrupación, José Duquesne.

No quiero soslayar tampoco la calidad de sonido de la grabación y de la mezcla del material, que posibilitan ubicar cada plano sonoro justo en el sitio donde debe ir. Por último, como afirma Natalia Bolívar en la nota de presentación de este fonograma, “Los Nani en su Espiritistas ¡a cantar! nos recrean las posesiones espirituales del crisol de razas, amalgamas étnicas de nuestra identidad nacional.” Así pues, a todos los que de un modo u otro hicieron posible la realización de un producto cultural como el que he reseñado: ¡Moforibale!