Escuelas de Cubanacán: entre los años y los sueños

A veces el mismo artista se “asusta” por lo que está creando… comentaba hace unos días el arquitecto italiano Vittorio Garatti al rememorar cómo concibió la Escuela Nacional de Ballet, parte del actual Instituto Superior de Arte (ISA).

La reflexión, formulada durante su estancia en Cuba, no fue casual. El proyectista regresó a la Isla convocado por nuevas iniciativas para rehabilitar el conjunto de obras que componen la Escuela de Artes de Cubanacán, donde se incluye la escuela de Ballet y otras destinadas a la Danza, la Música, la Plástica y el Teatro.

Deteriorado por el paso de los años y por la no terminación de algunas de sus construcciones, este complejo ha sido catalogado entre los más importantes de la arquitectura cubana contemporánea, y ciertamente entre los más discutidos y publicados.

Su diseño debía responder al espíritu de la obra, un espacio para la formación artística de los cubanos, para la forja del hombre nuevo… una idea sin precedentes en Cuba, recién independizada, que podía extenderse a la instrucción de estudiantes de otros continentes.

Para el arquitecto John Loomis —citando su libro Revolution of forms— las escuelas de Cubanacán fueron concebidas desde un punto de vista que abarcara la diversidad de la cultura cubana; una visión que aceptaba el lado subjetivo e irracional de la realidad y que miraba la historia local como medio para concebir un futuro socialista.

Con sus bóvedas catalanas, ladrillos y lozas de terracota, este complejo se alza en los terrenos del antiguo Country Club de La Habana, traspasado por el río Quibú. Luego de 50 años en pie, las construcciones diseñadas por Ricardo Porro (Cuba), el mencionado Garatti y su coterráneo Roberto Gottardi, son blanco de varias iniciativas para su recuperación y puesta en pleno funcionamiento.

Con la vista en el horizonte
Aunque a inicios de este siglo algunas instalaciones de la Escuela fueron reparadas, la desmejora es notable. Actualmente permanecen cerradas las escuelas de Ballet y de Arte Dramático, además de la de Música que no llegó a abrir sus puertas.

“En el último quinquenio el Ministerio de Cultura ha procurado gestionar recursos financieros para la reparación de las escuelas. Nuestra intención ha sido mantener un debate abierto sobre cómo ayudarlas, y en esa búsqueda se ha fortalecido la conciencia sobre su importancia y se ha logrado un mayor consenso en cuanto a las prioridades de reparación y mantenimiento”, explica el viceministro Fernando Rojas.

Entre las iniciativas proyectadas vale destacar la acción de académicos de universidades foráneas y representantes de entidades internacionales para generar una visión más abarcadora sobre el significado patrimonial de estas edificaciones, incluidas en la lista de sitios observados por el Fondo Mundial de Monumentos (WMF, por sus siglas en inglés).

Al respecto Michele Paradiso, profesor de la Universidad de Florencia con una importante participación en las gestiones, comentó a La Jiribilla sobre las actividades desarrolladas recientemente por ese grupo en Cuba, el cual recorrió las instalaciones de Cuabanacán y evaluó su grado de deterioro en compañía de autoridades nacionales, de los arquitectos Garatti y Gottardi, y de la viuda del maestro Porro, Elena Freyre de Andrade.

Explicó que algunos de los compromisos adoptados por los visitantes —entre los que figuraron además Norma Barbacci, directora de programas del WMF; Ángela Rojas, miembro de Honor del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios; y John Loomis, profesor de la Universidad de San José, California— son la realización de un Watch Day en La Habana (organizado por el WMF) y de un Seminario Internacional para la construcción de una red en aras del rescate de las Escuelas de Arte, con réplica en Europa. Se prevé que eventos similares se sumen durante el transcurso del año.

“Uno de los resultados más gratificantes del trabajo de este grupo —acotó el viceministro de Cultura— es el consenso que se logró entre ellos, las instituciones, los gestores y la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba sobre la protección del inmueble y las tareas emergentes que deben realizarse”.

La cooperación gubernamental italiana resulta otra de las acciones en perspectiva, con la cual se pretende recuperar la escuela de Teatro. La de Ballet, por otra parte, debe convertirse en centro multipropósito para la danza, objetivo al que está ligada la Fundación Carlos Acosta que, una vez más, el reconocido artista dispone a favor de la cultura nacional.

Con miras en el desarrollo de la enseñanza artística y la promoción de la cubanía, el proyecto del bailarín respeta el diseño original de Garatti y prevé ampliar el proyecto cultural, haciéndolo converger con conceptos actuales.

En cada uno de los planes se tendrá en cuenta el criterio de sus autores y de Elena Freyre de Andrade, en representación del fallecido Ricardo Porro.

Sin lugar a dudas, a pesar de la vegetación que hoy cubre parte de las escuelas y del deterioro, este complejo resulta uno de los más auténticos símbolos de nuestra cubanidad. La buena fortuna de su rescate no solo será beneficiosa para la enseñanza de las artes, sino también para el patrimonio nacional y del mundo.