Entrevoces dijo Yes

Una audición atenta del fonograma Oh Yes, de Digna Guerra y el Coro Entrevoces, revela más de una arista de interés, más allá de la justeza con que el Cubadisco 2015 compartiera el Gran Premio con La vuelta al mundo, de Alexander Abreu y Habana D’ Primera, hito indiscutible en la música popular bailable actual.

Ante todo, el hecho discográfico en sí mismo, revela la correspondencia de la línea editorial de Producciones Colibrí, y su equipo de dirección encabezado por Marta Bonet y Carole Fernández, con el registro de los más significativos exponentes de la música de concierto canalizada mediante los programas de desarrollo implementados por el Instituto Cubano de la Música, en este caso orientado al movimiento coral.


Oh Yes, Gran Premio Cubadisco 2015. Foto: Yander Zamora
 

Dejar testimonio de la labor de Entrevoces significa asegurar que hoy y mañana pueda el oyente acceder a una altamente calificada muestra de la música vocal, que tiene su origen en la formación y multiplicación de talentos como el de Digna Guerra, que primero en Cuba y luego en Alemania, tales los casos de María Felicia Pérez y José Antonio Méndez, entroncaron saberes y perfeccionaron métodos.

También el disco refleja la concepción abierta del repertorio de la agrupación y su defensa por parte de la casa productora. Entrevoces abarca en su trabajo los más variados estilos y tendencias de la música vocal. Eso no es privativo de la formación, en realidad el movimiento coral cubano se mueve sin prejuicios ni dogmas en un amplio espectro. Por haber tenido la oportunidad de participar en varios festivales corales europeos y cubanos, muchas veces he tropezado con directores y colectivos que cultivan determinadas parcelas pero que a la hora de grabar privilegian solo lo nacional o lo folclórico.

Oh Yes es un disco de música norteamericana, pero no cualquiera. Es un disco de negro spirituals. Esto, de por sí, implica una opción cultural.Oh Yes es un disco de música norteamericana, pero no cualquiera. Es un disco de negro spirituals. Esto, de por sí, implica una opción cultural. Es una muestra de compromiso y respeto hacia una zona de la creación popular más auténtica de una nación que fomentó la riqueza de sus élites sobre la base del trabajo esclavo.

El negro spiritual surgió entre los negros arrancados a la fuerza de África para ser explotados en las plantaciones de algodón, maíz y otros granos predominantes en el sur de Norteamérica, aún antes de la independencia de las Trece Colonias, situación que persistió hasta la segunda mitad del siglo XIX en los ya constituidos Estados Unidos de América.

A diferencia de los esclavos que fueron a parar a otras tierras del hemisferio, en el Norte no podían fabricar los instrumentos originarios de su tierra de procedencia y fueron objeto de una evangelización —lavado de cerebro— dictada por la rigidez del protestantismo y el anglicanismo. Mientras en Cuba, por ejemplo, las fiestas en barracones, bateyes y casas señoriales se asociaban a festividades del santoral católico y se tocaban tambores, en las Trece Colonias y EE.UU. esto era prohibido. Solo le quedaban a los esclavos la expresión de sus voces y el recurso de transmutar los himnos y salmos de los evangelizadores en cantos propios. Ese fue el origen del negro spirituals, con un perfil estilístico que encontró posterior desarrollo en la cultura gospel y cuya influencia se hizo notar, ya hacia la medianía del siglo XX, en la música soul y el rhythm & blues.

El negro spirituals posee varios niveles de significación. De una parte constituyen cantos de alabanza y entrega mística. Pero por otra manifiestan claves de resistencia y anhelos libertarios. Todo ello se entremezcla y subsume en los textos. Tampoco debe obviarse la subversión, en muchos casos, de los patrones rítmicos: las voces remedan los elementos percutivos prohibidos.


Foto: K&K
 

Tales características plantean problemas interpretativos para quienes desde otras culturas y una perspectiva contemporánea, aborden el repertorio de los negro spirituals.

Digna Guerra seleccionó arreglos corales de músicos norteamericanos pero los atemperó al estilo de Entrevoces y a las potencialidades de sus cantores. Pareciera un juego de palabras, pero Digna fue fiel al espíritu de los spirituals, y al mismo tiempo lo suficientemente dúctil como para que de algún modo se revelen claves de una identidad propia.

Es así como disfrutamos el aura festiva de “Every time i feel the spirit” y “Plenty good room on the glory train”, pero también la convicción sentimental de “Deep river” y “Nobody knows the trouble”, esta última portadora de un sentido metafórico que nos remite a las carencias en término de justicia que padecen todavía hoy los descendientes de los esclavos.

La entrega fonográfica se completa mediante las breves pero enjundiosas notas de la destacada musicóloga Miriam Escudero, la calidad de la grabación y un sugerente diseño que incorpora una de las tintas que últimamente ha trabajado el artista Cuty.