Entrevista medieval a un Titiritero con cuenta Nauta

 

No pude conectarme con el usuario @Nelson, a través del correo Nauta. Le había enviado las preguntas para esta entrevista, pero luego de tres días, todo indicaba que demorarían en llegar. Así que decidimos retroceder a una técnica menos moderna, pero eficaz y más directa: el teléfono. Desde La Habana lo llamé a su casa en Pinar del Río y le dicté las preguntas. Hablamos largo rato, después de todo, creo que ambos agradecimos la ineficacia del correo, porque así pudimos escuchar nuestras voces; siempre digo que la entrevista es un intercambio que necesita de la energía de ambos interlocutores.


Nelson Álvarez. “Muchas teatristas y amigos han puesto su confianza en mí”. Fotos: Cortesía del entrevistado


La artesanía de esta entrevista recuerda la artesanía de un oficio que no envejece, que está más allá de las nuevas tecnologías, y aunque las emplea en mayor o menor medida según estéticas y contextos, no tiene en este recurso la garantía de su eficacia. El arte de los titiriteros siempre será por excelencia, un oficio hecho desde las manos y el corazón, con la intención de dotar de vida a objetos, muñecos, títeres, figuras y todo aquello que el titiritero tome entre sus manos.

El titiritero Nelson Álvarez estudia Derecho en la Universidad. Entre varios reconocimientos, fue merecedor del Premio de Actuación Masculina en el festival Entretelones del año 2006 y el Premio Adolfo Llauradó en el 2015. En  diez años de vida vinculada al arte teatral, ha participado en 23 puestas en escena, lo que testimonia una firme vocación y un ritmo trepidante de trabajo.

Como parte de la primera edición del festival Habana Titiritera: figuras entre adoquines, ha sido invitado a la capital con el primer espectáculo que realiza como director: El Príncipe de los Colibríes. El grupo Teatro La Proa, interesado en su espectáculo quiere que el público capitalino conozca más de cerca la obra de Nelson, y sus apreciaciones sobre el teatro para niños y de títeres.

¿Cuándo comienzas a hacer teatro?

Desde niño me incliné por el mundo artístico, fui actor a los 10 años de edad del grupo de teatro de mi escuela participando en festivales provinciales y después continué en la secundaria. Cuando entré al preuniversitario, la beca me distanció de lo que fue mi juego favorito; pero al terminar, con 17 años, después de empezar a estudiar Economía en la Universidad, por azar pude empezar en el grupo de teatro amateur Teatro Máscaras de la Casa de Cultura “Pedro Junco” de la Ciudad de Pinar del Río. Decidí dejar los estudios para trabajar gratis de noche, haciendo teatro. Dos años después logro ingresar a un grupo profesional, Caballito Blanco, y ahí descubrí el mundo titiritero y de teatro para niños.

¿Qué agrupaciones y maestros han marcado tu entrenamiento actoral y tu espacio de crecimiento a lo largo de estos años?

Mi entrenamiento actoral tiene tres pilares fundamentales. Primero, el ABC que me enseñó Margarita Esquivel, directora de Teatro Máscaras, quien siempre digo que fue mi maestra de primaria. Muchas veces en horarios de madrugada, que era el horario de los aficionados o actores no asalariados, cuando no me salían bien las cosas deseaba salir corriendo de aquella pequeña salita de teatro y no regresar nunca. Margarita fue la que me enseñó a dejar a un lado la soberbia, y a ver que la actuación no era ni un rostro fácil ni la fama, sino una máquina de trabajo en la que un ser humano tenía que ser muchos “yo”. También es innegable el duro trabajo con Reinaldo León y Yuliet Monte, director y actriz respectivamente de Teatro de la Utopía, quienes me enseñaron de una forma académica el arte del actor, hasta que llegué a Titirivida y comencé ininterrumpidamente mi trabajo titiritero, en este grupo este tipo de teatro es todo. Ha sido este hasta hoy, mi espacio de crecimiento, ya que he contado con la suerte de participar en muchos eventos nacionales, confrontar con grupos colegas conocimiento y experiencias que me han nutrido para aprender el arte del títere. Es en este grupo donde he comenzado desde el año 2015 una labor de aprendizaje y de puesta en práctica de lo aprendidotanto en el campo de la dramaturgia como de la dirección.

¿Qué ha significado Titirivida para ti?

Titirivida ha sido una puerta hacia una forma de hacer teatro que me sedujo por completo. Ha sido ese espacio donde yo he podido comenzar mi búsqueda como artista y construir de a poco mi propia estética. Es algo en lo que ahora estoy inmerso. Al no existir en Cuba una academia que enseñe el trabajo con los títeres, y sufrir la desventaja de lo provinciano, la labor escénica es lo que puede resarcir esas carencias. Un día entendí que debía inventarme mi propia escuela si quería superarme, tocando puertas, escuchando a los experimentados y observando atento cada espectáculo titiritero y beber la literatura especializada. En ese caso, ¿cuál podía ser el equivalente de los exámenes? Pues sería el proceso de escritura y montaje de mis propios textos. No dejo de crear mi realidad teatrera y eso es gracias a Titirivida, que tanto Luciano Beirán como los demás integrantes se han puesto a mi disposición y han depositado su confianza en mí. Sé de muchos que comenzaron sin un lugar de ensayos y con apenas un actor, mi realidad es otra, soy suertudo, y la mejor manera de retribuir es aprendiendo y trabajando. ¿Qué más puedo pedir?

¿Cuáles espectáculos y personajes te han marcado?

Me han marcado distintos espectáculos en mi vida, podría mencionar El Camarón Encantado, que fue mi primer unipersonal, aprendímuchísimo. Se me iba la vida, caracterizando entre texto y texto a ambos personajes (Masicasy Lopi), estuve un año en ese proceso y fue todo un reto que no olvidaré. Llegué al estreno con 39 de fiebre y tres flemones en la boca, pero lo hice y cuando lo presenté aquí en el Guiñol Nacional, fue muy bien recibido por el público. También tengo que hablar de Adonde van los ríos, hasta hoy el texto con el que más me he identificado, agradezco a la dramaturga y actriz María Laura Germán por escribirlo, no he podido traerlo a la capital pero espero hacerlo un día, también es un unipersonal y Marino, su personaje principal simplemente soy yo.


“Creo con todas mis fuerzas en la complejidad del teatro de títeres”


El Príncipe de los Colibríes es el primer texto escrito y dirigido por mí. No me considero dramaturgo, respeto mucho esa profesión, solo creo un espectáculo desde la escritura con los modestos conocimientos dramatúrgicos que un actor debe poseer.

¿Cómo valoras el contexto teatral en Pinar del Río, en particular el teatro para niños y de títeres?

Creo que estamos dando buenos pasos en sentido general. En nuestra ciudad el teatro ha sufrido una gran depresión durante varios años; pero creo que la suerte está cambiando, poco a poco. Contra las adversidades los grupos nos las agenciamos para estrenar cada año. Logramos retomar nuestro evento, que estaba extinto, y por suerte pudimos contar con amigos como Teatro Papalote, Teatro La Proa, Teatro de La Villa, entre otros que nos extendieron su mano y vinieron a este rincón olvidado para decir “aquí estamos”. Además de sus puestas en escena, impartieron talleres y conferencias. Aprendimos y sobre todo, nos sentimos parte del ambiente teatral cubano; esa sensación la merecemos y la necesitamos en verdad. Creo que el teatro para niños corre mejor suerte en Pinar del Ríoque el teatro para adultos; todos los años uno o dos actores son premiados, tanto de Alas Teatro como de Titirivida. Anualmente participamos, ya sea un grupo u otro, en los eventos más importantes de la red teatrera cubana, no estamos tan mal. Por suerte nos colaboramos y nos sentimos como un buen equipo responsable del teatro de títeres y para niños de nuestra provincia.

¿Qué significó para tu agrupación y para ti, el Premio de Actuación “Adolfo Llauradó” que recibiste en el año 2015?

En el 2014 obtuve una mención del Premio Adolfo Llauradó, con Adonde van los ríos. Éste suceso me cambió la vida. Fue un punto de giro total, a partir de él, ya no fui más ese actor desesperanzado por el fatalismo geográfico, y mis colegas me vieron diferente. Al conocerse la noticia me convertí como en una especie de ente único porque todos me hacían el centro. El día en el que tuve que viajar hasta La Habana, para recibir en el Pabellón Cuba mi reconocimiento en la gala, me sentí como un terrícola que aterriza en el planeta Marte (Risas). Estaba emocionado y temeroso, tanto que cuando mencionaron mi nombre se hizo casi un bache en la gala, que no fue más largo por las señas que los organizadores me hicieron para que subiera el estrado, y sin sentir mis pies fui y tomé entre mis manos aquello que yo creía imposible. Para completar en 2015 obtuve el Premio Adolfo Llauradó por la obra El Caballito Blanco, y ahí me dije: “parece un sueño, pero no, de nuevo estoy aquí”. No puedo simplemente expresar en pocas palabras lo que para mí significó que me consideraran un joven actor que merecía un premio tan importante como ese.

¿Con cuál espectáculo participarás en el festival Habana Titiritera: figuras entre adoquines? ¿Es un estreno? ¿Esta es tu primera experiencia como director? ¿Dirigir ha sido una elección de contexto, o es una necesidad que ya se viene gestando a partir de tu experiencia como actor?

Participaré con El Príncipe de los Colibríes, un texto escrito y dirigido por mí, inspirado en Meñique, cuento dado a conocer en la revista La Edad de Oro, gracias a la gran labor de José Martí. Estrenado recientemente en 2016, el 21 de diciembre, como parte del trabajo que estoy haciendo con los textos de La Edad de Oro.


Adonde van los ríos. Titirivida


En mi versión del original, Meñique vive en el seno de una familia disfuncional, su madre murió, el padre no pudo con todo después de ese suceso y el hermano lo prefiere muerto, porque lo culpa de su desgracia. Pero, este pequeño e intrépido personaje logra construir su propia familia casándose con la mujer que ama y conociendo a un enorme hermano, que aunque diferentes, se unen como un verdadero grupo familiar, defendiendo que lo más importante está en el corazón, y que a veces tu verdadera familia no es la que te toca, sino la que construyes en el camino de la vida.

El teatro para niños y de títeres es considerado por algunos como una modalidad menor, o menos compleja que el teatro para adultos. Aunque en Cuba contamos con grupos de trayectoria reconocida dentro y fuera del país, y con una serie de eventos que testimonian la salud del movimiento teatral enfocado en el público infantil, sigue siendo subestimado aún en algunos sectores. ¿Por qué te decidiste por la modalidad del Teatro para niños y de títeres?

Muchos consideran al teatro de títeres como un arte menor. Algunos actores prefieren y sueñan con ser el centro de la escena, necesitan ser ellos quienes sean mirados y no una figura. Pero creo que es también un poco de falta de imaginación, con el perdón de los actores no titiriteros. Yo, que confieso, no amaba este arte en mis comienzos, siento que es hermoso darle vida a una figura y hacer que el público se ilumine al ver como tú logras animar eso que sin ti y tú sin eso, no sería nada.

¿Qué particularidades hacen del teatro para niños, una experiencia especial, necesaria y a veces, más compleja escénicamente que el teatro para adultos?

Creo con toda fuerza que el teatro para títeres y aún más el de niños, es bien complejo. Todos hablan de la responsabilidad que tenemos los que nos dedicamos a hacer teatro para niños. Y tienen razón absoluta. Los más pequeños son una esponja, pero ahí está el reto que me fascina: ¿cómo hacer este teatro sin caer en la bobería? ¿Cómo tratar temas comunes y cotidianos con profundidad y a la vez saber darle la dosis precisa? Estoy evocando al maestro Artilles, de quien me nutro indirectamente claro. Actualmente, trabajo en un texto escrito por mí y titulado Zapaticos para Rosa, inspirado en Los Zapaticos de Rosa,de José Martí. No escatimé en tratar la diferencia económica entre los niños de la Cuba actual en un contexto escolar, y el profundo resquebrajamiento de los valores familiares, donde pretendo alertar sobre la educación de aquéllos que un día serán los adultos. Y no cuento más porque si no pierdo el factor sorpresa (Risas).

¿Qué próximo espectáculo estás concibiendo?

Ahora estoy de lleno en el montaje Zapaticos para Rosa. Aquí he querido tocar en el montaje y en la historia, otra arista totalmente diferente de El Príncipe de los Colibríes. En esta ocasión me arriesgo mucho más, porque intento recrear en escena cuatro mundos que para mí están en Los Zapaticos de Rosa: el mundo de los niños, el de los adultos, el mundo de los ricos y el de los pobres. Todo esto ubicado en nuestra realidad, y tomando la figura martiana como paradigma que sublima el mundo de los niños y lo muestra superior a los otros tres. Esta puesta en escena me está enseñando a animar títeres de mesa que hasta ahora nunca lo había hecho, y además estoy conduciendo a los actores. Dándome cabezazos contra la pared estoy aprendiendo (Risas).

¿Prefieres alguna técnica dentro del mundo de la animación de muñecos/títeres/objetos?

Creo que es muy temprano para elegir una técnica, recién aprendí a trabajar el títere de mesa, me encantan los marotes porque pueden ser muy dinámicos, pero creo que el “invento” y la fusión va a ser lo mío. Anuncio públicamente a mis amigos de Teatro La Proa que me tendrán mortificándolos, porque quiero que mi próximo espectáculo sea con títeres de varilla, y yo he visto que ellos son geniales en eso, así que tendrán invasión pinareña en La Habana.

¿Qué sientes que no debe faltarle a un titiritero?

Siento que a un titiritero no debe faltarle el corazón. Con sensibilidad puede mucho, con la habilidad, con la modestia y con el deseo puede mucho, pero con todo eso puede todo. Tendrá el mundo en sus pies, siempre que lleve en su mano un títere y dentro de sí, este arsenal inagotable.

¿Cómo crees que podemos defender el movimiento de teatro para niños en Cuba?

Pienso que no debemos cansarnos, el teatro es muy agotador pero reconfortante, porque nos alivia la neurosis diaria, un teatrista verdadero muere si no hace teatro, por tanto, hay que trabajar y tratar de hacerlo bien, para no morir. Si hay gente que ama el teatro, habrá siempre teatro porque el público siempre lo amará.

Me sorprendieron mucho el carisma y la picardía de Nelson, pues siempre que lo vi fuera de escena, tuve la impresión de estar frente a un joven tímido y callado. Resulta que habla bastante, defiende sus ideas, y siempre tiene una broma bajo la manga. Después de cada intercambio me decía: “Recuerda que en Pinar del Río siempre estamos en 26”. Creo que la próxima vez que acordemos una entrevista, será mejor probar con el IMO. ¿Qué crees Nelson? Si ya el Nauta nos defraudó, tendremos que explorar otras opciones. Él demorará en contestar, por eso los convoco a disfrutar de su “presencia real” y de su actuación en el espectáculo El Príncipe de los Colibríes. Recuerden que está programado como parte del festival Habana Titiritera…, entre los días 7 y 13 de agosto.

Permanezcan atentos a este pinareño inquieto y tenaz. Nelson tiene los tres sentidos que un titiritero cubano nunca debe perder: el “sentido del momento histórico”, el “sentido común” y un encantador “sentido del humor”.