Entregan Premios Casa, edición 59

Dos cubanos recibieron ayer sendos galardones en la 59 edición del Premio Literario Casa de las Américas. Hilando y deshilando la resistencia (pactos no catastróficos entre identidad femenina y poesía) y Todas las patas en el aire, le valieron a sus autores Yanetsy Pino Reina y Rafael de Águila —respectivamente— los lauros en las categorías de Estudios sobre la mujer y Cuento.

 
 Yanetsy Pino junto a Rafael de Águila, durante las premiaciones. Foto: Racso Morejón
 

El primero de los textos, declaró el jurado, es “una lectura creativa y rigurosa a la poesía cubana de mujeres de fines del siglo XXI, entre cuyos aportes propone un modelo propio de investigación a la crítica literaria que se sostiene en dos categorías fundamentales: discurso de resistencia y poética de la contramemoria”. La solidez del volumen, agregaron, es enriquecida por el “latido personal” de la autora expresado con total claridad y coherencia desde una perspectiva transdisciplinaria.

En tanto, Todas las patas en el aire “es un libro del deseo y el desasosiego”. En palabras del jurado, sus relatos presentan miradas y voces en contrapunto que interpelan la realidad desde diferentes perspectivas y reflejan la incertidumbre propia de nuestro tiempo con una prosa densa y envolvente que desarrolla historias enmarcadas en diferentes épocas y geografías.

En declaraciones a este medio, de Águila mencionó que se trata de diez cuentos que entrelazan historias individualizantes con otras de epicidad distópica, en las que está presente la historia de Cuba. La preferencia por el género —añadió el también Premio Alejo Carpentier (2010) y Julio Cortázar (2017)— estriba en considerar su personalidad “atada al cuento”: “La novela es la persistencia en el tiempo, el cuento es un flashazo, algo personal, que comienza y termina rápido, y también soy así”.

Sobre la sorpresa de recibir el Premio Casa este año, comentó que, a pesar de su trascendencia, aún descree del “poder” de los galardones: “En muchas ocasiones he dicho que descreo de los premios, que no son importantes en la vida de un narrador. El premio se lo inventamos a la realidad, la verdadera realidad que es la obra. Sin embargo, lo recibimos y de alguna manera te visualiza y hace sentir más seguro.

“En este caso todos sabemos la trascendencia del Premio Casa y la importancia que tiene. Recibirlo es un honor inmenso y al mismo tiempo una enorme responsabilidad. Porque cada premio es una responsabilidad; es el acicate para seguir escribiendo cada vez mejor, si fuera dable. Para mí, es el premio más importante que he recibido; y es un honor, sabiendo que en esta sala respiraron los más grandes”.

Otra nación privilegiada en la 59 cita del certamen fue Argentina, a cuyas pampas llegaron los lauros en las categorías de Teatro y Ensayo de tema artístico-literario por Paraje Luna, de Fernando José Crespi, y Óyeme con los ojos: cine, mujeres, visiones y voces, de Ana Forcinito, respectivamente. Por otro lado, Carlos Minchillo recibió el galardón en el apartado de Lieratura brasileña por Erico Veríssimo, escritor del mundo; mientras que Anthony Kellman (Barbados) fue el premiado en Literatura caribeña en inglés o creol por la novela Tracing Jala.

Como es habitual en las ceremonias de clausura, la ocasión fue propicia —además— para la entrega de los premios de Poesía José Lezama Lima, de Narrativa José María Arguedas, y de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada. En el primero, fue El zorro y la luna, poemas reunidos (1981-2016) la obra que llevó el lauro a manos de José Antonio Mazzotti (Perú); en tanto La Madriguera y Cartografía de las letras hispanoamericanas: tejidos de la memoria le valieron el galardón al uruguayo Milton Fornaro y al argentino Saúl Sosnowski, respectivamente.

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