Enseñanza artística: ¿todo está bien?

La enseñanza artística es uno de los sistemas educativos que demanda más recursos y medios, por su grado de especialización. En Cuba, lo sabemos, estos programas cuentan con un respaldo presupuestario que se ajusta, obviamente, a las posibilidades del Estado. Pero en Cuba, también lo sabemos, la enseñanza artística, y todas las enseñanzas, son gratuitas, universales y extendidas.

Parece algo tan cotidiano y natural que a veces lo olvidamos. Esa concepción fue una de las más tempranas definiciones de la política cultural de la Revolución y uno de sus primeros resultados.  

Como parte del perfeccionamiento del modelo socialista cubano, tres años atrás se llevaron a cabo transformaciones en este campo, con el objetivo de elevar la calidad de los procesos pedagógicos y de los claustros, y ajustar el sistema a las necesidades territoriales.


Fotos: Archivo La Jiribilla


De entonces a acá se han ido resolviendo problemas, se ha hecho mucho más racional la utilización y explotación de los recursos disponibles, se han introducido mejoras en los planes de estudio y se han concentrado las matrículas.

Conviene, sin embargo, reflexionar sobre ciertos aspectos que a nuestro parecer resultan decisivos en la actualidad y de cara al futuro, los cuales no tienen que ver, precisamente, con las capacidades económicas, financieras y materiales del Estado.

Uno se relaciona con el estudio y la asimilación de métodos y prácticas pedagógicas y la confrontación con referencias internacionales. No es la misma situación la que se presenta en todas las especialidades ni en todos los eslabones del sistema, pero si desde la base no atendemos adecuadamente este tema registraremos retrocesos a la larga lamentables. No se trata únicamente de contar con bibliografías y bases documentales suficientes, para lo cual la informatización puede desempeñar un papel proactivo, sino de saber explotar lo que tenemos.

De un ejemplo negativo en tal sentido hemos sido testigos. Conciertos de primerísimo nivel al que apenas asisten estudiantes ni profesores. Exposiciones de altísima calidad en galerías y museos que no se estudian ni debaten en las aulas.

 


 

Otro aspecto nos remite a hacer cada vez más atractiva la presencia de los mejores talentos en los claustros, y de incentivar en ellos capacidades pedagógicas. Hay que hallar fórmulas para que esos talentos mantengan un vínculo efectivo y sistemático con los alumnos.

No por último menos importante, una tercera cuestión debe estar en el centro del sistema: la formación humanista de los alumnos. Cuando hablo de esta formación incluyo en ella la transmisión de elementos de juicio para entender el mundo en que vivimos, la realidad del país, nuestra historia, nuestra cultura popular, nuestras convicciones políticas, nuestro compromiso con el mejoramiento humano.

Hace poco recordaba una anécdota que Eusebio Leal suele evocar. Cuenta el notable historiador de La Habana que Juan Marinello, al recorrer un mercadillo en la ciudad de Florencia, leyó en el fondo de un plato de cerámica, una inscripción que rezaba: “El arte no tiene Patria, los artistas sí poseen una”. A eso vamos, nuestros futuros artistas sí poseen Patria.