Encuentro para solitarios

“¿En serio vas a ir a un Coloquio?” Esta pregunta arañó con insistencia mi ya endeble interés sobre el asunto durante todo el trayecto desde mi casa hasta la UNEAC, sede del segundo de su tipo a nivel nacional. Con toda sinceridad he de reconocer que siempre intento escurrir el hombro, en la medida de lo posible y con notable éxito, para no asistir a estas reuniones, considerándolas endogámicas, improductivas y casi velorios repletos de plañideras quejumbrosas, sin otro interés que el de hacer notoria su eterna inconformidad.

Y por si a alguien este término le es ajeno, chequeen esto: Coloquio: del latín colloquium: conferencias religiosas cuyo fin es discutir y debatir un punto de doctrina para conciliar diversos puntos de vista. Por extensión, reuniones y conferencias de especialistas de diversas ramas.

Nadie más predispuesto al entrar en la Sala Villena de la UNEAC, el miércoles 4 de abril del 2018.

Nadie más dispuesto a admitir su error dos días más tarde.


Temas como la censura y la autocensura provocó debates y polémicas. Fotos: Página de Facebook de la UNEAC

 

Y es que, aunque se repita hasta el cansancio el tan manejado dístico: “la literatura es el oficio más solitario del mundo”, el escritor, ser humano por excelencia y social y gregario por antonomasia, es incapaz de sustraerse a la necesidad de confraternizar, para compensar la soledad real a la hora de enfrentarse a la página en blanco. Es imprescindible nutrirse de la Experiencia Humana, así, con mayúsculas, de la que luego se extraerá ese amago de vivir que es la ficción, y compone el núcleo del quehacer creativo que da sentido a la existencia de un escritor.

4 de abril: Primer round del Coloquio.

En horas de la mañana, y bajo la batuta de Alberto Guerra Naranjo, último ganador del premio internacional José Nogales, y cuya novela, La Soledad del Tiempo, publicada por Ediciones Unión, vio la luz en esta última Feria del Libro, tuvo lugar el panel: Los Novísimos Escritores Cubanos y la Narrativa del Siglo XXI. Distintas generaciones literarias se reunieron en la mesa de charlas, desde un veterano Antonio Rodríguez Salvador (Chichito), pasando por representantes de los novísimos, Raúl Aguiar, Rafael de Águila y el siempre controvertido Yoss (José Miguel Sánchez Gómez), quienes aportaron sus vivencias de escritores bisoños durante la funesta etapa de los noventa, hasta Ahmel Echevarría, el más joven integrante del panel. También se contó con la presencia del Premio Nacional de Literatura, Eduardo Heras León, nuestro entrañable Chino Heras, creador de esa importantísima, y a la vez desdeñada, academia para escritores que es el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, aportando el inestimable tesoro de sus vastos recuerdos.

A través del acertado manejo de Alberto Guerra, desfilaron temas que trascendieron la mera exposición de datos y remembranzas, algunos bien escabrosos, yendo desde la ausencia casi total de crítica literaria en nuestro país, hasta la obligada necesidad de auto promocionarse, provocada por la abulia institucional, ocasionando acaloradas intervenciones por parte de un público que en ningún momento fue espectador pasivo.

En la tarde, echando mano de una efectiva formula que se repitió durante las siguientes jornadas del Coloquio, se dio paso a entrevistas personales y lecturas de los más reputados escritores cubanos, siendo Pedro Juan Gutiérrez y Mylene Fernández los convocados en esta oportunidad, seguidos por lecturas de escritores invitados a tal fin, cuya escala multigeneracional fue desde un curtido y eficaz Emerio Medina, los ya no tan jóvenes Raúl Flores Iriarte, Dazra Novak, Nguyen Peña y Yeney de Armas, miembros de la auto denominada Generación Año Cero, hasta llegar a los integrantes de Ariete, un grupo literario de solera recientísima, de cuyos participantes en ese primer día cabe destacar a Damián Leal, cultor de un peculiar humor fantástico que trajo una bocanada de aire fresco a los ya algo agotados oyentes.

5 de Abril: Segundo round.

En esta oportunidad, el encargado de moderar temas y ánimos fue Alberto Marrero, y la mañana abrió con el panel: Retos de la Novela Cubana Actual, con un plantel de lujo conformado por Marilyn Bobes, Laidi Fernández, Eduardo del Llano, ganador del premio Alejo Carpentier en el género novela, y Emerio Medina, interesantísimo tema en un país donde los especialistas reconocen en el cuento el género narrativo por excelencia.

Una vez más, temas tan espinosos como la censura y la autocensura, el escaso monto de los derechos de autor y la necesidad de subsistir a base de ganar concursos por parte de quienes viven del oficio de escribir, provocó debates y polémicas en las que participaron por igual panelistas y público, dejando al descubierto fallas y debilidades de un sistema editorial que aún no consigue satisfacer ni las demandas de los autores, ni sus necesidades.

El encargado de abrir el capítulo vespertino, con su lenguaje ameno, cercano y cómplice, fue un conocido veterano de las letras: Antonio Rodríguez Salvador (Chichito), aportando el cúmulo de sus vivencias y regalándonos, de paso, una extraordinaria muestra de su quehacer literario, leído a ritmo trepidante. Luego fue el turno de Rafael de Águila quien, en meteórico ascenso, ha conquistado desde el premio de cuento Julio Cortázar hasta el Casa de las Américas, también en cuento, pasando por el Alejo Carpentier en el mismo género.


Pedro Juan Gutiérrez  fue uno de los escritores convocados. Foto: Página de Facebook de la UNEAC

 

A modo de cierre, las lecturas más disímiles volvieron a competir por el respeto y aplausos de los espectadores, desfilando bajo la atenta y crítica mirada del auditorio las voces de Lourdes de Armas, Malena Salazar, Ariel Maceo, Iris Rosales, Alejandro Rojas y otros, siendo lo más reseñable de estas, a juzgar por ovaciones y hasta algún grito entusiasmado, felicitaciones y acertados consejos y sugerencias posteriores, los conflictos estudiantiles de Alejandro Mustelier, capaces de arrancar sin reparo la más franca carcajada general, y el realismo mágico rural de otro integrante del Grupo Literario Ariete, Nelson Pérez, en el que guajiros y pescadores vuelven a ser protagonistas a través de una voz muy particular, desmarcándose de un campo literario saturado de escenarios urbanos y lenguaje chabacano.

6 de abril: Último round:

En la tercera y última mañana de este Segundo Coloquio Nacional de Narrativa, fue Raúl Aguiar, profesor del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y autor de las novelas Mata; La hora fantasma de cada cual y La estrella bocarriba, el encargado de conducir el panel: Como se ve la Literatura Cubana en el Mundo, en el que estuvieron invitados personalidades de la talla de Gilberto Padilla, Marilyn Bobes, Reinaldo y Emerio Medina, Raúl Flores y el maestro Víctor Fowler. De un tema tan polémico se espera siempre, como en efecto ocurrió, los criterios más diversos y las controversias más encendidas, suscitando quizás las más exaltadas en todo el coloquio, pero arrojando siempre un saldo positivo, dejando claro que en la diversidad de ideas y visiones está, no solo la riqueza, sino las oportunas propuestas que conlleven a las tan necesarias soluciones.

En la tarde los homenajes fueron para Marilyn Bobes, Mirta Yáñez y Eduardo del Llano, quien, con su habitual carisma, consiguió deleitar a la concurrencia con un cuento de su archiconocido personaje Nicanor O’Donnell, dejando la tarea de mantener el interés después de semejante trou de force, a la batería designada para el cierre: Jamila Medina, Roberto Viña, Reinaldo Medina, Nelton Pérez, Frank David Frías, Roque Darana y otros, repitiendo por parte del grupo Ariete, Damián Leal.

Luego, cerrando con broche de oro, algo que fue el común denominador al término de cada tarde y que toda la tropa dio en llamar “el verdadero Coloquio”: la inevitable y esperadísima celebración, acompañada de guitarras y vodka, y mucha, mucha más literatura, en diálogo franco y cordial camaradería.

¿Impresiones? Queda mucho por hacer. Un coloquio de estas características fue no solo oportuno, sino indispensable, respondiendo a la urgente necesidad de acercar posturas y buscar resultados que nadie puede esperar que caigan del cielo. Más allá de puntuales deslices, dígase algunas lecturas pedantes e interminables, y ciertos comportamientos detestables de algunos insolidarios que, haciendo gala del exhibicionismo más egoísta, ni siquiera aguardaron su propio punto final para abandonar la sala, obviando las demás propuestas y sin el más mínimo interés de contribuir a los debates o compartir con colegas de oficio, los organizadores, en especial Alberto Guerra, artífice principal del evento, merecen todo el reconocimiento del mundo por este esfuerzo pensado para el bien común.

A pesar de las mencionadas manchas, que ni de lejos logran ensuciar toda la sábana, y que de ninguna forma se pueden achacar a sus organizadores, el saldo final fue positivo, consiguiendo aunar diversas generaciones aún más allá de la sala de conferencias, logrando un espacio en el que destacó la presencia de los más jóvenes, demostrando no solo un interés renovado en este tipo de eventos, sino una incuestionable calidad en sus propuestas que no cede, salvando las distancias, naturalmente, a las de otros más veteranos y curtidos.

Así que, sí, puede ser cierto eso de que escribir es el oficio más solitario del mundo. También lo es que vale la pena salir de la concha y experimentar la Vida junto a otros hermanos de trinchera. Sean los coloquios de narrativa una forma más para lograrlo. Por suerte este, en ocasiones obtuso escritor, ha logrado comprenderlo.