En Santiago de Cuba no hay trabas para la trova

Al término de la edición 56 del Festival Internacional de la TrovaPepe Sánchez, efectuado en la ciudad de Santiago de Cuba del 15 al 19de marzo, locales y visitantes ya extrañan los acordes de guitarra quesedujeron sus sentidos en los parques, calles o a través de losbarrotes de una antigua ventana.

Es cierto que esas actividades culturales colorean, espontáneamente,la oriental urbe durante todo el año, pero el Pepe Sánchez las fusionó y a través de un programa variado, recorrió casi toda estatierra tan musical.

Más de 40 unidades artísticas participaron en el empeño de rendir elmerecido tributo a la trova, fuente inagotable de otros génerosmusicales y de éxitos que han llevado el nombre de Cuba a todos los confines del planeta.

Festival con el nombre del santiaguero Pepe Sánchez, nacido el 19 demarzo de 1856 y autor de Tristezas, primer bolero en Latinoamérica; este evento celebra especialmente cada 19 de marzo el Día del Trovador.

Para esa fecha se realiza en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia la Ruta del Trovador, que honra con flores, música y poesía a  los restos mortales de Sánchez, y también de Miguel Matamoros, Pepe Banderas, Ángel Almenares, Ñico Saquito y Feliz B. Caignet, entre otros grandes del género.

En la noche de esa jornada, los participantes protagonizaron unasentida gala de clausura en el Parque Céspedes, en el corazón de laciudad de Santiago de Cuba, con la que celebraron la dicha de la música cubana por sus grandes trovadores, a quienes recordaron como entes creadores matrimoniados con la guitarra y sus versos.

El cantautor oriundo de esta tierra santiaguera, Eduardo Sosa, presidente del Festival Pepe Sánchez en sus últimas ocho entregas, declaró que una de las mayores metas de esta edición fue trasladar el foro a locaciones atípicas, en barriadas y municipios.

Palma Soriano, por ejemplo, contó con las actuaciones de William Vivanco, Toni Ávila, Clásicos del Son y el Septeto Son de Santiago; en cambio la clausura de la parte teórica fue en Segundo Frente, donde tuvo lugar un encuentro de ejecutantes del Tres con la presencia de Pancho Amat y su Cabildo del Son.

 El trecero Pacho Amat uno de los participantes de la 56 Edición del Festival Internacional de Trova Pepe Sánchez,
durante el concierto de Annie Garcés en la Sala Dolores de Santiago de Cuba. Fotos: Miguel Rubiera Justiz

 

También la actuación de varios septetos, popular formato dentro de la música tradicional cubana, ocurrió en la barriada de El Tivolí, en la ciudad capital, con presentaciones del Septeto La Trova, Moneda Nacional, el Septeto Santiaguero, entre otros, al que asistió gran cantidad de un público enamorado del género. Al respecto, Sosa manifestó que para los artistas es una experiencia muy enriquecedora retroalimentarse de las preferencias de los santiagueros en los barrios, porque en esa población hay un gran conocimiento de música y mucha naturalidad en el momento de expresar si lo que escuchan es bueno o no.

Jóvenes que defienden el estilo musical como Giselle Lage, Andy Rubal y Jorge Serpa tuvieron un espacio en el patio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, quienes, moderados por la cantautora Adriana Asseff, interpretaron  cada noche un variado repertorio, tomando como base la trova, pero sin limitarse en incursionar en el flamenco, el jazz o el feeling.

Entre los que se congregaban entusiasmados en esta peña se encontraba la colombiana Diana Ortiz, de 24 años, quien aseguró que lo que más le atraía del Pepe Sánchez era el ambiente de colaboración generado entre las agrupaciones, pues observó que en cada tarima, todos los músicos terminaban actuando juntos. Esa camaradería, causante de la improvisación, las descargas inesperadas, los dúos o tríos ocasionales y hasta la unión de dos septetos en un tema, es una característica habitual en las actuaciones de la Casa de la Trova, que en tiempo de festival se extiende por todos los espacios y los invitados se apropian de ella.

Carlos Tejeda, director hace 38 años del grupo espirituano Son del Yayabo, expresó que: “justamente ese sentimiento que durante las presentaciones transita desde los espectadores hacia los artistas y la cálida acogida que reciben, es lo que los hace volver invariablemente cada año”.

“Aquí uno actúa para el pueblo, pero también aprende de él”, afirma Tejeda, quien tiene un sinfín de anécdotas con el auditorio y las cuenta como quien habla de la familia, porque asevera que su presencia en esta cita le ha permitido traer las curiosidades de la trova espirituana, y a la vez llevarse para el centro de la Isla lo más autóctono de Santiago.

La empresa comercializadora de la música y los espectáculos Miguel Matamoros, organizó el festival con el apoyo de la Dirección provincial de Cultura, el Instituto Cubano de la Música y el Centro Nacional de Música Popular, pero tal y como señala el presidente del evento, el principal protagonista fue el público.

“Conciertos con cierta capacidad de asistentes y también abiertos, trovadas inusuales y hasta conversatorios, tuvieron vida porque siempre hubo un espectador deseoso, esperando lo mejor de los artistas”, afirmó Sosa, y ese es el síntoma fundamental de que Santiago de Cuba atesorará su trova, sin trabas, por muchos años más.