En busca de un teatro inclusivo en los Estados Unidos

¿Cómo insertar en las proposiciones teatrales de Estados Unidos a la población latina y afrodescendiente? ¿Cómo incentivar una escena que incluya culturas emergentes y urbanas como el hip hop? ¿Cómo lograr una dramaturgia que respete un enfoque de género participativo y de empoderamiento para las mujeres? ¿Cómo brindar voz en las obras a minorías —que no lo son tanto— de inmigrantes que hoy conviven en esa nación?

Estas y otras interrogantes respondieron teatristas de varias organizaciones, grupos y universidades del sur norteamericano, durante el Coloquio Memoria, trayectos y colectividad, que acontece como parte de la Temporada  de Teatro Latinoamericano y Caribeño Mayo Teatral 2016.

Para William Virchis, fundador del Teatro Máscara Mágica radicado en San Diego, la manifestación escénica debe brindar la oportunidad a todos de expresarse sin distinción de género, credo o color de la piel.

Con unas 300 obras escritas, actuadas o dirigidas, el también académico insiste en que los latinos están ausentes del teatro tradicional hecho y producido en los Estados Unidos.

En ese sentido, Virchis ha privilegiado, durante sus más de 30 años de trabajo, la temática y el quehacer del teatro chicano. La inmigración, la discriminación, la intolerancia, el irrespeto a los derechos ciudadanos elementales, y la población latina como fuente de trabajo y subcontratación en el occidente, han sido tópicos recurrentes en sus propuestas.

Para el director de Manos llenas de polvo (1991) resulta esencial la defensa de un arte con todos y todas, que elimine las fronteras entre el discurso conservador y las esencias de culturas como las latinoamericanas.

“El teatro debe ser inclusivo por naturaleza, y ese es nuestro precepto. Por ello, intentamos potenciar la presencia de tradiciones y valores latinos en un país que cuenta con un gran por ciento de esta población”, explicó. “En múltiples ocasiones, la mayoría se convierte en minoría, artísticamente hablando. Y eso lo debemos evitar. Hoy es el momento”.

A esta defensa se sumaron Carlos Morton y Rickeryby Hinds, ambos de la Universidad de California. El primero, desde la promoción de grupos vulnerables como los campesinos y los emigrantes del Sur del continente; y el segundo, desde la integración del teatro con manifestaciones de arte popular como el hip hop.

Para Hinds, la escena debe cobijar a las múltiples creaciones presentes hoy en los Estados Unidos, y más cuando son silenciadas en los grandes medios de comunicación.

Al hip hop como pretexto de trasfondo, Hinds suma un llamado contra la discriminación racial en la nación norteamericana. Su obra respira entonces, como él mismo expresó, un hilo dramatúrgico conducido por los componentes del hip hop —como el break dance, el disjockey (DJ), el grafiti y el rap—, ensalzado, a la vez, con sentidos temas para la comunidad afrodescendiente, como la violencia, la discriminación laboral y el maltrato policial.

En esta visión de un teatro que abarque a todas y todos, no podía faltar entonces un enfoque de género. Este lo defendió en el panel la directora del grupo Casa 0101, Josefina López.

Según López, si tan importantes son los tópicos sobre indocumentados o culturas marginales, una dimensión multiplicada representa el tema de las mujeres insertadas en estos espacios.

“Sufrimos una discriminación doble, por latinas y por mujeres. Eso hay que reflejarlo en el teatro”, señaló. “Vivimos en un país que defiende una concepción tradicional y arcaica de la belleza; en la que todas debemos ser flacas, esbeltas, talla 0, cuando las centro y suramericanas, como promedio, llevamos talla 12-16. Exponencialmente la población latina crece en los Estados Unidos, por tanto, debemos derrumbar estos conceptos excluyentes”.

López, quien ha escrito, producido y dirigido para teatro y televisión más de 20 obras, apuesta de igual forma por opciones comprensibles para todos los públicos. “Intentamos que las piezas sean de fácil entendimiento para que las personas de estos grupos vulnerables y preteridos no solo sean objeto de nuestro discurso, sino que puedan entenderlo también y sentirse representados”, insistió.

“Hay mucho racismo ahora mismo en la televisión y el teatro estadounidenses. Depende de nosotras y nosotros que los latinos, que los olvidados, cuenten sus historias. Se nos ha tratado como gente invisible, es importante relatar, en verdad, quiénes somos”.