El profe

A Gustavo Tequetero le llamaban El Profe de la comunidad campesina Arroyo del Infierno. Este hombre de talante seco, pequeño de estatura y ademanes educados,  sabía cinco idiomas a la perfección, y era a su vez, un maestro emérito de Gramática e Historia, Filosofía, Física, Astronomía y Química.

Su mayor desconocimiento estaba en el deporte, mas paradójicamente, era un apasionado de la pelota, aunque conocía muy poco de reglas y de tácticas ofensivas y defensivas.

En fin, Gustavo era el típico aficionado al beisbol que discute por lo visto y apreciado según su análisis interior, socorrido por la autoridad extracorpórea  que le daba el título honorífico de El Profe.

Su debut y despedida como mánager de los Adoquines de Arroyo del Infierno ocurrió una tarde en que su equipo como anfitrión  discutía la corona con los Tronco’e yuca de Sabanita.

A iniciarse un día después, había que celebrar el encuentro a toda costa, pues el representante de Arroyo del Infierno-Sabanita saldría de este desafío.

El sempiterno director de Los Adoquines, Caruco Mentehueca, tuvo que viajar por urgencia familiar a Santiago de Cuba y le fue entregado el mando del conjunto a Tequetero, quien fungía hasta ese instante como una especie de asesor  profesoral, sobre todo para llenar las hojas de anotaciones, ya que Cuco, de bajo nivel cultural, escribía de forma indescifrable, y con múltiples faltas de ortografía el nombre de sus peloteros.

El partido debió comenzar a la  una de la tarde, mas una vaguada soltó un aguacero de madre y señor mío y no fue hasta las cuatro que se pudo jugar con el terreno maltrecho, pero cómo se discutía el pase a la final provincial de segunda categoría. A iniciarse un día después, había que celebrar el encuentro a toda costa, pues el representante de Arroyo del Infierno-Sabanita saldría de este desafío.

Los ampáyer se reunieron y enjuiciaron: “Cuando caiga la noche y no se vea la pelota el que esté arriba es el ganador.” Y así se lo hicieron saber a los dos directores, quienes a regañadientes aceptaron la decisión arbitral.

Los Tronco’e yuca de Sabanita, con los últimos rayos solares,  hicieron una carrera en la entrada del cuarto episodio. No obstante, en la salida del propio inning Los Adoquines, con dos outs en la pizarra, lograron llenar las almohadillas y al bate Timoteo Buenavista.

Timoteo, como siempre, intentó exprimir al pitcher contrario. No era muy buen bateador y una base por bola significaba la carrera forzada y el empate del desafío.

Ya en conteo de 3 y 1 un lanzamiento aparentemente bajito el árbitro lo apreció de otra manera y gritó: "!estrai dos!”

Y ahí mismo fue cuando salió El Profe a protestar. Caminó hacia el home y muy ceremonioso y con su voz pausada le dijo al ampaya:
—Mire, señor juez,  como políglota al fin, lo primero que le voy a aclarar es que no se pronuncia: “¡estrai!”, sino strike, por lo que debe poner la lengua detrás de los dientes, tomar aire, y soltar la palabra lentamente, como si fuera un pequeño silbido, para lograr la dicción correcta.

El ampáyer de jon, apodado Mario Comeyerba, asumió la palabra políglota como policía custodio de la pelota, y solo atinó a decir:

—Eh eh… decía usted, jefe.

—Decía no, digo que los vocablos en idioma inglés hay que pronunciarlos correctamente, sobre todo algunos que han sido insustituibles como es precisamente  strike u out, pues no existe una traducción al español para equipararlos.

Y acto seguido lo exhortó:

— A ver, pronuncie correctamente: ¡Strike!

 Comeyerba comenzó a deletrear la palabra inglesa, mientras El Profe le refrendaba: “Please repeats!” hasta que al fin pasada media hora el juez logró articular algo parecido.

Pero El Profe no había terminado, y pasó a analizar el segundo propósito  de su visita al plato:

A la tertulia se había sumado el árbitro de tercera Pedro Echapoco, quien era, además, el bodeguero de la comunidad y había cursado la Facultad Obrero Campesina, lo cual le posibilitó entender un uno por ciento la explicación de El Profe.

—Mire, Mario, la posición del bateador desde sus axilas a las rodillas con respecto a un ángulo equidistante que es la mascota del receptor, forman una figura geométrica que no se puede observar físicamente, pero sí existe, y es por dentro de ese rectángulo— cuyo perímetro representa la suma de todos sus lados;  P= 2.b+ 2.a—,   donde debe pasar la esfera para ser considerada un legítimo strike.

“Y como rectángulo  es la relación entre base y altura, y como la esfera cayó debajo de ese paralelogramo, debe ser considerado como un lanzamiento malo que provocaría la cuarta bola y la paridad del juego.”

—Ñoo, Profe, atinó a decir Comeyerba.

A la tertulia se había sumado el árbitro de tercera Pedro Echapoco, quien era, además, el bodeguero de la comunidad y había cursado la Facultad Obrero Campesina, lo cual le posibilitó entender un uno por ciento la explicación de El Profe por lo que trató de rebatirlo con este argumento:

—Disculpe, profesor,  pero el estrai se canta por donde pasa la pelota, y no donde esta caiga.

Tequetero se llevó las manos a la cabeza y le incriminó a Echapoco.

—Compañero  ampáyer, parece que usted desconoce por completo la ley de Isaac Newton aplicada a un sistema de dos partículas o dos cuerpos (esfera y mascota), cuyas dimensiones físicas son pequeñas comparadas con la distancia inicial entre ellos, lo cual conlleva a que ambos cuerpos describirán una curva cónica  (parábola o hipérbola) respecto a un sistema de referencia inercial con origen al centro de masa del sistema, que además coincidirá con uno de los focos de la cónica; y si no sucede así, como en este caso, el lanzamiento no puede ser considerado strike.

—Bueno Profe, pero ya Comeyerba lo cantó estrai y no lo puede echar para atrás. Además, su bateador no está ponchado ni mucho menos. Le queda otra oportunidad.

“Sin embargo, recientemente el prestigioso físico Richard Muller, que durante muchos años negó la teoría del calentamiento global, se retractó luego de ver los resultados de un estudio que realizó sobre el cambio climático.”

— ¿Usted me quiere decir, que al señor Mario le es imposible retractarse de su  fallo anterior?

Y sin esperar la respuesta volvió a tequetear:

—Precisamente Giordano Bruno por no retractarse, el Papa Clemente VIII ordenó a que fuera llevado a las autoridades seculares el 8 de febrero de 1600 para ser declarado herético impenitente, pertinaz y obstinado. Luego fue expulsado de la iglesia y finalmente ejecutado.

“Sin embargo, recientemente el prestigioso físico Richard Muller, que durante muchos años negó la teoría del calentamiento global, se retractó luego de ver los resultados de un estudio que realizó sobre el cambio climático.”

No me esperaba esto, pero, como científico, creo que es mi deber rendirme a la evidencia y cambiar de opinión", dijo Muller”, y Tequetero continuó su conferencia magistral, pero ya solamente se escuchaban sus palabras, pues la túnica de la noche se había apoderado del terreno de pelota y de los cuerpos de los peloteros, mánager y ampáyer. Solo allá en el firmamento tintinaba una  estrella solitaria.

—“¡Se acabó el juego!”, dictaminó el juez del home.

Luego le pidió la bola al pitcher y el permiso al Profe para marcharse, acción que imitaron los otros tres árbitros.

Los jugadores del equipo de Los Adoquines abandonaron cabizbajo el estadio, mientras en el banco de los  Tronco’e yuca de Sabanita, los visitadores saltaban eufóricos por la victoria y el pase a la final.

Tequetero miró hacia el cielo, y ya solitario sobre la grama, comenzó a disertar:

“Esa que ven allí es la llamada Osa Mayor, la constelación más representativa del cielo boreal a una distancia de 60 y 110 millones de años luz. La Osa Mayor, elogiada por Homero en su Odisea….”, pero el estadio ya no era más que un búho negro, solitario y silencioso, que escuchaba atentamente las palabras instructivas del astrólogo conferencista.