El pintor asesinado

El escritor, artista de la plástica y periodista Leonel López Nussa (1916-2013), es el autor del libro El pintor asesinado, publicado por Ediciones Unión, sello editorial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

López Nussa le confiere novedosos recursos estilísticos y literarios a una narración policial, lo cual constituye más que una virtud, una verdadera proeza, en momentos en que el género realiza —al menos en nuestra plataforma insular— desesperados intentos por revolucionar las líneas temáticas y los discursos expresivos; razones por las que muchos escritores apelan a la ciencia ficción, a escenas cargadas de erotismo hetero, homo o bisexual y a la extrema crueldad.  

El pintor asesinado es una novela signada por elementos cercanos a lo original, algo en extremo difícil, pero no imposible de lograr, por los recursos utilizados por maestros de la talla excepcional de Agatha Christie, Arthur Conan Doyle, William Irish y Daniel Chavarría, entre otros  clásicos del género policial.

Sin embargo, resulta aceptable el enfoque empleado por el carismático intelectual cubano, al valerse de atmósferas y personajes contrapuestos, con nombres y apellidos referidos a su profesión, en la pesquisa realizada en torno al asesinato de un pintor —con bien ganada fama desde el punto de vista artístico-profesional, pero con escasos recursos económicos— cuyo móvil podría ser, en apariencia, pasional.

López Nussa narra en primera persona, utiliza el humor, a través de la parodia, en escenas comunes y corrientes, las cuales adquieren un sentido simbólico en la actuación del teniente Fernando Pesquisidor, a partir de los hallazgos de las indagaciones llevadas a cabo por el oficial de la policía, en la escena del crimen: un yerbazal cercano a un pantano, con casuchas a su alrededor.

El cadáver del occiso presentaba señales de ensañamiento; hecho que focalizó la atención y el interés del investigador como consecuencia de las múltiples y profundas heridas, ocasionadas por golpes contundentes con una cabilla u otro objeto parecido.

Pesquisidor, tras sus primigenias observaciones, intentó descubrir los móviles del crimen en los diálogos que estableciera con los asistentes al mortuorio de Felipe F (así se nombraba el difunto).

Personajes importantes dialogan con el oficial, en distintos momentos u ocasiones: la esposa, la amante y un periodista muy perspicaz, el joven Curioso, quien desempeña un papel coprotagónico en la narración, ya que —a través de sus aportes— contribuye al esclarecimiento del crimen.

En la correspondencia del protagonista aparece una bien documentada valoración acerca de las actuales corrientes pictóricas que revelan los amplios y anchos conocimientos del autor en el campo de las artes plásticas, donde él se movió como «pez en el agua».

Quienes desean desentrañar si fue un crimen pasional o no, y, por supuesto, conocer la identidad de la persona que asesinó al pintor deberán sumergirse en las páginas de ese volumen, cuya lectura los atrapará desde el principio hasta el final, cuando el teniente Pesquisidor y el periodista Curioso —con pruebas irrefutables— esclarezcan ese horrendo hecho de sangre.

Leonel López Nussa dio a la estampa, en Cuba y en México, las novelas: El ojo de vidrio (1955); El asesino de las rosas (195_); Tabaco (1963); y Recuerdos del 36 (1967). Fundó y dirigió en Consolación del Sur, en la provincia de Pinar del Río, la publicación humorística La Recordata, aunque sus primeros escritos aparecieron en La Luz.