El peso espectacular sobre el cuerpo

 

Fotos: Ricardo Rodríguez Gómez

Todo comenzó sin telón, con los cuerpos de carne y de resina dormidos sobre el escenario de la Sala Tito Junco del Bertold Brecht y el discurso paralelo de Müller proyectado como imagen sonora en alemán y escritura visualizada en español. Esta  historia arrancó a correr luego con Leartes delante de una cámara de video y se fue agotando, tal vez porque así lo exigía el Ayer dejé de matarme gracias a ti Heiner Müller, de Rogelio Orizondo, en su propia naturaleza de cuestionamiento cuasi apocalíptico a la progresión utópica de la historia  del teatro y la realidad. Ambos devenires desde Shakespeare hasta hoy se asfixian en un desamparo de nuevos convincentes ideales y con ellos, como si ontológicamente fuera,  el propio montaje del alemán Andreas Bauer en la retórica de sus intenciones posdramáticas sobre el texto de Orizondo.

La instalación escénica concebida para la presentación de esta  pieza va dejando de ser operativa luego de destellar sugerentemente en la arrancada. La fragmentación desde lo audio-visual y la provocadora incoherencia accionante se vuelven estancadas y los cuerpos fatigados se fuerzan con recursos más efectistas para sostenerse totalmente en ese paisaje conceptual (que al final abandonan) donde luchan por la desjerarquización del mayor poder de unas palabras que resuenan en varias lenguas y se leen sobre una pantalla en sus traducciones simultáneas.

 Conceptualismo visual, danza teatro, performance y una excéntrica canción  se entrecruzan con el diseño gráfico y el vestuario escénico para una posible subversión de la moda como expresión de política homogeneizadora.

Por el camino apareció Yilliam de Bala coming son, de la mano de Sandra Ramy y Colectivo Persona, con los cuerpos accionando desde una interacción crítica con un mundo diseñado para vestirlos. Movimiento corporal, sonoridad e imagen audiovisual bregan con las codificaciones simbólicas e iconográficas que modelan el vivir contemporáneo en supuesta pasarela.  Conceptualismo visual, danza teatro, performance y una excéntrica canción  se entrecruzan con el diseño gráfico y el vestuario escénico para una posible subversión de la moda como expresión de política homogeneizadora.

Los cuerpos coreografiados por Sandra Ramy luchan por defenderse de las poses y el bombardeo de imágenes en sus estrafalarios decir y hacer del posdrama de Yilliam… Incitan en la emancipación de identidades y en las rupturas de estereotipos a una nueva protesta contra los roles instituidos por una  repetición estilizada de los actos y el vacío de ideas que fabrica una sociedad ultramodelada.   

Pero una gran revuelta espectacular con alta dosis de esencias feministas llegó desde Australia y se anunció como Glory Box. La Revolución. El show de cabaret que se construye en  proceso desde hace diez años por Moira Finucane & Jackkie Smith ya vive su oncena temporada de presentaciones por una buena parte del mundo. Este colectivo de artistas juega con los límites del entretenimiento a partir de la liberación burlesca de los sentidos de lo erótico y la manipulación cínica de un reconocido accionar entre lo sensible y lo radical.

Ciertos intensos performances salvan o justifican otros comedidos actos dentro de un divertimento liberal que busca mover los bordes de las tolerancias y correr los límites de lo que puede hacer y ser el cuerpo de una mujer.

En el Glory Box que desempolvó un tanto el legendario escenario del Copa Rum del Hotel Riviera de La Habana, los cuerpos son llevados de la mano de la fenomenología como seres sexuales que se rehacen y se siente una intención de expandir los imaginarios  seducidos bajo ese lema de lucha donde todo lo personal es político. Cada artista construye sus propias acciones espectaculares desde sus posibilidades como humano vulnerable, lo que facilita una diversidad que ayuda a las modulaciones de las atmósferas de lo que se anuncia como una noche salvaje pero igual amorosa, a veces complaciente. Ciertos intensos performances salvan o justifican otros comedidos actos dentro de un divertimento liberal que busca mover los bordes de las tolerancias y correr los límites de lo que puede hacer y ser el cuerpo de una mujer.

Una mujer envueltica en carne y vestida de enfermera, algo grotesca y a su vez bella, también abre las puertas al Cuban Coffee by Portazo´s Cooperative (CCPC). Ella,  antes de invitarnos a pasar a sala del show, a este otro cabaret,  nos hace un prolongado discurso sobre la política establecida por Ella para dirigir los actos dentro de su cabaretesco negocio o empresa cubana de nuevo tipo.

Así comienza la historia desde la manera como se recuenta la nación cubana en esta propuesta que es una excelente conjugación de los históricos y universales modos escénicos acriollados, ahora mismo, desde una perspectiva crítica de contextualización sociopolítica. Me ahorro reiterar  todas las categorías, manifestaciones y referentes  ya antes expuestos a través del camino. La investigación desarrollada por Pedro Franco y sus artistas empleados en crear el Cuban Coffee by Portazo´s Cooperative los llevó a restablecer creativamente e ingeniosamente todo un sistema orgánico de pensar y hacer el teatro para estos tiempos cubanos, que incluye incluso los criterios de presupuestos económicos y artísticos que transforman el sistema de las artes escénicas en una Cuba que cambia muy rápidamente, según algunos desde afuera, y demasiado ralentizada, según los muchos desesperos acumulados desde adentro.

Cierra esta obra este recorrido, como cerrará el Festival. Pudiera anunciarse como el espectáculo del año. No se lo pierda. Puje por lograr una mesa y ser servido de ese coctel bien preparado para sentir y pensar dura y gozosamente la vida, donde hasta su propio cuerpo tendrá momento, espacio y derecho para la gran performance antes que caiga el telón.