El pecado capital de Esteban Insausti

“Esta no es una película musical. Insisto en que quede claro. Es un drama sobre la envidia, que tiene como subtexto un club de jazz. Los protagonistas son músicos, pero es una historia sobre el conflicto que tiene mucha gente con la gloria personal y ajena. El eje del filme es ese sentimiento oscuro, ese pecado capital reconocido en todas las culturas como algo detestable”.

Entrevista con Esteban Insausti durante el rodaje de su más reciente película, Club de jazz (Foto Paco Bou).
 

Con pasión –como se supone hagan los directores de cine de sus obras- habló Esteban Insausti de su película Club de jazz durante la primera visita de la prensa al rodaje. El largometraje de ficción, que se rueda actualmente en los Estudios Fílmicos de Cubanacán, está producido por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) con el apoyo del Programa Ibermedia.  

Tres cuentos componen la historia: Saxo tenor, Contrabajo con arco y Piano solo. El primero se sitúa a finales de la década de 1950; el segundo, de los 80; y el tercero, entre el fin del siglo XX y principios del XXI. No obstante, Insausti puntualiza que el filme no se circunscribe a un país determinado, “pues la envidia es un drama universal. Además, me interesa que funcione en cualquier lugar del mundo”.

Para la selección de los actores y actrices, esta vez no bastaron las aptitudes histriónicas, hacía falta también buen oído musical. Y es que el director decidió no utilizar dobles, de ahí que tuvieran que aprender a tocar los instrumentos.

“Nunca se había hecho en Cuba una película tan relacionada con el jazz. Los actores tienen que doblar la música y eso no lo puede hacer todo el mundo. Tuvieron que prepararse en ocho meses. Estudiaron con profesores de música, solfeo, armonía... Una película con este rigor se prepara en cualquier parte del mundo con dos o tres años de antelación”, apuntó Insausti.

Conocidos histriones protagonizan el largo: Héctor Noas, Samuel Claxton, Yailene Sierra, Luis Alberto García y Mario Guerra, junto a otros más jóvenes, entre ellos, Álvaro Rodríguez, Pedro Pablo Bernal, Raúl Capote, Claudia Valdés y Yasel Rivero.

A pesar del correcorre y las tensiones que implica un día de filmación, pudimos conversar con tres de ellos, específicamente con los protagonistas de Contrabajo con arco: Raúl Capote, Claudia Valdés y Mario Guerra, quienes dan vida a Israel, Carmen y Amado, respectivamente.

“Afortunadamente me tocó el bajo –confesó Capote-. Si hubiese sido el piano (instrumento protagonista del tercer cuento) me hubiese vuelto loco. Hasta estudié a Jaco Pastorius (uno de los bajistas más importantes en la historia de bajo eléctrico)”.

Sin embargo, la complejidad de Israel no termina ahí. Por primera vez se enfrentó Capote a un personaje como este que, según el actor, tiene muchos puntos de contacto con grandes figuras del jazz. “Sobre todo con esos que son muy buenos en su profesión, casi genios, pero que en un momento de su vida y carrera pierden la perspectiva por adicciones como las drogas y el alcohol. Israel está al límite de la vida, viene –como explica Insausti- de regreso de una carrera de triunfos, de buenas cosechas a nivel musical. Ahora está enajenado totalmente, padece la crisis que provoca el ego. Como lo domina todo a nivel musical, parece que el mundo se le quedó pequeño”.

Carmen es la esposa de Israel, y para Claudia Valdés tampoco ha sido fácil encarnarla. “Esta mujer y yo no tenemos mucho en común. Es muy sufrida, es alguien que ha pasado por muchos problemas, pues carga con un esposo al que ama mucho pero que es un drogadicto. Creo que lo único que compartimos es que ella hace todo por amor. La defiendo por esa parte, por lo que es capaz de hacer y hasta dónde es capaz de llegar con el propósito de salvar al hombre que ama”.

Hace diez años Claudia vive fuera de Cuba. Antes de Club de jazz su último trabajo en el cine fue precisamente con Insausti, en el filme Larga distancia (2006).

“Desde entonces él me dijo que volveríamos a trabajar juntos. Nunca imaginé que fuera luego de casi una década. Cuando comenzó este proyecto me envió el guion por correo electrónico. Me quedé enamorada de la historia y mi personaje. Nos comunicamos, entonces, por esta vía hasta que vine a Cuba, hice un ensayo y le gustó mucho”.

De Amado, Mario Guerra –quien trabajará también en la próxima película de Ernesto Daranas-no quiso dar muchos detalles. “Es un crítico de jazz y amigo de Israel. Alguien frustrado desde el punto de vista personal, por lo que se mueve en zonas bastante oscuras, por decir un color, ¿no? Dice Esteban, y yo le creo, que escribió el personaje pensando en mí para interpretarlo. Es la primera vez que trabajamos juntos”.

Club de jazz será en blanco y negro, y para la fotografía Insausti seleccionó dos directores: Ángel Alderete y Alejandro Pérez.

Según el realizador, dos fotógrafos es algo que no tiene antecedentes en el cine nacional y ha funcionado de maravillas. “En Cuba a veces se considera extraño una dirección a cuatro manos de fotografía, arte o banda sonora. Sin embargo, a nivel internacional es cada vez más frecuente, incluso, en las grandes compañías. Ambos han asumido la fotografía con el mismo concepto estético. Alderete fue el maestro de Alejandro, por tanto, son dos generaciones diferentes en una misma sintonía”.

Pero no solo desde el punto de vista “estratégico” se aleja Insausti de la producción cinematográfica cubana. “En esta película reina la sombra. El estilo de luz no es el tradicional. Me interesa más la sombra que la luz, lo que resulta la antítesis de la manera en que se ilumina normalmente nuestro cine”.

Aunque los tres cuentos se enmarcan en periodos diferentes, asegura el director que los tres son iguales de complejos desde el punto de vista de producción, “sobre todo por el contexto económico en el que vivimos. Cuento para este filme con un presupuesto diez veces mayor que el de Larga distancia, sin embargo, las dificultades y los retos son también mayores. Todos los días caminamos por el filo de una navaja. A veces pensamos que no podremos ni terminar de filmar. Todo ajeno a nuestra voluntad, por supuesto. Tiene que ver con asuntos burocráticos, económicos…, porque mi staff es excelente”.

El club, tanto interior como exteriormente, fue construido en los estudios. El director de producción, Rafael Rey, explicó que valoraron buscar una locación en la ciudad para la filmación, sin embargo, luego decidieron que sería mejor construir el club.  

“Como es un inmueble que va deteriorándose con el tiempo, era mejor hacerlo y de esta manera poder modificarlo a nuestro antojo. O sea, armarlo en un estudio resultaba más económico que alquilar un local. Quizá los materiales nos cuesten más, pero nos simplifica el trabajo por otra parte. Así y todo, creo que es una de las películas más complejas que se ha propuesto el ICAIC en los últimos años”.

Para el próximo 15 de abril se prevé el final de la filmación de Club de jazz, cuyo guion tenía Insausti escrito desde hace 14 años. “Pensé que haría este filme primero que mis anteriores obras, pero la vida es como es…”. Esperemos, entonces, que este “retraso” haya sido para bien y que dentro de poco pueda el público cubano contemplar una película que, de verdad, merezca sus aplausos.

Fuente: Cubacine