El maestro Daniel Guzmán
Fotos: Cortesía del autor
 

Tendría unos seis, quizá siete años, cuando vio un acordeón de botones en la vidriera. Nunca había tenido algo semejante, pero lo quiso instantáneamente

Tal vez allí comenzó la historia musical del maestro Daniel Guzmán Loyzaga (Santiago de Cuba, 5 de julio de 1942), violinista, saxofonista, arreglista, orquestador, director de orquesta, docente. Un artista que parece no haber descansado nunca.


 

Desde su estudio, en su casa en el Reparto Sueño, puedo ver la cubierta del primer disco de Los Taínos y el diploma que le acredita como Director Titular Honorario de la Orquesta de Universidad Autónoma de Nuevo León, México (2014). Dos momentos separados en geografía y tiempo, pero que forman parte de una misma vida. Hermosa, intensa vida, irrenunciable tributo a la música cubana.

El pentagrama lo sedujo desde que inició sus estudios musicales con figuras de la talla de Antonio Serret, María Luisa Girón, Alcibiades Castillo, Electo Silva, Miguel García. Con apenas 12 años, en 1955, se vio al frente de una singular agrupación en el Instituto de Segunda Enseñanza de su ciudad natal. La Charanga Taína.

Guzmán dirigía y tocaba el violín, mas la sonoridad del día provenía de formatos como el de la orquesta de Benny Moré. Buscaban esa fuerza y los violinistas empezaron a estudiar saxofón, que al aliarse con trompetas y trombones, derivó en jazz band. El nombre que se impuso fue orquesta Los Taínos. Comenzaba una historia, pero no solo musical…

“La Asociación de Alumnos del Instituto buscó enmascarar las actividades clandestinas del Movimiento 26 de Julio. En cierta ocasión, ensayamos en una escuela privada. Mientras tocábamos, en un aula de al lado, se imprimían  proclamas en un mimeógrafo y el ruido se ahogaba con nuestros instrumentos. Incluso, dentro del piano, había armas”.

El peligro era real y sus padres decidieron enviarle a EE.UU. en 1957, poco después de los sucesos del 30 de Noviembre. Allí siguió sus estudios generales, al tiempo que formaba parte del New York Schools of Music...

Una orquesta espectáculo
La vida gira en Cuba en enero de 1959, y en ese propio año, Daniel Guzmán regresa. Da un abrazo a los suyos y se reencuentra con los integrantes de Los Taínos. En el Vista Alegre Tennis Club (hoy Círculo Recreativo Orestes Acosta) intercambian con Los Chavales de España y se presentan en el show del afamado Pepín Vaillant. En el cabaret Rancho Club acompañan a los grandes, desde Bola de Nieve, Rosita Fornés o el cuarteto Las D'Aida.


Los Taínos, una orquesta espectáculo
 

Cuando se logra un sueño, cuando en 1968 se funda en Santiago de Cuba, Tele Rebelde, primer canal televisivo tras el triunfo de la Revolución, Daniel Guzmán se convirtió en director musical. Los Taínos fueron la orquesta escogida para acompañar aquellas transmisiones en vivo, revistas, recitales y hasta dramatizados.

“Fue un trabajo hermoso, exigente; pero llegó un momento en que necesitábamos salir. Empezamos a concebir un espectáculo donde la orquesta explotara todas sus posibilidades: se convertía en trío, cuarteto vocal, quinteto de jazz, septeto de música cubana. Pudimos hacer nueva trova y grupo de percusión folklórica para tocar rumba y guaguancó, porque teníamos bailadores que lo hacían muy bien. Era una orquesta espectáculo”.

Los Taínos estaban en la cresta de la ola y partieron a su primera gira internacional por Venezuela en 1975. Allí se encontraron con la orquesta Dimensión Latina, que entonces contaba en su nómina con Oscar D’ León, Vladímir y Andy Montañéz.

Son invitados al Festival Orfeo de Oro de Bulgaria, entonces una de las vitrinas de la música internacional en Europa del Este. La incursión se convirtió en una gira. A la vuelta sobreviene la grabación del primer disco de Los Taínos, de nombre homónimo. La imagen exhibe a toda la tropa, delante de un caney indígena.

“Incluía piezas cuya popularidad resultó abrumadora como “Dices tú, digo yo” de Sergio Rivero (El haitiano) que la gente conoció como “Dame, dame”. Estaba “El pantalón”, tema de Jesús Nápoles, uno de los integrantes de la orquesta. Por supuesto, el merengue haitiano “Bobiné” que se lo sabía y lo bailaba todo el mundo. Nuestro repertorio se basaba en los ritmos caribeños. Siempre conseguíamos que fueran temas con textos coherentes, sin vulgaridades ni chabacanerías”.

Para aquilatar el nivel alcanzado por los Taínos, basta seguir su paso por el archipiélago cubano o por los escenarios del mundo, a finales de la década de los 70, a inicios de los 80. No había carnaval sin su presencia, junto a agrupaciones líderes como Los Van Van, Aragón o la Revé. Nuevo encuentro con Oscar D’ León y su orquesta en Barquisimeto. El Teatro Mella les acoge en el Show de Roberto Morales. Actuación en el hotel Continental de Panamá, en el carnaval de invierno en Suecia y Finlandia, junto a una brigada del cabaret Tropicana.

Sostengo el programa de la participación cubana con un gigantesco music hall en el Palacio de las Artes de Montreal, Canadá. Forman parte de la delegación, la orquesta Irakere, el Ballet de Alberto Alonso, Los Papines, Sonia Calero, Farah María, Omara Portuondo y Martín Rojas, quinteto Los Cañas, el inigualable mimo Centurión, la soprano Dinorah Argüelles, y por supuesto, Los Taínos como orquesta base del espectáculo. Repase usted la jerarquía de aquella propuesta.

En 1986, el músico cierra ese capítulo de su vida. Habían sido 32 años al frente de Los Taínos. Vivió y ardió con ellos…y comenzó otra etapa.

Sinfonías
No se dio tiempo al descanso. Un artista nunca lo hace. El Conservatorio Esteban Salas lo acoge como profesor de las especialidades de dirección de conjuntos musicales y orquestación. Dirigió la Orquesta Sinfónica Juvenil y la Orquesta de Cámara del Conservatorio Esteban Salas, al tiempo que asumió la dirección musical del sello Siboney de los Estudios de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), por un trienio.

Ver su trabajo en ambas esferas, comprobar el desempeño ante los jóvenes, emocionó a profesores del Conservatorio Superior de Rotterdam, de visita en la ciudad. Desde 1994, inició un colaboración sistemática como Profesor Adjunto en esa institución, en la llamada World Music/ Música del mundo.

“Iba dos veces al año a impartir conferencias, clase magistrales y talleres. En cada curso se hacía un concierto al final con una orquesta sinfónica, una jazz band o una orquesta ad hoc. Hemos podido acercarnos y hacer la música de Compay Segundo, de Adalberto Álvarez y hasta las zarzuelas Cecilia Valdés o María La O. Ha sido algo intenso y provechoso”.

La experiencia siguió abriéndole puertas. Le proponen dirigir la Orquesta Sinfónica de Oriente, de la cual había sido fundador en 1962, en su condición de violinista.

“Nunca me sentí más tranquilo en mi vida, como si hubiera nacido para hacerlo; aunque es una música muy comprometida, que requiere un gran nivel profesional. Acompañamos a pianistas como Frank Fernández, Cecilio Tieles, Aldo López-Gavilán Junco y Jorge Luis Prats, al guitarrista Víctor Pellegrini, al violinista Evelio Tieles.

“También con solistas internacionales de primer nivel como Mike Davison, trompetista o Mark Lusk, trombonista. No puedo olvidar el Concierto Homenaje al centenario de Compay Segundo con la Orquesta Sinfónica de Oriente, el Grupo Compay Segundo y los cantantes italianos Francesco Grollo, Massimo Scattolin y Stefano Mazzoleni”.

En los últimos años, la carrera de Daniel Guzmán como arreglista, director y compositor ha tomado bríos. En México es El maestro Guzmán y así ha paseado por los escenarios de Monterrey con su fiel escudera, Caridad Evelia Corrochano López, su esposa. En 2008 fundó la orquesta danzonera Sierra Madre en Nuevo León, que tiene un sonido muy especial.

“El danzón en México es como una religión, todo el mundo lo baila, desde pequeños hasta adultos. Muchos piensan que el ritmo surgió allí. Escribí el repertorio y escogí la instrumentación; hice una fusión de los formatos de agrupaciones danzoneras cubanas típicas y de las mexicanas”.

En su estudio en Santiago de Cuba, hallo espacio para deleitarme con un fragmento del Concierto de Piano N. 1 Osadías, coautoría de Enrique Bonne y Daniel Guzmán. También para comentar los encuentros académicos entre estudiantes santiagueros y norteamericanos que lo ha llevado a dirigir y organizar conciertos, lo mismo en la Sala Dolores que en la Universidad de Richmond o la Universidad Estatal de Pennsylvania.

Ahora las notas sustituyen las palabras. Escucho “Suite Sonidos del Caribe”, obra sinfónica compuesta por Guzmán para dos instrumentos de viento solistas: trompeta y trombón. Su estreno se produjo en mayo de 2014 en el Concierto Santiago con la Orquesta Sinfónica Juvenil en la Sala Dolores, y el 8 de abril de 2015 en la Universidad de Richmond, Virginia. Todo bajo su propia batuta.

“La obra tiene dos movimientos o momentos, como les llamé. El primero se refiere  a la Cuba prehistórica, la atmósfera bucólica de una tierra pacífica y en paz. Trato de narrar las sensaciones que produjo la llegada de los europeos, el llamado descubrimiento. Y luego, la esclavitud, las masacres de negros, los sufrimientos. Ese movimiento termina, sin embargo con un renacer, con sonidos de esperanza, de cambio.

“El segundo momento es la fiesta de los sonidos, un collage, y aunque también hay melancolía, utilizo ritmos propios del Caribe, incluso una remembranza del famoso tema “Bobiné” que tan popular hizo Los Taínos. El final es una alusión a la conga santiaguera, eso no podía faltar”.

Sobreviene el apretón de manos, la despedida. Es la hora del regreso. Por las calles, los sonidos me envuelven, me acompañan. Están sonando, todavía.