El lenguaje: construcción social (I)

El lenguaje de hoy no es peor que el de ayer. Es más práctico.
Como el mundo en que vivimos.

Noam Chomsky
 

El hombre, desde sus inicios, ha vivido en comunidad. No en vano se dice de él que es el animal más social. En su formación, con el desarrollo del trabajo y, por ende, de la multiplicación de los casos de ayuda mutua y actividad conjunta  —que resultaban muy ventajosos— surgen los primeros sonidos articulados, que más tarde se convertirían en el lenguaje que conocemos hoy día. Esa necesidad de comunicarse contribuyó a agrupar aún más a los miembros de la sociedad [1].

Es así que nace el lenguaje humano y se erige como el principal vehículo de comunicación para las relaciones interpersonales; incluso, tiene una ciencia encargada de su estudio: la lingüística. El lenguaje es un sistema abierto e inacabado, al igual que la sociedad, y evoluciona junto con esta. Nos define como nación y como cultura, ya que en dependencia de la lengua o de la variante de lengua que hablemos se nos asociará de inmediato con un determinado país o región y con ciertos modos o costumbres. No solo nos identifica formalmente, sino que también constituye un reflejo de nuestro raciocinio. Ligado a la cultura, es lo que da a las sociedades su especificidad, ya que comunica tres entidades inseparables: individuo/sociedad/cultura [2].

Muchos fenómenos contribuyen y han contribuido al enriquecimiento de nuestro léxico: los altos niveles de escolarización [3] y las transformaciones en los órdenes político, cultural, económico y tecnológico. Es inevitable que ante nuevas realidades surjan nuevos vocablos. En eso consiste, precisamente, la riqueza de la lengua (y este es uno de los motivos por los cuales debemos cuidarla), en que no está hecha, sino que se crea con el actuar lingüístico de los hablantes. Sirvan como ejemplos los nuevos términos que se han incorporado debido a los avances tecnológicos y la interconexión global a internet (como resultado de la globalización); de este modo tenemos: “tuitazo”, “bloguero”, “internauta”.

Por otro lado, también encontramos cómo, contrario a lo que muchos creen, los diccionarios “pasan de moda”. Esto no es una absolutización ni tampoco quiere decir que sean innecesarios, sino que el mundo se mueve demasiado rápido y, con él, por supuesto, el lenguaje, por lo que es imposible que un diccionario pueda recoger todo el vocabulario que las personas utilizan; y me refiero a que pasan de moda porque se desactualizan, pues un vocablo que en algún momento significó una cosa, con el paso del tiempo puede llegar a significar otra. Asimismo, desaparecen términos y se incluyen otros nuevos. Es el uso lo que determina al lenguaje; la Real Academia Española (RAE) lo que hace es legitimar aquellas voces que el uso ya generalizó.

Hay varios ejemplos que ilustran lo planteado anteriormente y que se muestran a continuación. Aunque “bloguero” e “internauta” aparecen recogidos en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), no ocurre lo mismo con “tuitazo” (creación derivada de la red social Twitter); sin embargo, “en este caso el uso ha consolidado la adaptación fonética”,  tal como ha ocurrido con “tuit”/ “tuits” (retuit/retuits), “tuitero/a”, “tuitear” (totweet) y “retuitear” (toretweet) y “así lo recoge el Diccionario académico” [4]. Situación distinta ocurre con el término “bayú”, que hace varios años (se dice que antes del triunfo de la Revolución) se utilizaba para referirse a “burdel”, “prostíbulo” y, al eliminarse estos lugares (o sea, al desaparecer esta realidad) pasó a significar, por analogía, “desorden”, “relajo”.

El uso también determina cuándo una palabra tomada de una lengua extranjera (préstamo lingüístico) pasa a formar parte del caudal de la lengua que la toma “prestada”, como ocurre con “corpus”, que proviene del latín corpus y significa “cuerpo”. Igual pasa con “fórum” y “cuorum”, latinismos adaptados a las reglas ortográficas del español y que, por tanto, se escriben en redonda y no en cursiva o entre comillas como sí lo harían sus equivalentes forum y quorum que, con su grafía original, son considerados latinismos crudos, precisamente por no adaptarse a las reglas del español.

El progreso siempre es bueno, pero conlleva transformaciones. Con el desarrollo tecnológico el lenguaje se ha visto enriquecido y también afectado. Pienso que, hasta cierto punto, pueden considerarse acertadas las abreviaturas o variantes empleadas para mandar mensajes por celular o para comunicarnos con otras personas en las redes sociales de internet, siempre que lo que se escriba se entienda. Estas nuevas adecuaciones responden a una funcionalidad, en el caso del celular, ahorrar dinero y en las redes, hacer más ágil la comunicación. El problema surge cuando trasladamos esta escritura a otros contextos. Confieso que a mí misma, en ocasiones, me ha costado un poco de trabajo desligarme de esa forma de escribir a la hora de redactar un correo formal o de hacer escritos como este, en el que a cada rato se me ha escapado una “q” para referirme a “que”, entre otros errores extraídos de cómo escribo en el chat de Facebook, que es la principal red social que utilizo.
 


La economía lingüística es un principio básico del español. Foto: Internet

 

Y especifico diciendo el chat porque una cosa es escribir mensajes con errores ortográficos y abreviaturas extremas (siempre con el fin antes explicado) y otra, publicar textos sin tener en cuenta su ortografía, con lo cual sí estoy en total desacuerdo; aunque, para mi sorpresa, aún me encuentro raras avis que nunca transgrede las normas de la correcta escritura. Todo es cuestión de distinguir contextos y de darnos cuenta de que lo que es válido en un determinado ámbito no tiene por qué serlo en otro. Cada cosa en su lugar.

 En la evolución de la lengua la tendencia es a la simplificación. De este modo, palabras que, en un momento determinado, eran consideradas compuestos se lexicalizan y hoy se entienden como palabras simples, como ocurre con “hidalgo” (fijo de algo> fijodalgo>hijodalgo>hidalgo). También ocurre que sintagmas libres (tela de araña) devienen compuestos (telaraña). Esto también explica casos más simples como la simplificación de vocales, por ejemplo, en “antimperialista” y “redición”.
 

Notas:
 
[1] Nuevo elemento que surge con la aparición del hombre acabado, en Federico Engels: El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/1876trab.htm
[2] Planteamiento defendido por Edgar Morin, en Sociología, 2.a reimp., Editorial Tecnos, Madrid, 2002.
[3] Compárese, por ejemplo, el nivel educacional cubano de estos tiempos con el que había antes del triunfo de la Revolución.
[4] En Tuitero, tuitear, tuiteo y retuiteo, términos en español, 2015, publicado en Fundéu BBVA (Fundación del español urgente), buscador de dudas urgente asesorado por la RAE, en http://www.fundeu.es/recomendacion/tuitero-tuitear-tuiteo-y-retuiteo-terminos-en-espanol-712/