El cuerpo de la canciĆ³n en nosotrxs

Hay una tormenta de endiablados acordes que surca el camino, inevitable identidad, cual huella digital de la canción latinoamericana más profunda, más sinigual; una manera de ser en el mundo a través de la música y la palabra; una búsqueda de la verdad intensa, desgarradora, quemante, que no quiere callar ni con la muerte. Porque la muerte no existe, la muerte es el olvido.


Teatro Nacional Sala Covarrubias. Foto: Kike


Indefectiblemente el Santy decidió arder la palabra, llevarla hasta sus límites, hasta donde solo la poesía más rebelde y subversiva puede llegar. Palabra desencajada de lo consumado, de la certeza establecida y el cuidadoso orden de los sentidos. Palabra en el riesgo, palabra mutilada si es necesario por vivir. Como lo hicieron Juan Gelman o Alejandra Pizarnik.

¿Quién pudiera imaginarlo en el nombre de la ausencia?

Alguna vez ha estado por esta casa haciendo sonar el piano, llenando de música las paredes, que ahora andan tristes por ahí, cabizbajas, como deshechas, sabiéndolo inhabitado. Dicen también que otra vez sembró latidos en los sueños serranos y fuimos con su voz hacia cierto lugar indescifrable a la distancia. Y que hizo estallar su planeta Cuba en las lejanías provincianas y en las cercanías familiares.

¿Quién pudiera imaginarlo en el nombre de la ausencia? Si es quien hoy funda su energía interminable, su explosivo desenfado, su quehacer incorrecto, su exceso eternizado en todas nuestras voces, aunque tengamos que afilarnos el corazón para seguirlo y se nos ría a carcajadas desde algún lugar.


Foto: Kaloian


No caben dudas que con él se fue un hombre que caminaba como por fuera del tiempo, pero que a su vez llevaba la tierra más profunda y existencial en sus venas, con la conciencia y el compromiso definidos en una claridad de mañanas hecha canciones.

Me invade toda su testarudez, su andar en los márgenes, su abrir ventanas, su renacer desde las alcantarillas, su soñar semillas, la soledad de su voz diciéndome “no es que quieras y no puedas más, es el amor… no está de moda”, y luego preguntándome, como en un diálogo secreto… “qué color tendría el mundo si se te acabara el sueño, no serías ni la sombra del amor que tienes dentro, no serías ni el misterio del amor y el desencuentro”, todo para salvarme cuando las horas de angustia se acercan con sus aires imperiales.   

Nos enseñó a muchos que una guitarra es un arma/fusil contra toda injusticia, contra todo enemigo de la vida.

El Santy fue un ser humano distinto, incorrecto, provocador, valiente. Nos enseñó a muchos que una guitarra es un arma/fusil contra toda injusticia, contra todo enemigo de la vida, que se carga de la verdad popular y se lanza con palabras poesía. Y si es necesario, nos desgarramos y somos la piel de esas letras. Ahí vamos a estar, para ser el cuerpo de las canciones y poner el cuero en llamas para lanzarlas desde nuestras entrañas.

Hay una serie de pistas que él mismo nos fue dejando para encontrarlo aun en la ausencia, aun en el borde del entendimiento y con el corazón destrozado; algunas pistas nos dejó cuando nos dijo que estaría donde se eternizan los recuerdos, donde la ilusión tuvo hijos, donde está ardiendo. ¡Ahí nos vemos compañero! Y gracias por todo.