El ciudadano ilustre polemiza sobre provincianismo y globalización

Elegido dentro de la amplia muestra competitiva para inaugurar la edición 38 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en el teatro Karl Marx, El ciudadano ilustre —codirigido por Gastón Duprat y Mariano Cohn— es una especie de comedia dramática con excelente guion, muy bien ubicado dentro de la sólida tradición narrativa y genérica del cine argentino.

Seleccionado para representar al país en la competencia por el premio Oscar a la mejor película de habla no inglesa, El ciudadano ilustre se sumaría, en caso de ganar, a dos antecesoras argentinas premiadas en Hollywood (La historia oficial, en 1985, y El secreto de sus ojos, en 2009), que constituyen dorados paradigmas de la mencionada tradición de narraciones bien urdidas, gobernadas por el más nítido y convincente diseño de personajes.

El ciudadano ilustre se concentra en un personaje inventado, pura ficción, colocado en circunstancias totalmente cotidianas y objetivas, de modo que el filme puede asumirse como una suerte de fantasía realista —valga la paradoja—, en tanto cuenta el retorno a su pueblo natal de un escritor argentino laureado con el Premio Nobel de Literatura. Toda la obra del escritor se ha ocupado de recrear sus recuerdos de juventud en aquel villorrio, de modo que el hombre ha estado, toda su vida, intentando huir de aquel pueblo, y por ello reside en Europa, rodeado de privilegios económicos y atención mediática.

De este modo, El ciudadano ilustre se conecta con sólidas tradiciones literarias y cinematográficas, entre las cuales destaca la copiosa literatura hispanoamericana que recrea las limitaciones, cursilería e hipocresías del espíritu pueblerino, mientras también se alude a aquella tendencia conocida como “cine del volver”, que gobernó varias e importantes películas nacionales en los años 80, recién estrenada la democracia, cuando abundaron los personajes que regresaban del exilio a redescubrir un país casi ignoto.

A partir de la contradicción compleja, colmada de matices, entre lo universal y lo local —un conflicto desplegado gradualmente a medida que el escritor y los pueblerinos van comprendiendo las enormes distancias que los separan—, El ciudadano ilustre deviene análisis racionalista y balanceado de las virtudes y desatinos presentes en cada personaje, pero jamás se le permite al público acomodarse en el convencimiento de que el brillante escritor es un mártir incomprendido por la estulticia. Además de nostálgico y sensible, el creador es también cínico, vanidoso, prepotente y desconsiderado, entre otros muchos matices que asoman en los formidables parlamentos y en la actuación de Oscar Martínez.

Si el lector infiere, luego de leer el párrafo anterior, que se trata de otra película argentina marcada por la calidad literaria de los diálogos y las potentes actuaciones, pues estará completamente en lo cierto. Uno de los principales atractivos del filme, además del ingenio de los parlamentos y la brillante oratoria de todos los personajes, consiste en el admirable desempeño de Oscar Martínez, primer intérprete latinoamericano galardonado hace unos meses con la Copa Volpi, que distinguió al mejor actor en el último Festival de Venecia. De modo que Oscar Martínez pudiera estar atravesando, a su regreso a la patria, episodios similares a los que enfrenta el ciudadano ilustre que perfila esta película.

Tan famoso y reconocido resulta el actor, firma contendiente al Coral de actuación en La Habana, que si El ciudadano ilustre logra figurar en las nominaciones, es decir, en la carrera final por el premio, esa distinción lo convertiría en uno de los intérpretes argentinos que más veces ha participado en esa competencia, pues también actuaba en las anteriormente nominadas La Tregua (1974) y Relatos Salvajes (2014).

Además de la admiración por su hábil aunque convencional estructura, El ciudadano ilustre provoca, más que la risa, algo así como una sonrisa reflexiva, irónica y desencantada respecto a la crítica demoledora y sutil, tanto a la mirada cosmopolita, aristocrática y soberbia del escritor, como a los fanáticos defensores de una vida apacible, conservadora, cursi y ciertamente retardataria.

Cuarto largometraje de la dupla de directores Mariano Cohn y Gastón Duprat, luego de títulos como El Artista, El hombre de al lado y Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo, El ciudadano ilustre ya cuenta con una especie de continuación temática. Cohn y Duprat han estrenado su quinto largometraje, Todo sobre el asado, que mezcla realidad y ficción para contar la historia y cultura florecientes alrededor de una de las mayores pasiones culinarias argentinas.

El ciudadano ilustre confirma la fuerza de la cinematografía argentina en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, máxime cuando productores de aquel país austral participan también en la realización del filme colombiano Alias María (José Luis Rugeles) y el chileno Neruda (Pablo Larraín), que se cuentan entre los más destacados títulos latinoamericanos del año 2016.