El ballet en el Gran Teatro de La Habana

El pasado primero de enero, ahora con el ilustre y merecido nombre de “Alicia Alonso”, reabrió sus puertas el Gran Teatro de La Habana, la institución teatral vigente más antigua de América, después de casi tres años de ser sometido a una reparación capital. Correspondió al Ballet Nacional de Cuba (BNC) el honor de ofrecer la gala de reapertura, que estuvo dedicada al 57 Aniversario del Triunfo de la Revolución y que contó con un programa titulado Tríptico Clásico, que incluyó: Giselle (I acto), El lago de los cisnes (II acto) y el acto III de Coppélia.

La gala, que contó con la presencia del General de Ejército Raúl Castro, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, de la Prima ballerina assoluta Alicia Alonso, directora del Ballet Nacional de Cuba; así como de otras personalidades de la vida política, cultural y social del país, dio inicio con las palabras de Julián González Toledo, Ministro de Cultura, quien exaltó la importancia de rescatar una institución que es orgullo del arte y la cultura de nuestro país y de la justeza que entrañó concederle el nombre de nuestra ilustre bailarina, quien como intérprete, coreógrafa y directora, ha llenado de gloria la rica historia del ballet en ese enclave teatral.

Aunque ese arte tiene una antigua y rica trayectoria en Europa, su aparición en Cuba data de finales del siglo XVIII, condicionada por las transformaciones sociales que sufrió el país como resultado de la aplicación de la llamada política del Despotismo Ilustrado. En lo referente al ballet esa política gubernamental española incidió en dos hechos fundamentales: la creación de los primeros teatros (Coliseo-Principal, 1776-1803), El Circo (1800) y Diorama (1829), que posibilitaron las primeras representaciones  de dicho género en la Isla; y la aparición del Papel Periódico de La Habana (1790), que nos dejó el registro documental, iniciado con las noticias acerca del estreno de Los leñadores, el 28 de septiembre de 1800, en el teatro El Circo, situado en los terrenos del llamado Campo de Marte, zona ubicada en el actual Parque de la Fraternidad y el Capitolio Nacional de La Habana.

Aunque durante casi cuatro décadas diferentes compañías extranjeras mostraron a los criollos un variado repertorio —que incluyó exponentes del ballet de acción— pas de deux, pas de trois, solos y bailes pantomímicos y pastorales, no fue hasta la creación del Teatro Tacón que el gran ballet pudo ser disfrutado en la Isla.

Según prueban testimonios y documentos de la época, Don Miguel Tacón, Capitán General de la Isla desde 1834, dio una serie de facilidades a Don Francisco Marty y Torrens para que edificara dicho teatro. Don “Pancho” Marty: era un acaudalado catalán, quien había logrado una gran fortuna con los negocios del pescado, la trata negrera y como empresario del Teatro Diorama. Para ello se le obsequió toda la piedra necesaria procedente de la cantera del Gobierno, la concesión de seis bailes de máscaras para su propio beneficio y el trabajo gratuito de los presos, quienes tuvieron a su cargo las labores de construcción. Las obras, iniciadas en agosto de 1836, concluyeron un año después, en un terreno realengo, situado frente a las puertas de la muralla que rodeaban la ciudad de La Habana, en las calles Monserrate y el Paseo de Isabel II, hoy Paseo del Prado, zona cercana a la vieja ciudad y a los nuevos barrios surgidos en la llamada Habana de Extramuros.

Aunque durante casi cuatro décadas diferentes compañías extranjeras mostraron a los criollos un variado repertorio —que incluyó exponentes del ballet de acción— pas de deux, pas de trois, solos y bailes pantomímicos y pastorales, no fue hasta la creación del Teatro Tacón que el gran ballet pudo ser disfrutado en la Isla.

La capacidad de la instalación era de cinco pisos: dos de palcos principales, uno de palcos terceros y butacas, uno de tertulia y otro de cazuela, que podían albergar cómodamente a unos tres mil espectadores, pues una profusión de puertas y ventanas contribuía a un rápido acceso al mismo, así como a su ventilación y desalojo. Aunque en su apariencia exterior carecía de majestuosidad —un simple pórtico de orden dórico, y arquerías embutidas y carentes de estatuas— la riqueza y el buen gusto de su ornamentación le valieron los elogios más entusiastas, que los comparaban con sus similares en París, Londres, Viena, Milán o San Petersburgo.

Aunque inaugurado el 18 de febrero de 1838 con un baile de máscaras, rápidamente se convirtió en el sitio supremo de la danza escénica en Cuba, especialmente a partir de la primera temporada de Los Ravel, afamada compañía que ofreció en su escenario actuaciones que se extendieron hasta 1865. Tanto la continuada labor de Los Ravel, como las visitas de la legendaria bailarina austriaca Fanny Elssler (1841-1842), de Hippolite Monplesir, estrella de la Ópera de París (1848, 1850 y 1851) y de otros conjuntos danzarios, especialmente catalanes y franceses, dieron a conocer lo mejor del repertorio romántico, en las creaciones de coreógrafos tan afamados como Filippo Taglioni, Jules Perrot, Jean Coralli, Jean Aumer, Joseph Mazilier y Arthur Saint-León.

Después de un largo periodo de receso, motivado por nuestras guerras de independencia y la crisis que vivió el arte del ballet europeo tras el apogeo  del romanticismo, las actividades de ballet en Cuba volvieron a encontrar marco apropiado en el Teatro Nacional, nombre que adquirió el Coliseo tras la instauración de la República, el 20 de mayo de 1902.

Después de un largo periodo de receso, motivado por nuestras guerras de independencia y la crisis que vivió el arte del ballet europeo tras el apogeo  del romanticismo, las actividades de ballet en Cuba volvieron a encontrar marco apropiado en el Teatro Nacional, nombre que adquirió el Coliseo tras la instauración de la República, el 20 de mayo de 1902. Luego de la capital reparación de 1915, que lo convirtió en parte del emporio del Centro Gallego de La Habana, tocaría a la gran bailarina rusa Anna Pávlova revivir allí la gran tradición, con sus presentaciones en las temporadas de 1917, 1918 y 1919, en las que enriqueció la cultura danzaria de los cubanos con obras representativas del estilo clásico, surgidas del talento creador de Marius Petipa y Lev Ivanov y de las revolucionarias reformas del ballet implantadas a principios del siglo XX, por el también ruso Mijail Fokine.

Otro hito importante en ese teatro marcó la presentación, en 1930, de la Ópera Priveé de París, integrada por bailarines y cantantes rusos, la cual realizó el estreno en Cuba, el 21 de enero de ese año, de El lago de los cisnes, de Chaikovski, en una puesta en escena en la que tomó parte Nikolai Yavorski, quien posteriormente habría de convertirse en el Director de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana y en el primer maestro de Alicia, Alberto y Fernando Alonso.

El hoy BNC, entonces bajo su primer nombre: Ballet Alicia Alonso, en su afán de hacer llegar el arte de la danza a todos los sectores de la nación, inició el 24 de febrero de 1950 un ciclo de funciones populares en ese teatro, que se extendieron durante los meses de marzo, abril y junio, en los que el elenco, encabezado por la prima ballerina cubana, dio a conocer un variado repertorio que incluyó clásicos como Giselle, el II acto de El lago de los cisnes, Coppelia, Cascanueces, Las bodas de Aurora, el pas de deux Don Quijote, Pas de quatre, así como creaciones contemporáneas como Las sílfides, Apolo, Danzas polovtsianas, El espectro de la rosa, La muerte del cisne, Pedro y el lobo, Fiesta y Ensayo Sinfónico.

Una década después el Ballet Nacional volvería a ese escenario,  denominado desde 1959 Teatro Estrada Palma, durante la celebración del Primer Festival Internacional de Ballet de La Habana, ocasiones en las que se presentó Giselle y Coppelia, los días 23 y 26 de marzo de 1960, respectivamente, centralizadas por la Alonso.

El 8 de abril de 1965 nuestro principal conjunto danzario volvió a ese escenario, denominado García Lorca, desde el 19 de agosto de 1961, para el estreno de una nueva producción de El lago de los cisnes, con Alicia Alonso y Rodolfo Rodríguez en los roles centrales. A partir de entonces, ese histórico escenario devino su sede teatral permanente y en ella ha protagonizado acontecimientos del más alto fuste artístico e histórico, como han sido las celebraciones del Festival Internacional de La Habana, a partir de 1966; los jubileos por el 35 aniversario del debut de Alicia Alonso en el rol protagonista de Giselle (1978), el 50 aniversario de su debut escénico como bailarina (1981), el 30 aniversario de los de Mirta Plá (1983), Josefina Méndez y Loipa Araújo (1985), de Aurora Bosch (1986), Marta García (1987) y María Elena Llorente (1989), la Gala por el 90 aniversario del natalicio de la Alonso (2010) y las entregas de su Premio Anual a relevantes figuras nacionales e internacionales, que han contribuido a su extraordinario prestigio.

El 8 de abril de 1965 nuestro principal conjunto danzario volvió a ese escenario, denominado García Lorca, desde el 19 de agosto de 1961, para el estreno de una nueva producción de El lago de los cisnes, con Alicia Alonso y Rodolfo Rodríguez en los roles centrales.

En su rica historia, el teatro ha acogido a prestigiosos conjuntos de ballet extranjeros, entre ellos el Ballet del Siglo XX, de Maurice Béjart (1968); el Ballet Independiente de México (1969), el Ballet Clásico de Francia (1970), el Ballet Kirov, de Leningrado (1972), el Ballet Rumano de Bucarest (1976), Les Grands Ballets Canadiens (1977) y el  Ballet Estable del Teatro Colón de Buenos Aires (1990).

A partir del 2 de marzo de 1981, el coliseo volvió a cambiar su nombre, esta vez por el de Gran Teatro García Lorca, como eje central de un Complejo Cultural, dirigido por Alicia Alonso en el periodo 1981-1991, que incluyó salas de conciertos, conferencias, ciclos cinematográficos, galerías de artes plásticas y espacios alternativos para escenificaciones teatrales de diversos géneros. En mayo de 1985 cambió nuevamente su nombre por el de Gran Teatro de La Habana, el que mantuvo hasta su cierre en enero del 2013.

En sus 178 años de historia, la gloria del Teatro Tacón-Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso” (1838-2016) se ha mantenido viva y jubiloso la ha celebrado el Ballet Nacional de Cuba en ocasión de su reapertura, luego de la remodelación total que tuvo su sala principal y el resto de las dependencias que lo integran, gracias a la gestión realizada por el Ministerio de Cultura que ha concitado la admiración de todos los cubanos.

Alicia Alonso, rodeada por las primeras figuras que intervinieron en la Gala de esa noche como Viengsay Valdés, Anette Delgado, Sadaise Arencibia, Dani Hernández, Víctor Estévez, Alfredo Ibáñez y el resto del elenco, ratificaron con alta valía el compromiso de mantener viva en él la grandeza y la tradición de nuestro arte para los tiempos futuros.