El acompañante: una historia distinta y real

Horacio Romero, el más grande boxeador cubano del momento, acaba de dar positivo en una prueba antidoping. Su castigo está en Los Cocos, un sanatorio en el que ingresan los enfermos de VIH de manera obligatoria y de donde pueden salir solo una vez por semana vigilados por “los acompañantes”.

El director cubano Pavel Giroud retorna a la gran pantalla. Con aciertos como La edad de la peseta y Omertá llega esta vez al 37. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano para devolver especialmente al público cubano un fragmento de su historia más reciente, un relato sensible, y sobre todo, humano.

En conversación con La Jiribilla Giroud ofreció detalles sobre esta nueva entrega, que llegó a La Habana precedida por varios premios.  

¿Cómo fue el proceso de investigación? ¿Te basaste en algún testimonio para la construcción del argumento y los personajes?

Pasé un año investigando antes de escribir una línea, porque tenía muy claro de que quería hablar, pero no la historia debía contar. El eterno conflicto entre tema y trama. Cuando ya tuve mi historia y mis personajes, la investigación tomó nuevos rumbos.

Me basé en muchos testimonios. Testimonios de pacientes, de familiares, de personal de salud, de militares, de boxeadores. Lo más difícil de este proceso fue desechar. Tengo tanta información, tantas anécdotas, tantas perspectivas y enfoques, que pudiera desarrollar una serie. Algo que me estoy planteando. Cada proyecto que asumo está sujeto a un periodo de investigación, pero este fue el más intenso de todos. Debía investigar sobre una enfermedad, su contexto, sus causas, sus consecuencias (clínicas, políticas y sociales). Tuve que investigar dejando a un lado juicios previos, pues siempre las predisposiciones, desde el subconsciente, inciden en el rumbo de tu búsqueda y esto fue lo más difícil. Por fortuna sabía poco y eso me ayudó. Pasé un año investigando antes de escribir una línea, porque tenía muy claro de que quería hablar, pero no la historia debía contar. El eterno conflicto entre tema y trama. Cuando ya tuve mi historia y mis personajes, la investigación tomó nuevos rumbos. Mi mesa de noche tuvo en estos últimos años libros de medicina, de boxeo, de política, periódicos de la época. Mis playlist musicales parecían generados por la revista Opina; mis búsquedas en Google despistarían a cualquier hacker, porque lo mismo eran sobre moda de los 80, sobre el VIH, sobre la guerra cubana en África, el boxeo cubano de los 80, las Olimpiadas de Moscú, Los Angeles y Seúl. Viví la época y eso me ayudó, pero mi perspectiva no podía ser la de ese adolescente.

Ya existen algunos antecedentes de películas sobre el SIDA como Boleto al Paraíso, de Gerardo Chijona, ¿qué zonas descubre El acompañante de esa compleja temática para la historia y la sociedad cubanas?

En mi película, el sanatorio Los Cocos no es precisamente un paraíso, como en la que nombras. La empezamos a desarrollar a la par, lo recuerdo, pero Chijona pudo sacar la suya rápidamente. Son dos perspectivas diferentes. Sus personajes van al sanatorio por voluntad propia, un hecho real y bastante conocido. Una de las tantas historias con que me tropecé en mi búsqueda. En la mía, los personajes están ahí contra su voluntad. Mi personaje tuvo más bien un boleto al cadalso.

También se diferencia de otras películas sobre el SIDA, porque me centré en la particularidad de la enfermedad en Cuba y es que los primeros casos no fueron hombres homosexuales, sino heterosexuales, miembros de las Fuerzas Armadas cubanas, que importaron la enfermedad desde África, cuando se prestaban misiones internacionalistas militares en ese continente. Ese es el escenario distintivo de mi película.

De acuerdo al argumento, tanto el enfermo como el protagonista están en un momento límite de sus vidas, ¿qué mensajes humanos o sociales buscas transmitir con ambas historias?

Fuerza. Fuerza ante la adversidad. También pondera el valor de la amistad en momentos difíciles. Ambos sacan fuerzas cuando parecen vencidos, pero gracias a la incidencia del otro. También el desafío a la autoridad para lograr que las cosas cambien. Si bajas la cabeza y obedeces, convencido que están siendo injustos, poco vas a lograr. Algo así es lo que parece motivarlos.

Es una coproducción entre cinco países, ¿qué tan difícil fue comenzar a rodar? Cuéntame sobre el proceso productivo.

Créeme que sería muy aburrido si te lo cuento. Aunque estuve en todo el proceso, hubo un momento en que me centré en lo que me tocaba y dejé que mis productores hicieran lo suyo. Fue difícil y agotador.

Se hizo difícil por la manera en que está estructurado el sector cinematográfico en Cuba. Es obvio que en cualquier sitio cuesta levantar una película, pero en Cuba hay que sumar el desfase de nuestra estructura respecto a la del resto del mundo. Si no vas de la mano del ICAIC se dificulta en extremo y eso fue lo que nos ocurrió.

¿Cómo llegan Yotuel Romero y Armando Miguel Gómez a los protagónicos después de que Lázaro Ramos no pudo ser El acompañante?

Mandy llega por recomendación de mi mujer, que lo conocía de sus días de actor amateur. Luego vi Melaza, de Carlos Lechuga y me decidí inmediatamente. Yotuel y yo nos encontramos gracias a un complot entre algunos astros. Meses antes de nuestro encuentro él estaba viendo la televisión en su casa y vio un reportaje sobre mí. Algo le gustó y anotó mi nombre en el blog de notas de su teléfono, pensando que yo dirigiera un video musical suyo. El tiempo pasó, yo lo contacto y me muestra esa nota. Fue complicidad inmediata. El leyó el guion y me dijo: “Sea cual sean las condiciones, yo quiero ser Horacio Romero”. Me cayó del cielo.

Un mejor Horacio que él, luego de ver su resultado, sería imposible.

En otra entrevista dijiste que se trata de una película sin acompañamientos, ¿por qué?

Dije eso, sí, cuando estábamos en la etapa de desarrollo. En la frase quise decir que sería una película diferente a las anteriores que hice. De hecho algunas críticas que ya han salido tras los festivales en que hemos participado, lo advierten. Apuntan que es una película mucho más sobria que las anteriores. Hay menos truco, por decirlo de algún modo.

También en otra entrevista afirmaste que en esta cinta tienes “una voluntad estética que se encamina hacia un rumbo muy diferente al de mis anteriores películas”. Desde ese punto de vista ¿qué características tiene el filme?

Tiene que ver con lo anterior. No hay una imposición estética hacia la película, he dejado que ella me domine a mí. Llegué al set muy claro de lo que quería contar, el “cómo” se fue generando en el proceso.

El guion de la película ha sido multipremiado, así que es una cinta exitosa desde su nacimiento, ¿cuál crees que ha sido la clave del éxito?

La revelación de algo real, que parece inconcebible.

¿Cómo ha sido la acogida de la obra ya terminada?

Hay dos cosas que rescato de los pases que ha tenido: la película conmueve e invita a seguir conociendo sobre el tema que aborda.

Llevé al mínimo la dosis melodramática que supone una historia donde la muerte asecha y para colmo proviene de una zona geográfica donde no cuesta mucho generar lágrimas: el Caribe. Hay dos cosas que rescato de los pases que ha tenido: la película conmueve e invita a seguir conociendo sobre el tema que aborda.

Aunque la película ya ha sido estrenada, me atrevería a decir que exhibirla en La Habana es su prueba de fuego. ¿Qué opinas?

Pienso exactamente igual, más esta, que busca complicidad con el espectador. No lo desafía. Es un relato sin enigmas, pero genera inquietud; lleno de metáforas, no de alegorías. Es un relato fácil de seguir, pero que constantemente te sorprende y deja mucho por debajo del tapete, para la audiencia que busca algo más. El público de Cuba es muy sincero y pasional; es el perfecto para mi película, más allá de ser el natural. Además, hay pequeñas claves que solo ellos podrán descifrar.

Acerca del 37. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, ¿qué importancia le concedes dentro del panorama cinematográfico mundial?

Es vital. Hoy día es un festival resumen y ese carácter se lo da el ser el último del calendario. Puedo decirte, que en esta edición se ha visto el mejor cine del año. El cine latino ganó este año en Cannes, Venecia, Berlín, los grandes festivales. Todas esas películas han estado en La Habana, lo cual provocará la selección más exquisita que se recuerde. Si vienes con ánimo de llevarte un coral, más vale que te lo pienses dos veces y enfoques tus perspectivas hacia otro lado. Mucho se habla de lo que recibe La Habana con el festival; sobre la posibilidad de enfrentarnos a un cine diferente al que se pretende imponer; de tener una sobredosis de ello, que nos dure exactamente un año; pero también reviste gran importancia para los cineastas, porque esa masividad de personas volcadas al cine solo se da en La Habana.

Esas salas inmensas repletas en cada función, esa compenetración con la película, equivalente a la que tienes con tu tele en casa, solo se da en este festival. Otra gran virtud es la programación. Agarra el catálogo del Festival de La Habana y verás que su grosor es casi el mismo que el de Cannes o Toronto. Es un lujo. Eso es importante que se valore, porque si un día se perdiese, lo vamos a extrañar mucho.

Después de haber competido en otras ocasiones y ganado varios premios, ¿cuánto crees que le aporta a un director participar y ser reconocido en un festival como este?

Casi te lo he dicho antes. Este año vine a seducir al público con la pretensión de llegar más allá de la pantalla. Mi película habla de cosas muy serias y sería poco que quedara atrapada en su hora y media de metraje. Un Premio es un piropo de un grupo reducido y se agradece, pero venir a buscarlo este año es una pretensión. Hay un nivel muy alto y esto no es como el deporte, en que el triunfo se mide por cantidad de goles, canastas, carreras, touch downs, centímetros o milésimas de segundos. Aquí todo es muy subjetivo. Para mí es bastante estar.

Solo me queda preguntarte por los otros proyectos que tienes en el tintero.

Ya ha salido del tintero y está en manos de mis productores: “Emporio Habana”.