Eduard Encina: Mi amigo mambĂ­

Eduard Encina es mi compañero de generación. Es mi compañero de manigua. Él es un mambí, de los de verdad, de los de monte adentro y machete en mano. Tal vez no sepa cuánto lo admiro, quiero y respeto, por el ser humano que es, en primer lugar, pero también por su poesía hermosa, por su actitud de guerrero.

foto del poeta cubano Eduard Encina
“Él es un mambí, de los de verdad, de los de monte adentro y machete en mano”. Foto: La Jiribilla

 

Eduard Encina también es mi amigo. Lo primero que leí de él fueron los poemas de El silencio de los peces, cuaderno ganador del Premio Calendario, allá por el 2002 o 2003. En la dedicatoria que me hiciera, escribió: “Yanira, este es un libro hondo de cuando naufragaban mi casa y mis cosas”. Y es cierto, es este un texto de una hondura inconmensurable como la de los océanos, que me acompaña hasta hoy como uno de mis libros más amados. Ahora mismo podría escribir unas cuantas cuartillas sobre este texto esencial, pero solo hablaré de esa melancolía iluminada que su lectura trajo a mi vida, de cuánto quise entonces amparar la orfandad a destiempo de Eduard, todos su miedos. Como si eso fuera posible. Como si yo misma no fuera una huérfana a destiempo, con infinitos miedos.

Mi amigo y yo nos vemos poco (porque Santiago de Cuba está muy lejos de Matanzas), casi siempre una vez al año, en las ferias del libro u otro evento literario, pero eso me ha bastado para aprender y aprehender de él todo su valor de mambí, su lección enorme de que los poetas no podemos darnos el lujo de darnos por vencidos.

Alex Fleites me ha pedido algunas palabras sobre la poesía de Eduard, o sobre él. En definitiva, ¿no es una misma cosa Poesía y Vida? Entonces he escrito de golpe estos párrafos dictados por mi corazón y por mi gratitud. Para que mi amigo mambí no se sienta nunca solo. Para que sepa cuánto lo queremos.