Dos actrices de Matanzas ante el espejo de la memoria

Fuimos este 19 de enero hasta la puerta de la casa donde nació Violeta Casal en Matanzas. Allí, en la Calzada de Tirry, la misma avenida luminosa de Carilda Oliver Labra, depositamos flores bajo la tarja que marca el acontecimiento ocurrido en 1916. A propósito de las Jornadas Villanueva, nos adelantamos, o sencillamente iniciamos, el homenaje por el centenario de la importante actriz, locutora y profesora cubana.

Después, entre los conversatorios del día, los especialistas del Archivo Provincial se comprometieron a exhibir los fondos de Violeta Casal que atesoran. Pensé en el 26 de marzo, fecha exacta de su natalicio, como otro buen momento para hacerlo y darle continuidad a la restitución de esta memoria. De la trascendencia, tanto específica como general, que tiene hoy para la nación misma, volver sobre su historia, abundaron varios trabajadores del Archivo, parte del público presente y el investigador Roberto Gacio, mientras se proyectaban distintas imágenes de Violeta a lo largo de su trayectoria vital y profesional.

El también crítico teatral y actor recorrió la formación, el repertorio y la participación de la Casal en ese periodo clave y fundacional del teatro cubano entre los 40 y 50 del pasado siglo. Dibujó con la precisión que nos tiene acostumbrados sus características actorales, retratándola como una actriz de mucha fuerza interior. Ponderó su labor a las órdenes de Francisco Morín, Cuqui Ponce de León, Modesto Centeno y Andrés Castro, entre otros directores de la época, y se detuvo en sus grandes protagónicos como la Electra Garrigó, de Virgilio Piñera o La Madre, de Gorki, ya después de Triunfo de la Revolución con el Conjunto Dramático Nacional.

No faltó, por supuesto, la referencia a su inmersión en la lucha clandestina en La Habana contra la dictadura de Batista, que derivó en su subida a la Sierra Maestra, desde donde proclamó al mundo el nacimiento de una emisora con su enfático “Aquí Radio Rebelde. Desde el territorio libre de Cuba…”.

Sin faltar a esas dos insoslayables esferas de su vida, una alumna de Violeta Casal, reivindicó también su condición de pedagoga en la Escuela Normal de Maestros de La Habana, donde ejerció por años después de graduarse en esa propia institución.

Una vez más la veinteañera Casa de la Memoria Escénica de Matanzas se hace por completo responsable de una expedición de tal naturaleza. El equipo que dirige Ulises Rodríguez Febles, respaldado por el Consejo Provincial de las Artes Escénicas, ahonda en su estratégico laboreo a favor del gran “edificio” tejido por el teatro y la cultura nacionales, con extrema inteligencia y exquisitez.

Para reafirmarlo puso ese propio día a otra actriz matancera del presente frente al vivo pasado de Violeta Casal. Se trata de Mirita Muñoz, quien arriba a 50 años de vida artística, asentada en la ciudad de los puentes y con inobjetable faena allí. La exposición de “Miriam Muñoz: el vuelo de Ícaro”, en la Galería La Vitrina, de la propia Casa, me trajo de vuelta fotos de El circo de los pasos, de Fragata, dirigidas por Albio Paz con El Mirón Cubano y, entre otras, de La ventana tejida y Edith, asumidas ya en Icarón, el grupo fundado por la propia Miriam algunos lustros atrás.

Mientras el documental Sigo viva, de la joven realizadora y periodista Mariana Montenegro, da voz a Mirita en primera persona, a la manera de Las penas que a mí me matan, su recordado monólogo que ya cumple 25 años en repertorio. El actor y dramaturgo Gilberto Subiaurt, el maestro titiritero René Fernández y la directora de televisión María de los Ángeles Nuñez Jauma rinden testimonio de sus respectivas relaciones profesionales con la protagonista de esta historia, quien reafirma la veneración por su ciudad.

Al término de la proyección, numerosas personas e instituciones matanceras entregaron obsequios y reconocimientos, o su arte, a Miriam Muñoz, en velada que sirvió para celebrar el 22 de enero, fecha de los conocidos como Sucesos de Villanueva en 1869. Las palabras de salutación por el Día del Teatro Cubano correspondieron a Pedro Franco, director de El Portazo, cuyo espectáculo CCPC acaba de recibir, precisamente, uno de los Premios Villanueva de la Crítica a los mejores espectáculos de 2015.

Ante el espejo de la memoria, de su Matanzas, y de Cuba, estas dos actrices, Violeta y Miriam, en preciosa jornada de recuerdo y reverencia.