Diversidad cultural e identidad cultural: un binomio interactivo (II)

Los acercamientos, aproximaciones y limitaciones de muy diversos trabajos anteriores hacen posible una nueva reflexión propositiva sobre los rasgos culturales comunes a la humanidad que operan como sistema en permanente interacción y que podemos identificarlos de la manera siguiente:

Las diversas formas económicas (modos de producción) a través del trabajo (relaciones de producción) y diversos medios de subsistencia garantizan la reproducción social del grupo;

El matrimonio, los variados tipos de familia y sus correspondientes lazos de parentesco hacen posible la reproducción biológica e identitaria del grupo;

La endogamia étnica garantiza la estabilidad y continuidad intergeneracional del grupo;


La familia hace posible la reproducción biológica e identitaria de un grupo Foto: Internet


El aprendizaje de las personas hace posible la endoculturación familiar y otras formas de educación formal e informal en las nuevas generaciones y garantizan su continuidad cultural;

El etnocentrismo (la mismidad), en su acepción favorable, condicionado o no por los vínculos con otros grupos humanos (la otredad), aprecia los bienes culturales propios respecto de los ajenos;

La lengua y su expresión oral, junto con las formas no verbales de comunicación garantizan los peculiares códigos de comunicación del grupo;

La formación y desarrollo de la conciencia y del pensamiento abstracto mediante símbolos, cual representación perceptible de una idea, con rasgos asociados por una convención socialmente aceptada y en conexión con signos que configuran una realidad percibida mediante los sentidos y que remite a imaginar otra realidad que no está presente, hace posible la comunicación social e interpersonal.

La autoconciencia étnica, que define la identidad étnico/cultural, marca el sentido de pertenencia a su grupo;

Las normas de conducta hacen posible la regulación del comportamiento individual y social de cada grupo;

La actividad emic/etic como estrategia de conocimiento/acción condiciona la interacción de cualidades del sujeto cognoscente como transformador de la realidad;

El conjunto de necesidades y la adecuación constante de sus múltiples satisfactores garantizan el desarrollo humano como calidad de vida; y

La creatividad es una condición humana particular de gran alcance y muy envolvente para la formación y desarrollo de artes, ciencias, religiones, ritualidades, deportes, inventos, ocio, solución de problemas, técnicas y otros modos de adaptación y transformación del medioambiente y, a la vez, de las propias personas.

Lo anterior hace posible establecer una marcada diferencia respecto de otros rasgos culturales crecientes, pero aun no comunes a la humanidad como, por ejemplo, la escritura, cual modo gráfico típicamente humano de transmitir información, con unos 30 mil años de antigüedad;  los medios de comunicación masiva (prensa, radio, cine y tv), que se han ido expandiendo a mayor velocidad en los dos siglos más recientes; la telefonía fija y móvil desde mediados del siglo XIX y desde mediados del siglo XX, respectivamente; y las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs), que a través de Internet, desde fecha tan cercana como 1969, aceleran procesos para alcanzar proyectivamente la sociedad de la información y en mayor perspectiva la sociedad del conocimiento. Esto último aun marca una gran brecha entre continentes, regiones y países del mundo, por lo tanto, es una indeleble señal de desigualdad global.

Sin embargo, el énfasis y el modo en que interactúan y se modifican en el tiempo/espacio los rasgos culturales comunes a la humanidad en diferentes sociedades, al mismo tiempo que condicionan en lo subjetivo la identidad cultural como sentido de pertenencia/diferencia, conforman la diversidad cultural respecto de cada grupo en su evolución espacio-temporal y en relación o no con otros grupos humanos con características de adaptación y transformación del medio semejantes o diferentes, pues la sinergia entre los diversos rasgos culturales comunes es un proceso permanente e inherente a la especie humana desde sus orígenes hasta el presente.

En este sentido, los vínculos interactivos de la identidad cultural y la diversidad cultural son asumidos como categorías históricas, dinámicas y articuladas. Si la identidad cultural forma parte de la subjetividad elaborada y enriquecida desde la realidad objetiva y de los imaginarios sociales, la diversidad cultural forma parte de esta realidad objetiva tanto en el ámbito de las manifestaciones objetuales realizadas (instrumentos, plazas, ciudades, tecnologías…) como de la sabiduría alcanzada, acumulada y transmitida durante generaciones por el grupo. De ese modo, la diversidad cultural envuelve por su alcance la identidad cultural, ambas en constante cambio e interacción como parte de la realidad social.

Todo lo anterior abre un campo inagotable a la interpretación sobre los procesos de la realidad sociocultural en muy diversos contextos, bien desde el paradigma dialógico de la interculturalidad, bien desde las relaciones de dominación sobremanera marcadas por el multiculturalismo. El estudio de ambos procesos nos permite establecer claves para salvaguardar la diversidad cultural como especificidad humana y para valorar la dinámica de la identidad cultural.

Todas estas reflexiones se reducen a cero cuando uno observa la realidad que nos impone determinadas empresas cubanas como Artex y Palmares que se mueven en dirección contraria a la salvaguardia de la diversidad cultural y al sentido de pertenencia identitaria local, como si fueran representantes la McDonald's Corporation o de la Burger King Holdings, Inc., dos de las grandes transnacionales achatadoras de la diversidad y neutralizadoras de las identidades.

En el caso de Artex, del Ministerio de Cultura, ya es habitual la realización de múltiples reproducciones de obras del Museo Nacional de Bellas Artes y de otros artistas de la plástica, realizadas en China y convertidas en sombrillas, jarras de cerveza, platos, bandejas, cortinas de baño y otros objetos que son distribuidos por todo el país como si no hubiera talentos en muy diversos lugares para ser temas de otras propuestas más apegadas a lo local.

En cuanto a Palmares, del Ministerio de Turismo, también se ha hecho habitual llevar establecimientos emblemáticos de la capital del país a diversos espacios como el cabaret Tropicana, la Bodeguita del Medio y el Floridita, o la casa de los Beatles, como si las personas y las autoridades de Matanzas, Trinidad, Sancti Spíritus, Holguín y Santiago de Cuba, por el momento, no tuvieran capacidad ni talento para ponerles nombres propios a sus establecimientos, los que si se emplean adecuadamente pueden llegar a ser más emblemáticos que la reproducción mimética del habanocentrismo. Sería algo así como imponer una Loma de la Cruz, bendecida por el papa Francisco, desde Holguín al resto del país; o generalizar el Museo de la guayabera, muy espirituano, a toda la Isla. Este achatamiento de la diversidad cultural que atenta contra el sentido de pertenencia local ya no es una posibilidad sino una evidente realidad aupada por instituciones del estado cubano.

Lo anterior dista mucho de lo que en 1895 señaló José Martí, sobre el sentido de la patria y el valor de lo local; una idea mil veces manipulada, cercenada y sacada de contexto por múltiples motivos. Por ello encomia y saluda la salida en Santiago de Cuba de La Revista Literaria Dominicense por el dominicano Manuel de Jesús Peña, cuando al inicio de su breve artículo escribe:

Cada cual se ha de poner, en la obra del mundo, a lo que tiene más cerca, no porque lo suyo sea, por ser suyo, superior a lo ajeno, y más fino o virtuoso, sino porque el influjo del hombre se ejerce mejor, y más naturalmente, en aquello que conoce, y de dónde le viene inmediata pena o gusto: y ese repartimiento de la labor humana, y no más, es el verdadero e inexpugnable concepto de la patria[…]Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca, y en que nos tocó nacer.[1]

 

O sea, Martí enfatiza en el decisivo valor de lo local desde una visión mundial.

Deseo concluir con algunas consideraciones para impulsar el debate:

Desmontar el mito antropocéntrico de los imaginados “universales”, inferidos de una escala cósmica, y valorar la significación y trascendencia de la escala humana como recurso epistemológico para constatar el papel y lugar de los seres humanos en el mundo, desde su origen hasta el presente/futuro, como medio para convivir armónicamente con el medioambiente, también identificado por diversos pueblos autóctonos como Madre Tierra.

Caracterizar las relaciones interculturales entre personas y grupos humanos portadores de expresiones culturales diversas como una vía expedita para superar el lastre histórico de la colonialidad y alcanzar el respeto mutuo desde las diferencias como medio de dignificación de las respectivas identidades culturales.

Develar las políticas encaminadas a la multiculturalidad como una forma renovada de eternizar la coexistencia separada de grupos humanos y personas portadoras de expresiones culturales diversas; lo cual opera cual un recurso de dominación encaminado a conservar el lastre histórico de la colonialidad y el racismo e imponer un discurso hegemónico que atenta contra la dignificación de las respectivas identidades culturales.

Constatar la dinámica cambiante de las identidades culturales como recurso de la subjetividad para valorar los sentidos de pertenencia/diferencia según lenguas, saberes, haceres, nociones espacio/temporales y otras peculiaridades de las personas y los grupos humanos a través de la diversidad de expresiones culturales.

En lo nacional, denunciar las irregularidades y contradicciones entre las intenciones una la política cultural socialista y acciones de dirección neoliberal de determinadas empresas nacionales que achatan la diversidad cultural y atentan contra el sentido de pertenencia identitaria.

La salvaguardia de las identidades culturales no es directamente proporcional a la cantidad de mensajes propagandísticos de diversas tendencias ideológicas encaminadas a amaestrar las mentalidades, sino a través de la sostenibilidad de la calidad de vida personal, familiar y grupal para contrarrestar los muy diversos impactos de las pobrezas y desigualdades en la subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación e identidad, para así neutralizar diversas patologías que rebasan los límites críticos de intensidad y duración a nivel social.

 

[1] José Martí. La Revista Literaria Dominicense, en Patria, 25 de enero de 1895; OC, t. V: 468