Días de diciembre: aportes de FAMCA al audiovisual cubano

Señal del interés y la preocupación de los jóvenes cineastas por el pasado y la historia de Cuba, documental de recuento y memoria, obra conmovedora e inquietante, Días de diciembre es la tesis de graduación de la realizadora Carla Valdés León, en la Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA), y además acaba de ganar el premio al mejor documental (compartido con Casa de la noche, de Marcel Beltrán) en la Muestra Joven finalizada hace pocos días.

foto del documental Días de diciembre
Cartel del filme.


Realizado con el apoyo de Televisión Serrana, la Asociación Hermanos Saíz, el Centro Pablo de la Torriente Brau y la Sección Haciendo Cine de la Muestra Joven ICAIC, Días de diciembre examina el legado cubano de la guerra en Angola, desde el punto de vista de los familiares, los veteranos y los sobrevivientes. El documental desenvuelve su trama de reflexiones y testimonios a partir de una fecha, el 7 de diciembre de 1989, cuando en toda Cuba tuvo lugar la Operación Tributo, donde se velaron y se les dio sepultura a los 2289 cubanos caídos en el cumplimiento de su misión en África.

Estructurado en tres grandes segmentos, cada uno dedicado a recrear audiovisualmente la sobrevida de los recuerdos sobre aquella guerra en varios personajes, Días de diciembre es una de las pocas reescrituras audiovisuales sobre el tema del internacionalismo cubano en África. Desmarcado de la aureola épica presente en varios largometrajes de ficción y documentales del ICAIC, realizados en los años setenta y ochenta, el filme prefiere concentrarse, a partir de los testimonios, en las visiones personales sobre aquella época y en los traumas filiales, íntimos, a partir de los complicados itinerarios que atraviesan el duelo y las pérdidas.

Carla Valdés y su equipo de colaboradores demuestran lo absurdo del prejuicio en contra del documental de entrevistas, pues ellos asumen tal variante con notable soltura, imaginación y riqueza observacional y de sugerencias. Los personajes son contemplados mientras se remontan al pasado heroico, y reviven el dolor provocado por la muerte, de modo que sus irrefutables vivencias personales repercuten, mediante la fotografía y el montaje, en experiencias de la memoria colectiva, llamada también Memoria Histórica.

Y para inscribir lo individual en lo colectivo, la realizadora combina los recuerdos personales, grabados en los espacios umbríos de las casas humildes, donde los familiares y amigos de los caídos desgranan cartas, medallas, anécdotas sencillas; en contraste con imágenes de archivo grabadas en luminosos exteriores, en el Cementerio de Colón y la Quinta de  los Molinos. Y así, entre uno y otro fluir de rememoraciones, el espectador joven redescubre la Cuba de aquellos años en contraposición con la que habitamos ahora mismo.


Durante la filmación del documental. Foto: Tomada de las redes sociales.


En una entrevista para el diario de la Muestra Joven, Carla Valdés aseguraba que “decidimos filmar cada entrevista como una secuencia, donde el proceso de mirar y descubrir estuviera marcado por la acción de cámara y montaje. Cada entrevista construye un personaje, le da matices y cuerpo. Los recuerdos no están separados del espacio que los rodea, la memoria se compone de todos esos elementos. La historia oficial que aprendimos cuando niños en la escuela, venía escrita en los libros, con imágenes que pertenecían a un archivo, donde están perfectamente organizadas y numeradas. En cambio, en las casas, dentro de un escaparate, guardados en una caja, están los recuerdos desorganizados de cada familia. Por eso quisimos filmar ambas formas de guardar el pasado. Cada una construye la memoria colectiva sobre la guerra de Angola”. Y así, añado yo, se le aporta frescura, y diversidad de significados, al diálogo tradicional de los entrevistados con la cámara, mientras se construye un discurso desde lo afectivo que repercute más allá del dato concreto y tangible.

Cada entrevista construye un personaje, le da matices y cuerpo. Los recuerdos no están separados del espacio que los rodea, la memoria se compone de todos esos elementos.

A pesar de que algunos le impugnan a Días de diciembre una cierta evidencia de la manipulación emotiva del espectador, el documental figura entre los aciertos indudables de la FAMCA, y la afirmación anterior cobra mayor sentido cuando el espectador conoce que todo el equipo estuvo integrado por recién graduados de esa Facultad. Precisamente, el jurado de la muestra quiso reconocer la calidad del trabajo de algunos implicados y destacó con premios la edición de Frank Velázquez y el sonido directo de Natalis Herrera.

Y es que ambas especialidades, es decir, la edición y el sonido directo, contribuyeron sobremanera a demarcar un estilo expositivo donde, además de los entrevistados y de la voz en off de la realizadora, se incluyen momentos simbólicos, de apropiado lirismo, en los cuales se implanta el espíritu reflexivo y la trascendencia del tema abordado. A este respecto, nos dijo Carla en la entrevista citada: “Nunca pretendimos hacer la historia de la Misión Militar en Angola, y tampoco queríamos reescribir el pasado según la suspicacia de lo feo y lo triste. Días de diciembre relata las historias que cada familia recuerda. Estas historias son sus verdades, las únicas que el documental conoce. Al hacer un documental, se elige. Y esta elección supondrá un principio ético y una forma estética de mirar”.

Ambas especialidades, es decir, la edición y el sonido directo, contribuyeron sobremanera a demarcar un estilo expositivo donde, además de los entrevistados y de la voz en off de la realizadora, se incluyen momentos simbólicos.

Carla Valdés es una de las tres realizadoras que acapararon los principales premios de la Muestra Joven, pues la mayor parte de los galardones, en la ficción, fueron compartidos por Martha María Borras (Un instante) y Ana Alpízar (El pescador). De los realizadores que alcanzaron mayor número de galardones y distinciones, oficiales y colaterales, la mayoría son egresados de la Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisuales, como la propia Carla, además de los mencionados Marcel Beltrán y Ana Alpízar. A ellos, se añaden Damián Saínz y Héctor David Rosales, que ganaron mención respectivamente por la dirección y la foto de Batería, y también pasaron por las aulas de FAMCA.

Sería demasiado extensa la lista de concursantes y de laureados que son graduados de esta escuela, la única y máxima institución cubana de estudios audiovisuales superiores vinculados a nuestro sistema educacional. Y a pesar del perfil único de sus egresados, FAMCA parece estar como abandonada a su suerte, y precisa de mayor atención institucional y mediática, para tratar de disminuir el menosprecio y subvaloración imperante incluso entre sus egresados, una desestimación originada en errores acumulados, dificultades y carencias, prorrogados durante muchos años.

A pesar del perfil único de sus egresados, FAMCA parece estar como abandonada a su suerte, y precisa de mayor atención institucional y mediática, para tratar de disminuir el menosprecio y subvaloración imperante incluso entre sus egresados.

La cantidad y calidad de las obras premiadas en la Muestra avisan que FAMCA debiera y pudiera ser mucho mejor de lo que es. Y para ello requiere, con urgencia, no solo atención apremiante a su infraestructura e instalaciones, sino agilización en un cambio realista de sus planes de estudio, y estimular la diversificación y el mejoramiento del plantel de profesores (puesto que algunos potenciales maestros ni siquiera están dispuestos a ofrecer talleres de una semana en FAMCA, en tanto resultan mucho más tentadoras las propuestas de la Escuela Internacional de Cine y TV, de San Antonio de los Baños).

Y a pesar de las emergencias de todo tipo, a pesar del desconocimiento generalizado de que esta escuela existe, funciona y alcanza atendibles logros; a pesar incluso del hipercriticismo imperante entre algunos para referirse a una Escuela que ni siquiera conocen, FAMCA continúa aportando, año tras año, una indispensable cuota de renovación al panorama audiovisual y cultural cubano. Y quien lo dude, puede verificarlo en la Muestra Joven y sus premios, incluido ese luminoso documental titulado Días de diciembre.

Para cerrar la entrevista de Carla Valdés en Bisiesto, y para clausurar también este texto, la realizadora me expuso su opinión sobre FAMCA: “Este fue el lugar donde se me abrieron las puertas a un medio, a un universo. Cada clase, de las buenas y de las peores, formaban parte de un mundo que estaba descubriendo y dejaba flotando preguntas, ideas… Tengo que agradecer tanto a los buenos profesores como a los malos. Tengo que agradecer a los buenos amigos y a los malos. ¿Puede mejorar? Puede. ¿Debería percibir el potencial de estudiantes y egresados? Mucho más. Pero FAMCA es la escuela cubana de cine, la única que tenemos que es únicamente nuestra. Si no hubiera estudiado en FAMCA, nunca hubiera podido hacer Días de diciembre”.