Despedida: imágenes con alma de nación

La fotografía, no digo nada nuevo, es un valiosísimo instrumento para la memoria. Esta exposición de los aún estudiantes de la Facultad de Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA), Daniela Muñoz (quinto año) y Jorge Ricardo (cuarto año), deviene mirada íntima, cercana, desprejuiciada —y sobre todo, muy respetuosa— en torno a los días que se sucedieron luego de la partida de Fidel, el pasado 25 de noviembre.


Foto: Daniela Muñoz Barroso


Con Despedida, Dany y Jorgito nos transmiten sus vivencias y, también, las emociones de algunas de esas jornadas; pero lo hacen desde una postura casi antropocéntrica, pues el gran protagonista es el cubano humilde, el de a pie, que no posó para ser fotografiado. Ese es uno de los muchos valores de esta serie de imágenes que nos muestran, con sensibilidad marcada, el carácter luctuoso de esos días y su impacto emocional en cada persona retratada: constituye, de muchas maneras, el humilde tributo personal, pequeño, de un pueblo a su líder.   

Ninguna de las más de 20 piezas que conforman la exposición nace del panfleto ni del interés por maquillar o retocar el instante. Todo lo contrario: se trata de “atrapar” la atmósfera de cada momento, pero sin sensiblerías ni exageraciones histriónicas, sino con la coherencia y contención precisas.  Cada foto es una historia en sí misma, un discurso con principio y fin. Pero con profunda devoción.

Por ejemplo, en una instantánea tomada en la santiaguera Plaza de la Revolución Antonio Maceo, aparece un cartel con la imagen de un Fidel muy joven (en blanco y negro) y detrás, parte del monumento consagrado al Titán de Bronce (en sepia y difuminado). Es un inteligente diálogo entre el pasado y el hoy, a partir de lecturas paralelas que refuerzan un discurso visual de alto vuelo poético. 


Foto: Jorge Ricardo


En la capitalina Plaza de la Revolución José Martí, fue captada una foto de dos jóvenes abrazados por la enseña nacional: uno de espaldas, el otro con mirada intensa, de enojo, casi desafiante. Otra fotografía de gran ternura es en la que aparece, en primer plano, una pequeña bandera cubana, y sobre el hombro izquierdo de una madre reposa un niño que no duerme, sino que, tal vez, contempla el futuro: la cara de dolor, una lágrima, de esa sencilla y mestiza mujer cubana, habla por sí sola; de fondo, para remarcar el discurso, un brazalete del Movimiento 26 de Julio. Es esencia resumida de 50 años de revolución.

Hombres jóvenes y viejos en sillas de ruedas; una doctora con un celular —tal vez alistando su móvil para tomar su propia foto del paso de la Caravana—; un negro viejo con uniforme de camuflaje y boina negra; tres niñas de distintas edades y razas —serias,  comprendiendo la solemnidad del momento—; una anciana con el uniforme de las Milicias de Tropas Territoriales y su pecho colmado de medallas, son algunas imágenes que sobresalen en esta entrañable Despedida, que gracias al lente —y sobre todo al empeño espontáneo, tozudo y voluntario— de Daniela y Jorge Ricardo, nos regala hoy La Jiribilla.

Son, sin duda, imágenes con alma de nación.